La clepsidra de nuestros días

Un día, escuché la voz afrancesada, ríspida y entrañable –sobre todo, entrañable– de Cortázar, recitando con plasticidad su Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, y entonces, mi opinión sobre ésas máquinas a las que les han asignado la infausta labor de medir con exactitud aquello que nosotros no podemos percibir de modo [...]