Vagabundeo resplandeciente

¡Inquisición, Inquisición!

Febrero 20, 2008 · 15 comentarios

Si bien este suceso acaeció hace varias semanas, no quería pasarlo por alto, pues revela a las claras varias cosas que considero importantes. Me refiero a la férrea oposición que un grupo de profesores (más concretamente, 67 sobre un total de 4.500) de la principal universidad pública romana, manifestó contra la visita a esa institución de Joseph Ratzinger, quien había sido invitado por el rector a fin de inaugurar el ciclo lectivo. Claro está, las impugnaciones no provinieron tan sólo de una minoría docente, sino que la sola posibilidad de que el Papa visitara “La Sapienza” despertó la ira de un grupo de estudiantes Curiosamente, estos alumnos señalaban, entre sus argumentos, el hecho de que la Iglesia había sido enemiga de Galileo, trayendo a colación (una vez más, para variar) cuestiones de las que nos separan varios siglos. Me pregunto entonces, ¿quiénes encarnan ahora el espíritu de la Inquisición: Benedicto XVI, quien comenzaba el mensaje que no pudo leer diciendo: No vengo a imponer mi fe; o los grupúsculos estudiantiles que, en desmedro de la resolución de las mayorías, impiden hablar dentro del recinto universitario a –como expresó una nota editorial en el periódico “La Repubblica”– uno de los mayores intelectuales de la Europa de hoy?

Por lo demás, un matemático de origen judío, profesor en la mencionada universidad, ha recordado que precisamente el vilipendiado Ratzinger pronunció en 1990 una conferencia en la que defendía y ensalzaba a Galileo Galilei. En aquella oportunidad, el alemán expresó: La fe no crece a partir del resentimiento y del rechazo de la racionalidad, a la par que explicaba, reconociendo y pidiendo perdón por los errores pretéritos, cómo cambió a través de los siglos la postura adoptada por la Iglesia Católica ante la ciencia. El profesor de Matemáticas reflexionaba al respecto: Es sorprende que quienes han escogido como lema la célebre frase atribuida a Voltaire: “lucharé hasta la muerte para que tú puedas decir lo contrario de lo que yo pienso”, se opongan a que el Papa pronuncie un discurso en la universidad de Roma.

Es preciso recordar que Ratzinger antes de ser Papa, antes de ser cardenal, también fue profesor universitario. Y de la lección que finalmente no le permitieron pronunciar, se desprende una honda y aguda reflexión sobre la verdadera esencia universitaria, en términos de filosofía política, al formularse (al formularnos) las preguntas: ¿qué es la universidad?, ¿cuál es su tarea? Entonces afirma: Una pregunta gigantesca a la cual, una vez más, puedo tratar de responder sólo con algunas observaciones. Pienso que se puede decir que el verdadero, íntimo origen de la universidad está en el deseo de conocimiento propio del ser humano. Después, entre sus citas de autoridad, menciona a Sócrates, a John Rawls y a Jürgen Habermas. Empero, quiero destacar otro fragmento de su discurso que juzgo capital: (…) Frente a una razón a-histórica que busca autoconstruirse sólo en una racionalidad a-histórica, la sabiduría de la humanidad como tal –la de las grandes tradiciones religiosas– ha de ser valorada como realidad que no se puede tirar impunemente al tacho de la basura de la historia de las ideas. (…) ¿Qué ha de hacer o decir el Papa en la universidad? Seguramente no debe buscar imponer a otros autoritariamente la fe, que sólo puede ser donada en libertad.

Por último, siempre se saca algo positivo de todo, incluso de sucesos pocos felices. En este caso, resulta una buena noticia que quede en evidencia quiénes son los que niegan el derecho a la expresión, quiénes son los que, embanderados en (falsas e infantiles) prédicas de izquierdas, adoptan actitudes antidemocráticas ante todo aquel que sostiene posiciones contrarias a las propias. Los (supuestos) paladines de la racionalidad son los primeros que se ocupan de atentar contra ella. Es una gran noticia, repito, que la intransigencia, el sectarismo y la intolerancia (de poquísimos) salgan a la luz de modo tan claro.

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