Vagabundeo resplandeciente

La estafa que Orwell anticipó

Septiembre 24, 2007 · 8 comentarios

Es demasiado prematuro tratar de decir de qué manera exactamente el régimen ruso se destruirá a sí mismo… Pero en cualquier caso, el régimen ruso o se democratizará o perecerá. (George Orwell, 1946).

Leí Animal Farm con dieciocho años. Podría haberlo disfrutado de igual manera con quince, o quizá con doce. En otras palabras, se trata de un libro inmenso, ilimitado, tanto en lo concerniente a la edad de los lectores, como en lo que atañe a la universalidad de su idea central: el poder sin límites pervierte, genera podredumbre y corrupción. Sin embargo, y pese a que Orwell se cuidó, al confeccionar una fábula, de no dar nombres propios, es sabido que la misma se refiere al comunismo imperante en la Rusia de Stalin. Yo analicé el libro desde este último punto de vista, pero, como he dicho antes, su validez es transferible a cualquier régimen totalitario que plague una región del mundo.

Desde que pude conocer el ideario y la vida de George Orwell, me ha causado profunda admiración su capacidad de anticipación y su coherencia como pensador. En el año 1944, desde su columna del “Tribune”, decía: Ante todo, un aviso a los periodistas ingleses de izquierda y a los intelectuales en general: recuerden que la deshonestidad y la cobardía siempre se pagan. No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Esto es prostitución y nada más que prostitución. En marcado contraste, entonces, con ensalzados y reconocidos escritores contemporáneos, Orwell jamás tuvo una palabra elogiosa para Stalin, ni atravesó un período de apoyo al totalitarismo implementado en la URSS entre 1924 y 1953. Por el contrario, manteniendo un pensamiento tendiente al igualitarismo, percibió (como pocos) la patraña que suponía el dirigismo y el dominio absoluto del poder, el engaño que significaba la propiedad estatal, y el fraude que representaba la tesis marxista disfrazada de un racionalismo incuestionable como sustento de un sistema policíaco, terrorista y belicista. Como afirma el periodista británico Christopher Hitchens: … él ya era un experto a la hora de detectar las excusas corruptas o eufemísticas con que se justificaba el poder inmerecido o irrestricto.

La alegoría que traza Orwell en Animal Farm es perfecta (por su sencillez, por su brevedad, por su mordacidad, por su contundencia), y como él mismo manifestó, fue el primer libro en el que fusionó el propósito político y el propósito artístico en un todo. Así, la obra no se reduce a la crónica de la artimaña revolucionaria, de la traición de una elite a sus compañeros de lucha, sino que campea en cuestiones valiosas como la manipulación del pasado y la farsa dialéctica que procura reivindicar la antítesis de lo que primitivamente propugnaba.

Quiera Dios que en el mundo sigan existiendo pensadores comprometidos y honestos intelectualmente como George Orwell, que puedan sostener sus principios esquivando cegueras y obstinaciones, para mantenerse verdaderamente insobornables y libres. Es reconfortante que un hombre de izquierda haya, a través de sus actos, a través de su literatura, a través de sus ideas, contribuido a derrotar a una de las más crueles estafas erigidas en nombre del pueblo oprimido.

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