Vagabundeo resplandeciente

Entradas de Octubre 2007

“Repulsión”, de Roman Polanski

Octubre 11, 2007 · 6 comentarios

Incomodidad. Existe un nebuloso misterio dando vueltas en las primeras películas de Roman Polanski, en las impávidas miradas y los insondables silencios de sus personajes, en las sombrías motivaciones de sus acciones, en los claroscuros de esos ambientes anodinos. Enfrentarse al segundo largometraje de Polanski no es un quehacer sencillo. En otras palabras, requiere un grado de concentración importante, bastante por arriba de la atención media que basta para observar una película cualquiera –si lo que se pretende es no reincidir en el visionado–. Y, por otro lado, como casi todo producto salido de la mente del director polaco (naturalizado francés), Repulsión contiene sordidez, desequilibrio, brusquedad, humor negro, alucinación y sangre: elementos que usualmente resultan, cuanto menos, incómodos para el espectador acostumbrado al slasher de los noventa, o bien, no avezado en el (entonces) enigmático universo del señor Polanski. Sí, ver Repulsión es una experiencia ardua, desde el infrecuente plano inaugural, cuando la cámara nos muestra un ojo que casi no parpadea, acercándose con un preciso zoom, en un primer plano eterno que sólo genera incomodidad, deseos de que tal génesis termine de una vez por todas, y se inicie verdaderamente la película.

Se suele englobar a esta cinta dentro de la categoría del drama psicológico. Tal clasificación me parece harto acertada, en comparación con la pretensión de incluirla como exponente del terror, empeño que juzgo un tanto descabellado, al menos desde mi comprensión de lo que significa cine de terror. Con todo, tal discusión es irrelevante, puesto que Polanski per se es un cineasta inclasificable, un virtuoso malabarista en el arte de escaparle con desdén a los rótulos y simplificaciones.

La historia transcurre en la ciudad de Londres. Se desarrolla un compendio del proceso de involución interior que sufre la joven Carol, una muchacha retraída y de hermosura angelical, que cumple rutinariamente con sus tareas laborales en un salón de belleza femenina, y comparte apartamento con su hermana mayor, redondeando una vida monótona y vacía, que se perfecciona con la irreprimible aversión que experimenta para con todas las personas de sexo contrario: así es que no le presta mínima condescendencia ni atención a un joven que se muestra especialmente interesado en ella, y que siente un tortuoso fastidio ante la reiterada presencia del amante de su hermana en el apartamento común. Cuando éstos dos deciden irse de viaje por algunas semanas, el vacío y la soledad absoluta contribuirán para que Carol finalmente se desmorone, sumiéndose en un angustioso universo paralelo que sólo tendrá existencia en su psiquis.

Lejos de narrar la antedicha involución de un modo explícito y realista, Polanski, desde el inicio mismo de la película, se vale de la introducción de pequeños indicios que en realidad no son otra cosa que precisas metáforas (algunas reales, otras imaginadas por Carol) del tenebroso camino hacia la pérdida de la cordura, del declive psíquico que sufre el personaje interpretado por Catherine Deneuve: el agrietamiento del asfalto londinense; el conejo sin cocinar en lento proceso de putrefacción; los insistentes tañidos de la campana del convento y los exasperantes timbres del teléfono y la puerta; la repentina blandura que adquiere la superficie de las paredes, de la cual surgen monstruosos brazos que intentan sujetarla, que intentan despojarla de algo que ella conserva impoluto: son apenas sugerencias, surrealistas sugerencias, del mundo psicótico que hiende y se apodera de la mente de Carol. En este tramo, el nuclear del largometraje, las influencias que se pueden rastrear van desde Buñuel hasta el Hitchcock de Psycho, y al mismo tiempo se podría afirmar que una película como Eraserhead de David Lynch (que vi recientemente) es ostensible deudora, en lo visual y en lo narrativo, de Repulsión.

