Vagabundeo resplandeciente

Interesante retrato del hostil y despiadado mundo laboral

Marzo 4, 2008 · 6 comentarios

Hace mucho que quería comentar algún filme argentino -en este caso, coproducción argentino-española, tan de moda por estos tiempos-, pero tengo que recurrir a éste, que vi en el momento de su estreno (2005), porque no recuerdo ningún otro que haya visto últimamente que merezca la pena -quizá con excepción de XXY de Lucía Puenzo, y Géminis de Albertina Carri-, aunque lo cierto es que no he estado prestándole demasiada atención al cine argentino.

¡Qué lejos este Marcelo Piñeyro de El método, de aquel que otrora dirigiera Tango feroz y Caballos salvajes!

Esta película tiene una virtud que escasea en el cine actual: logra, con algunos declives, transmitir una atmósfera claustrofóbica y un clima de suspenso a la vez, sin recurrir a tiroteos, persecuciones, escenografías grandilocuentes, homicidios, explosiones y largos etcéteras. Al contrario, la narración visual que establece el director argentino tiene un único y frío escenario a lo largo de toda la cinta –imposible no trazar una correspondencia, salvando las irreconciliables distancias, con la magnífica lección de cine que constituye Rope, de Alfred Hitchcock–, que funda la totalidad de su acción nada más que en el “juego psicológico” que se establece en torno a los siete aspirantes a un puesto de trabajo. En palabras más sencillas, la película tiene como motor exclusivo al diálogo, y transcurre sólo en una metálicamente asfixiante oficina de un rascacielos madrileño. Ni siquiera se le brinda al espectador un mínimo plano de la protesta contra los símbolos del capitalismo salvaje (FMI, Banco Mundial) que se desarrolla allí abajo, en la superficie, en las calles de la ciudad.

La metáfora que ilustra al film –la competitividad laboral no es dura, sino que llega a ser despiadada en los tiempos que corren– no por obvia deja de ser abordada con inteligencia. Los personajes irradian, en mayor o menor medida, la absoluta carencia de escrúpulos, la insolidaridad, las bajezas, el descenso moral, delineando, de alguna manera, un ámbito hostil en el que pareciera que “todo vale” con tal de conseguir el lícito objetivo propuesto.

Deteniéndome brevemente en las actuaciones, debo destacar por sobre todo, la caracterización de Eduard Fernández, a todas luces, el integrante del reparto que posee mayor luz propia. No obstante, la escena del macho ibérico en el baño, con seguridad, es la menos acertada de la película entera (sumada también a la innecesaria batalla entre naciones con la pelota). Pablo Echarri, con todas sus limitaciones, no queda mal parado, siendo su desempeño muy superior al de Eduardo Noriega. Redituablemente efectivas son las breves participaciones de Carmelo Gómez y Adriana Ozores, y luego tenemos la ya insoportable (por defectuosa y por repetida) gesticulación facial histriónica del hijo de un gran actor (me refiero a Ernesto Alterio). Tampoco me pareció correcta la interpretación de Najwa Nimri. Parece insólito, pero Piñeyro le otorgó los papeles más importantes a los que peor actuaron.

Destacable el manejo de la cámara de principio a fin, logrando planos cortos intensos. Al inicio, la imagen heterogéneamente partida en tres, más el poco convencional uso del zoom, son elementos, asimismo, elogiables desde el punto de vista estético.

Volviendo a la diferenciación inicial, El método se erige, sin lugar a dudas, como la película más intimista de la curiosa filmografía de Piñeyro, y considero que su punto fuerte, lo que la hace verdaderamente interesante, es el guión, muy bien adaptado de la pieza teatral, escrita por el catalán Jordi Galcerán.

El método (Argentina, España, 2005)
Director: Marcelo Piñeyro.
Intérpretes: Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Pablo Echarri, Eduard Fernández, Ernesto Alterio.
Calificación: 5,75.

Categorías: Cine