Vagabundeo resplandeciente

Jesucristo y los universitarios “revolucionarios”

Julio 3, 2007 · 9 comentarios

Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. (Mt. 22, 21)

En la facultad que tan amablemente me cobija e instruye, la enorme mayoría de los jóvenes simpatizan con movimientos estudiantiles de izquierda; lo que no constituye ninguna novedad, ni en ésta ni en cualquier otra universidad pública argentina.

Ahora, estaba yo dialogando el año pasado con un compañero, que sutilmente quería convencerme por todos los ardides, artificios y artimañas posibles, para que participara activamente en una de éstas organizaciones. Conociendo de antemano mi esperanza en Jesucristo, lanzó una trillada y desafortunada expresión: “Cristo es de izquierda”.

A estas alturas, ya en el siglo XXI me parece superfluo y casi innecesario recordar la definición de política que Ambroce Bierce realizó: una lucha de intereses disfrazada de debate de principios. La conducción de los asuntos privados para ventaja privada. La sola insinuación de mezclar a Jesús con esta disciplina propia de hombres egoístas, materialistas, soberbios y sanguinarios –con las honrosas excepciones del caso–, me resulta asquerosa e irritante. Jesucristo no conoce de izquierdas ni derechas, sólo entiende de amor y piedad.

No dudo de que en cierta izquierda estudiantil puedan existir personas honorables, con afán de bien, con sentimientos verdaderamente caritativos para con el prójimo necesitado. En efecto, se encuentran miles de jóvenes con intenciones elogiables, que desean transformaciones de índole social efectivas e intensas, sin aceptar por ello, aun en casos gravísimos, la violencia. Lamentablemente, también andan revoloteando los otros: estudiantes que se oponen al capitalismo salvaje, y promueven el fanatismo, la barbarie y el caos, como única escapatoria posible, para liberar al hombre de las recias cadenas que lo oprimen.

Y surgen así las colosales confusiones, que se transforman en afrentas, cuando se pretende comparar, por ejemplo, al “Che” Guevara con Jesucristo, equiparando, a través del carácter comprometido y generoso de ambos, el mensaje, el ejemplo de vida y la trascendencia universal de uno y otro. ¿Cristo tomando las armas, contribuyendo a formar la espiral de la violencia y teniendo como máximo ideal la revolución por la revolución? ¡Qué verdadero despropósito para un hombre que apeló al amor entre todas las personas y que se opuso enérgicamente al uso de la fuerza!

En una carta que le escribió a Fígaro, el barbero (símbolo de la juventud que lucha), Albino Luciani dijo: Ahora bien, para los jóvenes de hoy y de todos los tiempos, la terapia existe: hacerles ver que la respuesta justa a los interrogantes que les asaltan la ha dado Cristo más que Marcuse, o Debray, o Mao. ¿Desean la fraternidad? Cristo dijo: todos vosotros sois hermanos. ¿Tienen sed de autenticidad? Cristo fustigó con fuerza toda hipocresía. ¿Están contra el autoritarismo y el despotismo? Cristo dijo que la autoridad es servicio. ¿Se oponen al formalismo? Cristo reprobó las oraciones recitadas mecánicamente, la limosna hecha para hacerse notar, la caridad interesada. ¿Quieren la libertad religiosa? Cristo, por una parte, quiso que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, y, por otra, no impuso nada por la fuerza, no impidió la propaganda contraria, permitió el abandono de los apóstoles, las negaciones de Pedro, la duda de Tomás. Pidió y pide ser aceptado como hombre y como Dios, es verdad, pero no antes de que hayamos visto y comprobado que merece nuestra aceptación, no sin una elección libre.

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