Párrafo aparte merece la consagratoria actuación de una jovencísima Catherine Deneuve, que además de poseer un aspecto virginal inmejorable, se luce de principio a fin al caracterizar, de modo natural y sin exageraciones, por medio de un sobresaliente manejo de sus expresiones y miradas perdidas, a un ser retorcido y amenazante, que poco a poco va perdiendo el control de sus actos, pero que no deja de ser irresistible. A dicha actuación, en definitiva, hay que adjudicarle una parte fundamental de la excelencia que consigue el filme en su conjunto.

Asimismo es menester destacar el aséptico e inquietante blanco y negro que le imprimió Polanski a cada secuencia. Los contados planos que hay de Londres son de una preciosidad comparable al retrato de París que hiciera el precoz Godard en À bout de souffle, por más que se paseen intrascendentes en la suma de la obra. Y sí de proezas técnicas se trata, el travelling final es la cereza sobre el pastel, pues, al detenerse la cámara sobre una antigua foto familiar, Polanski devela, aunque a hurtadillas, el enigma en torno a la conducta de Carol, concluyendo esta obra maestra exactamente del mismo modo que le dio inicio: con una aproximación perturbadora al ojo de la protagonista. Incomodidad, una vez más.

Repulsión (Reino Unido, 1965)
Director: Roman Polanski.
Intérpretes: Cathrine Deneuve; Ian Hendry; Yvonne Furneaux; John Fraser; Patrick Wymark.
Calificación: 8.

Categorías: Cine

Chat

Octubre 9, 2007 · 11 comentarios

xxx dice:
hola

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¡Buenas! ¿Quién sos?

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me llamo ana y tu?

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Mi nombre es Néstor Carlos I, pero si querés podés llamarme Kristino, a secas.

xxx:
juas mucho gusto kristino

xxx:
de donde eres?

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De Artemiópolis

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k es eso? centroamerica mexico?

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Es una península que queda en la Honorable provincia independentista de Perón de los Sauces, pero es sólo un nombre simbólico.

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nunca habia escuchado ese lugar

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en k pais keda?

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No, no es un país; sólo una provincia.

xxx:
si pero a ke pais pertenece?

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No pertenece a ninguno.
Distan varios años ya desde el preciso momento en que nos hemos independizado. El funesto tiempo de la opresión sólo es un mal recuerdo, y ahora nos encaminamos a celebrar una nueva transición conyugal.

xxx:
opresion? entonces deben estar en america no?

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En verdad, se trata de una isla.

xxx:
y en k mar?

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En el estado-océano no asociado K. Queda al sur de Micenas, justo al lado del Reino Altoparlante.

xxx:
estoy bien perdida

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Es improbable que no conozcas nada de nuestra provincia. Nuestros ciudadanos son noticia en todo el planeta, y nuestras bellezas naturales, cita obligada de todo turista que se precie.

xxx:
ammm bueno aca tambien son asi jajaja

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¿Y eso adónde es?

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en mi pais

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Sí, pero, ¿cómo se llama tu país?

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mexico tambien puede ponerse mejico

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¿Y dónde está ubicado ése país?

xxx :
jejeje no lo sabes?

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No; si lo supiera, no te lo preguntaría, ¿no te parece?

xxx:
jajaja es que hasta los yankis saben donde keda mexico

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¿Y ésos quiénes son?

xxx:
los que viven al norte de mexico juas

xxx:
y al sur un pais k se llama guatemala

xxx:
no digas k no conoces jajajaja

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Jajajajaja. ¡
Qué cómico! Ésos nombres suenan completamente estrafalarios e irreales. ¿No me estarás jugando una broma, verdad?

Categorías: General · Personal

Que los riverplatenses ingratos no festejen

Octubre 7, 2007 · 5 comentarios

En estos días previos al superclásico pude apreciar que un sector –para nada residual– de la afición riverplatense deseaba perder frente a Boca, con la sobrentendida finalidad de que tal resultado desencadene inevitablemente en la renuncia del director técnico Daniel Passarella, jaqueado por la sequía de títulos y por la crisis institucional por la que atraviesa el club.

