Vagabundeo resplandeciente

Roberto Lavagna: otro “veleta” más en la política argentina

Febrero 7, 2008 · 4 comentarios

El hombre se presentaba ante el electorado como un técnico, alejado del perfil típico de los políticos que recorren la geografía nacional, como un ciudadano honesto, sensato y respetuoso de las normas, como el economista que se convirtió, desde el ministerio de Economía, en el “piloto de tormentas” que sacó a la Argentina de la peor crisis de su historia, allá por el 2002. Se alió con el sector tradicional del radicalismo (partido con el que históricamente tuvo vínculos) y con una minúscula porción residual del peronismo anti-K, y no dudó en lanzar su candidatura presidencial.

Durante su campaña, fustigó hasta el cansancio al matrimonio presidencial, acusando a Kirchner de un exceso de concentración del poder, de aislacionismo, de promover la baja calidad institucional, de negar el problema de la inflación y alterar los índices de precios, de bloquear en el Senado una ley clave para el desarrollo de las Pymes, de no ocuparse de la problemática de la seguridad pública, de no ejecutar obras de infraestructura previstas, de total ineficacia ante la crisis energética, de poca transparencia en la gestión, y así podría seguir enumerando infinidad de ítems. También se mostró muy crítico en lo referente a las “relaciones carnales” mantenidas con Hugo Chávez; hace apenas un mes, de hecho, aseguró que la Argentina con Chávez hizo de furgón de cola.

De este modo, con tal discurso, cosechó, en las pasadas elecciones presidenciales de octubre, unos tres millones de votos, ubicándose en el tercer lugar. Tal cantidad de sufragios representó un 16,8 % del padrón electoral, y dicha cifra resultó, a la postre, clave a la hora de allanar el camino de Cristina Fernández de Kirchner a la Casa Rosada, pues con ese porcentaje de votos imposibilitó que otra fuerza opositora llegara al mínimo necesario para soñar con una segunda vuelta.

Ahora, Roberto Lavagna selló un acuerdo con Néstor Kirchner, otrora algo parecido al mismísimo Lucifer, para encabezar el proceso de reorganización del Partido Justicialista –siendo que hace pocos meses él había sido el candidato del tradicional partido opositor al peronismo–. Afortunadamente, yo no voté a este cabal exponente del “panquequísmo” connatural al político argentino medio, pero imagino la decepción combinada con impotencia que deben sentir todos los ciudadanos que hace poco más de tres meses confiaron en él para conducir los asuntos públicos de la república.

A modo de cierre referiré que, cuando era candidato opositor, en una entrevista que le realizó el diario español “El Mundo”, Lavagna expresó: Una vez un alto funcionario me dijo: “acá se es esclavo o enemigo, y yo elegí ser esclavo”. Esta opción, sin duda, no es para mí. Habrá sido que cambió de idea, y ahora reconoce las evidentes ventajas que acarrea tal situación, ¿no? Se sabe, es más provechoso ser oficialista y esclavo, que libre y opositor. 

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