Vagabundeo resplandeciente

La lente de Eastwood demuele los artificios en torno a la construcción de la heroicidad

Diciembre 23, 2007 · 5 comentarios

Tengo presente un artículo del periodista y activista George Monbiot, en el que expresaba, palabras más, palabras menos, que frivolizar la guerra se ha convertido en un buen negocio desde la invasión a Irak. Clint Eastwood, con Flags of our fathers, demuestra, por el contrario, que la Disneyficación de la guerra coexiste con el hombre desde mucho tiempo antes de Bush & Cía.

Esta película es, en esencia, un relato antibelicista, pero abordado desde una óptica que no es la habitual a la hora de inmiscuirse en esta clase de condenas bélicas por medio de la lente. Y, a través de esa ausencia de convencionalismo es que Eastwood incorpora la faceta más trascendental a su largometraje; que resulta ser el vistazo, entre irónico y demoledor, de la gran farsa con vergonzosos ribetes teatrales que monta el poder político en torno a un hecho anecdótico, con el único objetivo de manipular a la sociedad. Luego, el otro aspecto, íntimamente ligado con el anterior, es la imperante necesidad de fabricar héroes, de “sacarlos de la galera” y utilizarlos acorde a las circunstancias, para inmediatamente después de ensalzarlos y elevarlos, olvidarlos para siempre.

Si una peculiaridad merece resaltarse en los últimos tiempos del Clint Eastwood director, esta es, su natural claridad narrativa, característica muy difícil de encontrar en los cineastas de hoy en día. Flags of our fathers, por supuesto, no es la excepción: aquí ha logrado captar el horror de la guerra, con tomas extraordinarias, recreando un angustiador paisaje bélico, a la vez que ha conseguido transmitir (a través de momentos tales como el ingreso del incrédulo trío de “héroes” a un estadio atiborrado de “patriotas” que los vitorean, entre miles de flashes de cámaras), la metáfora de la artera construcción de la mitología heroica en la alianza entre el poder político y los medios de comunicación. El paralelo entre los fuegos de artificio y las explosiones de guerra, es, de algún modo, el extracto visual y sonoro de tamaño contraste.

La fotografía, especialmente en los flashbacks bélicos, adquiere una importancia capital en el desarrollo de la narración, dado que sobresalen esos tonos grisáceos y muertos, que propagan de modo magistral la lapidaria crudeza de la guerra y el desencanto que sobrevuela en tal escenario. Las actuaciones no están a la altura del resto de la película; no obstante, tampoco se podría decir que son desastrosas. Me parece que Ryan Phillippe es más solvente como secundario que al momento de encabezar; pero al igual que Jesse Bradford y Adam Beach, cumple con sus papel, sin mucho más.

La utilización de sucesivos flashbacks que retrotraen a la acción en la isla de Iwo Jima, es un recurso descriptivo que Eastwood supo aprovechar, porque esa oscilación entre la gira propagandística por el país y la cruenta batalla con los japoneses, le agrega una dosis de elasticidad a la cinta. Sin embargo, a partir de la mitad, y hasta el mismo cierre, la trama se resiente, volviéndose reiterativa en exceso y, por consiguiente, disipando el poderoso ímpetu inicial. Es evidente que en esa segunda parte hay, por lo menos, quince minutos totalmente innecesarios. El final, en la que la cámara va alejándose y subiendo poco a poco, y pese a ser una secuencia hermosa, revela lo superfluas que son muchísimas escenas anteriores.

A diferencia de Saving Private Ryan, ésa impecable película en la que Spielberg rendía un tributo a los héroes olvidados y al patriotismo, no sin dejar de extorsionar emocionalmente al espectador, Eastwood no necesita recurrir a la sensiblería ni a la lágrima fácil (exceptuando alguna circunstancia última) para brindar una reflexión mucho más lúcida, compleja y valiente. Y claro, muy necesaria.

Flags of our fathers (EE.UU., 2006)
Director: Clint Eastwood.

Intérpretes: Ryan Phill
ippe, Jesse Bradford, Adam Beach, Jamie Bell, Paul Walker.
Calificación: 7,25.

Categorías: Cine