Todo ese conjunto de especuladores, que privilegian simpatías personales por sobre la suerte de la institución de la que dicen ser simpatizantes, ahora deben estar festejando como locos, luego del excelente partido que realizó River, pasando por arriba en todas las circunstancias del encuentro a un deslucido Boca. Sí, están y seguirán celebrando durante toda la semana, y hasta ridiculizarán a cuanto xeneize se les pase por delante, pero la verdad es que no merecerían regodearse en este triunfo, pues ellos apostaban a la derrota, y Passarella, como se dice, les tapó la boca, porque el entrenador no le ganó este partido sólo a Boca, sino también a cierta parte de River.

Que el Kaiser lleva casi dos años al frente de la dirección técnica, y que no ha ganado nada en ese período, es una realidad incontrastable. Que ha tomado decisiones desafortunadas tampoco se puede discutir. Sin embargo, insultarlo del modo que algunos lo han hecho, borrando en unos minutos de arrebato la trayectoria de una verdadera gloria del club, de quizá el mejor defensor que ha vestido la camiseta de River en su historia, de una persona que siente al Monumental como su casa y que jamás ha dado muestras de cobardía ni traicionado la escuela futbolística riverplatense, me parece una actitud propia de enfervorizados que ni siquiera deben saber bien quién fue Daniel Passarella, ni que en ése mismo estadio, como capitán, levantó la Copa del Mundo, privilegio que sólo comparte, en el fútbol argentino, nada menos que con Maradona.

Juzgo de vergonzosa la gestión al frente del club de José María Aguilar, pero si tengo algo que destacar del actual presidente de River es la convicción que ha demostrado durante todo este tiempo, al sostener, pese a todos los embates externos e internos, a Passarella en la dirección técnica. Y ocupándome del partido de hoy, he de decir que el entrenador influyó sobremanera, desde el inicio, acertando con la alineación titular que dispuso, para sorpresa de muchos: sacar a un irregular Villagra y colocar de lateral izquierdo a un jugador que garantiza presencia y sacrificio, como Ponzio, fue una correcta decisión –al igual que poner a Tuzzio de central–, que se evidenció en la (insólita) solidez defensiva demostrada durante los noventa minutos, en la que anularon a Palacio y Palermo. Luego, la inclusión del habilidoso juvenil Buonanotte, producto típico de las divisiones inferiores de River, fue otra gran resolución, puesto que resultó desequilibrante, especialmente en el transcurso del primer tiempo.

Párrafo aparte merece ese inagotable talento llamado Ariel Ortega, quien pese a los años y las adversidades (muy significativas las palabras de Passarella al respecto: Creo que Dios nos ayudó en los momentos difíciles que tuvimos acá. Ariel está muy bien. Verlo así con la familia, los chicos, me da mucho placer, felicidad. Me emociono mucho más eso que todo lo que jugó. Lo que jugó es la cereza encima de la torta), siempre dice presente en las paradas bravas. En los partidos difíciles, cuando todos esperan su toque de calidad, aparece. No se esconde nunca. Por eso, y porque fue el jugador más destacado, hoy se llevó la merecidísima ovación de todo un estadio.

Y por último, un dato a tener en cuenta (porque, como se notará, ante tanta ingrata belicosidad demostrada frente a Passarella, de forma inevitable, y aunque tenga mis disidencias en cuanto a diferentes decisiones que ha tomado, me pongo de su lado): desde que se hizo cargo de la dirección técnica de River en esta segunda etapa, está invicto frente a Boca.

