Vagabundeo resplandeciente

La presa política más anciana del mundo

Agosto 26, 2007 · 4 comentarios

Desde el año 1994, cuando presentó su renuncia a todos los cargos que ostentaba (era directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica y poseía una banca en la Asamblea Nacional) y se desafilió del Partido Comunista, la Dra. Hilda Molina viene denunciando, con incansable valentía, desde dentro de la misma Cuba, las atrocidades que comete el régimen dictatorial que encabeza Fidel Castro.

La neurocirujana renunció, al constatar las espeluznantes prácticas que, por orden directa de las altas esferas del régimen castrista se estaban llevando a cabo con fetos procedentes de abortos inducidos, dentro de la institución que ella dirigía, y con palmarios propósitos económicos –venta de partes de cuerpos humanos a extranjeros–.

Pero su lucha no se limitó a denunciar tales bestialidades, sino que, con el transcurrir de los años y gracias a su credibilidad y excelencia profesional, se constituyó en la figura de mayor jerarquía y relevancia que jamás se haya atrevido a enfrentar al tirano en el seno de la isla que gobierna hace casi medio siglo.

Y así es que, a la par que brega por la defensa de los derechos humanos y la restauración de la democracia, la Dra. Hilda Molina también hace más de una década que viene solicitando a las autoridades cubanas que le permitan viajar a la Argentina a conocer a sus nietos, puesto que su hijo, Roberto Quiñónez, vive en este país. Sin embargo, haciendo gala de su habitual respeto por las ideas de los que piensan diferente, Castro ha mantenido una posición inflexible, condenando a Molina y a su madre, de 88 años, a permanecer literalmente presas dentro de Cuba e imposibilitando la tan ansiada reunión familiar. Por eso, la anciana, que el año pasado sufrió una fractura de cadera (y por ende, no podrá causar mucho perjuicio ni poner en peligro al régimen), se puede considerar la presa política más antigua del mundo, del mismo modo que Fidel Castro el dictador más vetusto del planeta.

Ayer escuché por una radio argentina a la Dra. Molina, y sinceramente me impresionó muchísimo lo que declaró: Prefiero que me fusilen, pero que dejen en paz a mi familia. Ante casos como éste –de los pocos que salen a la luz–, no puedo adoptar otra postura que la de sentir verdadero asco ante todos los supuestos intelectuales y militantes de izquierda, en toda Latinoamérica, pero especialmente en la Argentina, que glorifican y entronizan a este sanguinario déspota, a la vez que se convierten, y esto es lo más triste de todo, en cómplices de cada uno de los atropellos que, disimulados dentro del iluso espíritu redentor que pretende emanciparnos del imperialismo y perpetrados en nombre de la libertad –curiosamente, lo que abunda en Cuba, la libertad–, se consuman día tras día, hora tras hora. La Dra. Molina, como millones de personas en todo el mundo, se acercó al comunismo con alborozada esperanza, para luchar por un mejor porvenir para su pueblo. Y fue estafada de forma cruel desde el preciso instante en que la dialéctica marxista fue trocada en vil saqueo y la dictadura no dejó de ser dictadura, sino que todavía peor, fue potenciada. Su mérito consistió en advertirlo a tiempo y denunciarlo. Pienso que muchos deberían aprender de ella.

¿Cuándo finalmente se derretirá, para regar la árida existencia de miles de cubanos, ése monstruoso témpano de acero que oprime hace décadas y décadas a un pequeño paraíso tropical?

Categorías: Actualidad · Política