Ningún otro texto de Borges revela su tránsito subrepticio del ensayo a la ficción como “El acercamiento a Almotásim”, escrito en 1935 y publicado originalmente en Historia de la eternidad, volumen que recopila una serie de ensayos sobre tópicos literarios y filosóficos: desde el tiempo y la eternidad en los platónicos y cristianos, pasando por una refutación (reformulación) de la teoría del eterno retorno nietzscheana, hasta los enigmáticos kenningar de la poesía islandesa. Así es que, a diferencia de otras reseñas sobre libros inexistentes –que aparecieron insertas en colecciones de ficciones–, “El acercamiento a Almotásim” fue incluido como parte de un libro de ensayos.
La particularidad que presenta “El acercamiento a Almotásim” es que viene a prefigurar lo que luego será una marca distintiva de la producción borgeana: el entrecruzamiento deliberado de moldes genéricos a priori incompatibles. Este cuento-ensayo se nos presenta como una reseña de dos versiones de una exitosa novela escrita por un abogado de Bombay llamado Mir Bahadur Alí: en otras palabras, la proposición de un artificio que al argentino le fascinaba, de una paradoja literaria, de una evidente mise en abîme. El reseñista (Borges), en el afán de conferirle veracidad a su comentario, menciona hasta la editio princeps de la imaginaria novela, abundando en singularísimas precisiones (El papel era casi papel de diario; la cubierta anunciaba al comprador que se trataba de la primera novela policial escrita por un nativo de Bombay City). Tan minuciosas y esculpidas resultan estas particularidades sobre la ilusoria ficción, que más de un desprevenido lector de “El acercamiento a Almotásim” da por sentado que la novela de Mir Bahadur Alí verdaderamente existe. Sin ir más lejos, en una oportunidad Borges comentó que un amigo suyo, que no resultó ser otro que Adolfo Bioy Casares, ordenó su compra en una librería londinense.

Sobre las fuentes del texto, Georgie precisó: Fingía ser la reseña de un libro publicado por primera vez en Bombay, tres años antes. Doté a su segunda y apócrifa versión como un editor real, Víctor Gollancz, y con un prefacio de Dorothy Sayers. Pero autor y libro son enteramente de mi invención. Aporté el argumento y ciertos detalles de algunos capítulos pidiendo cosas prestando a Kipling e introduciendo a un místico persa del siglo XII y luego puntualicé cuidadosamente sus limitaciones. La reseña se detiene en los personajes principales y en la estructura de la novela, especificando los acontecimientos narrados en los dos primeros capítulos, para luego compendiar cuidadosamente los restantes diecinueve. Resumiendo el resumen de Borges, el argumento puede reducirse a la incansable búsqueda, por parte de un estudiante de Derecho cuyo nombre ignoramos, de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otros: la búsqueda de Almotásim. En ese rastreo de la identidad de Almotásim, el autor argentino plantea sus objeciones a la segunda edición de la novela, pues en ella el misterioso ser decae en alegoría, se convierte en emblema de Dios, mientras que en el original mantenía rasgos concretos y corpóreos, peculiaridades idiosincrásicas y personales. Como señaló Aníbal García Pérez: El reseñista, entonces, le reprocha a Bahadur los cambios que introdujo en la segunda versión de su novela, los cuales hacen la alegoría demasiado evidente y dan lugar a una “teología extravagante”.
Al plasmar por vez primera este procedimiento consistente en no escribir un relato del modo convencional, sino valiéndose de la confección de una reseña apócrifa (cito nuevamente a García Pérez: género periodístico, la reseña implica la aceptación convencional por parte del lector de la veracidad de lo que se dice en ella) para desarrollar con libertad el argumento imaginado, de alguna manera Borges pone en jaque la forma en que tradicionalmente se agrupan los textos, transgrede sin paliativos los moldes genéricos preestablecidos. Más allá de la indudable valía de la trama planteada, considero que allí –en ese intrincado juego metaliterario de muñecas rusas, de vasos comunicantes, de relatos dentro de relatos, de laberintos y espejos múltiples, del que luego se convertiría en maestro absoluto– radica la importancia capital de “El acercamiento a Almotásim”, o una ficción sutilmente disfrazada de ensayo.