Categorías: Deportes

Ute Lemper, la diva que hipnotiza

Octubre 5, 2007 · 10 comentarios

Si yo fuera compositor y me permitieran elegir un artista actual de entre todo el mundo para que interpretara mis hipotéticas piezas, no vacilaría una milésima antes de designar a Ute Lemper. Estimo que no exagero ni un ápice cuando la conceptúo como una de las más grandes artistas que atesora el joven siglo XXI.

Ute Lemper ha devenido en fiel exponente de la estética de esa primavera democrática que significó la República de Weimar, pese a que nació en 1963. Se ha convertido en la cantante más emblemática de la canción de cabaret desde la mismísima Lotte Lenya, aunque la forma de cantar de una y otra revisten notables diferencias. Sin embargo, esta alemana que vive en New York porque “es una ciudad que incorpora a todas las nacionalidades, a todas las religiones”, no se ha conformado con el encasillamiento que supone ejecutar siempre un repertorio tan lejano en el tiempo, “una forma artística del pasado”, sino que ha incursionado en terrenos ciertamente diversos, como la chanson francesa (Édith Piaf, Jacques Brel, etc.), el tango (Astor Piazzolla), o la obra más cercana al rock alternativo de artistas contemporáneos (Nick Cave, Tom Waits, Joni Mitchell, Elvis Costello). Indistintamente, canta en alemán, francés, inglés o español: es una diva cosmopolita.

No obstante, yo la conocí gracias a ése maravilloso disco de 1988, con simpleza titulado: Ute Lemper sings Kurt Weill. Pero, ¡vaya sí cumple con lo que promete! Con su tono de voz rasposo –como dice un tango, a veces uno creería que tiene arena en la garganta–, la Lumper es capaz de emocionar hasta las lágrimas con sus descarnadas interpretaciones, en las que pareciera dejar un pedazo de sí misma, y al mismo tiempo, cautivar no sólo los oídos, desde la artificiosa dulzura de su estilización actoral. Porque, además de cantante, es una notable actriz (ha trabajado con cineastas de la talla de Robert Altman y Peter Greenaway); lo que constituye un mayúsculo valor agregado a la hora de observar sus prodigiosos espectáculos: lo que esta mujer hace sobre el escenario es simplemente de otro mundo.

Muy interesantes me parecieron algunas reflexiones que emitió sobre su doble rol de intérprete y actriz: la cantante es dentro de mí quien elige la nota correcta, controla la afinación, y busca la mejor manera de expresar la línea. La actriz es quien rompe todo ese acercamiento musical y se abre a una dimensión diferente, la del corazón, la del lenguaje como medio de contacto. No es fácil establecer un balance entre ambas aunque hacerlo es imprescindible. El músico que hay en mí es muy demandante, exigente, en cambio la actriz es libre. Cuando estoy en el escenario ya no me importan Stanislavski, Strasberg ni la técnica. La actriz que soy es sólo espíritu, alma, es mi voz interior. Es quien me permite romper con las exigencias técnicas de la música. Porque la música que hay en mí es tremendamente ambiciosa, quiere que las cosas suenen muy claras y trabajadas al detalles, la actriz, en cambio, soy yo misma que sale a cantar, a decir lo que pienso, cómo soy.

Y volviendo al mencionado álbum, si bien cada pieza es una joya, a mí particularmente me conmueve Je ne t’aime pas. Cada vez que escucho ésa voz interpretando a Kurt Weill, a Bertolt Brecht, hasta la noción de tiempo, por un instante, desaparece. ¿Qué es la eternidad, por oposición al tiempo? Por esos minutos, esta femme fatale transporta a todo el que así lo quiera, a algún humeante y oscuro cabaret berlinés de los años veinte. Su música constituye pues, un regocijante milagro. Transmite, como nadie, desgarro, fragilidad, morbidez, emoción. En su arte encuentro un remedo de infinitud, una belleza tan magna que no puede ser otra cosa que la perpetuación de la momentaneidad.

