Vagabundeo resplandeciente

El hechicero Zizou

Mayo 18, 2008 · 7 comentarios

En la época en que el fútbol atraviesa cada vez más (a decir de Dante Panzeri, ¡en el año 1967!) una “aguda embriaguez cultural”, que procura asentar en los terrenos de juego la inaudita organización de la espontaneidad; en otras palabras, la planificación estructurada y mecánica de cada uno de los movimientos que los jugadores realizan, la aplicación irrestricta de artificialidades tácticas, en detrimento de lo imprevisto, de lo incógnito y de las características naturales de cada futbolista; la aparición de aquellos que, a partir de las sutilezas indeliberadas, pueden ejecutar una magia menor, sólo produce asombro: estupefacción ante lo infrecuente.

Zinedine Zidane pertenece, desde hace tiempo ya, a este último selecto círculo de elegidos. De tranco más elegante que cansino, mirada alta (siempre divisando el frente), y gambetas en las que resuenan pasos de tango, Zizou ha superado a sus brillantes ascendientes: Michel Platini y Enzo Francescoli (ídolo de su infancia). El francés es, tal vez, el representante final de un paradigma futbolístico que agoniza: es que en la actualidad, se tiende a aplaudir más las exteriorizaciones de vigor y rudeza, que las muestras de destreza o genialidad, propias solamente de los Pelés, Cruyffs, Maradonas y Zidanes. Porque existen aún infinidad de jugadores hábiles, desequilibrantes y firuleteros, pero que en las instancias trascendentes suelen pasan desapercibidos. Zinedine, en cambio, podía apagarse en algún encuentro rutinario, pero en las paradas bravas, en los partidos en que su equipo lo necesitaba, allí estuvo siempre, sin esconderse, pidiendo el balón y luego disponiendo, con esa etérea delicadeza –tan emparentada con los modos y la simbología francesa– que nos ha regalado en las canchas. Zidane no es el río calmo que inevitablemente va a desembocar al mar, con la monotonía propia de los que saben su recorrido de antemano; es, por el contrario, el remolino, el remanso que se rebela e impresiona.

Su chaussure de football enamora. El retiro concretado, entristece. La pelota debería vestirse de negro y permanecer de luto. Pocos la emplearán con análoga exquisitez. Pocos crearán tantos encantos con ella. Pocos tendrán tanto derecho a tratarla de amiga como él.

Categorías: Deportes

7 respuestas hasta el momento ↓

  • Facu // Mayo 18, 2008 a 5:31 pm | Responder

    Clau, Zidane fue un fuera de serie, un monstruo, pero igual me parece que se te fue la mano en elogios, porque antes del retiro no venía jugando muy bien que digamos en el Real. Pero bueno, es de la clase de jugadores que a vos te enamoran, que le vamos a hacer! :D

    Che, de todos modos, siempre tenés esa capacidad tan tuya para sorprender con esta clase de comentarios sobre fútbol. Un saludo, a ver cuando nos vemos.

  • Germán Ricoy // Mayo 18, 2008 a 8:48 pm | Responder

    Qué gran futbolista Zidane, qué gran jugador, qué buenas piernas y, sobre todo, qué gran cabeza.

    Que se lo digan, si no, a Materazzi.

  • Shera // Mayo 20, 2008 a 9:13 am | Responder

    Completamente de acuerdo, gran futbolista.
    He tenido la suerte de verle jugar un par de veces en el Santiago Bernabeu. Un señor dentro y fuera del campo.

  • Ignacio // Mayo 20, 2008 a 12:11 pm | Responder

    Después de que ha confesado ser hincha de River en Argentina seguro que Zinedine te cae más simpático todavía. :D

    Un señor jugador.

  • poemasreunidosgeyper // Mayo 20, 2008 a 5:01 pm | Responder

    Sí,”estupefacción ante lo infrecuente”, fue lo que debió de sentir Materazzi…

  • avellanal // Mayo 20, 2008 a 8:56 pm | Responder

    Con todo, creo que el “affaire Materazzi” no es más que una anécdota, una pequeña “mancha negra” en la trayectoria de un futbolista de estas dimensiones.

  • poemasreunidosgeyper // Mayo 21, 2008 a 8:58 am | Responder

    Sí, eso es cierto, es un crack.

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