Categorías: Música

Igualdad real de oportunidades como cimiento de la fraternidad postergada

Octubre 2, 2007 · 5 comentarios

La imperecedera Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, inspirada en la Declaración de Independencia de EE.UU., y en los pensamientos ilustrados de filósofos como Rousseau y Montesquieu, constituyó el corolario escrito del acontecimiento que precipitó la transición de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea. La Revolución Francesa, en efecto, inauguró una nueva época en la historia de la humanidad, a partir de la cual tres principios inéditos se alzaron como promesa en cierne: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

A partir de 1789 hasta nuestros días, en campos sociales como la política o el derecho, han incidido con preponderancia notable los dos primeros preceptos de aquella turbulenta y trascendental gesta democrática del 14 de julio. Así, tanto el liberalismo progresista como la izquierda democrática y los sucesivos desprendimientos de estas tradiciones, han tomado, en mayor o menor medida, la libertad y la igualdad respectivamente, como estandartes fundacionales de sus teorías políticas.

Las Constituciones de la mayoría de los países occidentales sentaron como base, a través del constitucionalismo clásico o liberal, la defensa de derechos individuales (de pensamiento, de asociación, de expresión, de propiedad), poniendo de manifiesto la seria preocupación que se poseía por el individuo y su libertad. Sumados a los derechos políticos, constituyeron los denominados derechos de primera generación. Luego de la Primera Guerra Mundial surge el constitucionalismo social, que tuvo sus orígenes en la Constitución de México de 1917 y en la Constitución de la República de Weimar de 1919, y que se profundizó posteriormente a 1945. De esta forma se mutó del Estado liberal abstencionista al Welfare State, que intervenía activamente con el propósito de mitigar las desigualdades económicas y laborales existentes. Se incorporaron entonces los derechos de segunda generación: del trabajador, de los gremios, relativos a la seguridad social y a la familia.

Pareciera ser que al tercer principio –la fraternidad–, todas estas tradiciones lo dejaron relegado o enterrado. Como bien señala Fernando Iglesias en su artículo “La fraternidad es una deuda pendiente”, este paradigma de la tríada de valores revolucionarios franceses no será auténtico hasta que no desaparezcan los privilegios hereditarios actuales, tanto en el orden familiar como nacional.

Aquí entra en juego la igualdad de oportunidades. En el mundo actual que nos toca afrontar existen disparidades insalvables y astronómicas, pese a que la Declaración Universal de los Derechos Humanos pomposamente afirme que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

La traducción de la letra escrita a la realidad social no ha sido próspera en ese aspecto. Las ventajas y facultades abusivas que ostentaba el absolutismo monárquico francés en franco detrimento de la burguesía y el campesinado, en poco se distinguen de los privilegios que en la actualidad disfruta un ciudadano de la Unión Europea, EE.UU. o Australia –por citar meros ejemplos–, por sobre la discriminación, exclusión y barreras que se levantan hacia una persona, digamos, nacida en Angola, Laos o Haití. De este modo, citando a Fernando Iglesias: los ideales democráticos no podrán ser consumados plenamente hasta que los Derechos Humanos sean considerados inherentes a la condición de ser humano, en vez de ser otorgados por el azar nacional de nacimiento, y hasta que la libre circulación y residencia de las personas sea reconocida como complementaria a la libre circulación de mercaderías, capitales e informaciones abierta por la globalización tecnoeconómica. No se trata pues de que los habitantes del mundo que hoy gozan de acceso a una buena educación, salud y alimentación, y a los que se les reconocen derechos políticos, sociales y económicos, dejen de percibir bienes tan fundamentales, sino que estas prerrogativas sean verdaderamente extensibles a cada niño que nazca, más allá de la parcela geográfica que el albur dictamine y las contingencias de cualquier otra índole. Hasta que esto no suceda, mientras la fraternidad siga siendo un principio romántico e ilusorio no materializado, el asalto a la Bastilla no estará del todo consumado.

Categorías: Derecho · General · Política