Más allá de una cuestión de lazos culturales y afectivos, me ha supuesto una gran alegría que España se alzara con la reciente Eurocopa. Luego de que la mezquindad futbolística haya alcanzado su cima con la consagración de Grecia en la anterior edición del certamen y con el triunfo italiano en el último Mundial, la selección española ha demostrado que la efectividad no sólo está emparentada con la especulación y la preeminencia de la cuestión física –un falso axioma que se quiere imponer por estos tiempos–, sino que, a partir de las irrenunciables apetencias ofensivas como filosofía de juego, y sumando jugadores de buen pie en el medio de la cancha (con funciones más constructivas que destructivas), también se pueden lograr resultados positivos, con el añadido de que, por esta vía, se logran buenos espectáculos, se genera un fútbol con belleza estética que siempre redunda en la satisfacción del espectador.
Italia, como era de esperar, no varió un ápice los lineamientos futbolísticos que caracterizaron su juego hace dos años: fue un conjunto que privilegió siempre la protección de su arco antes que la creación de jugadas de ataque, especulando en todo momento con los resultados. Sin embargo, durante este campeonato disputado en Austria y Suiza, se topó con un equipo que encarnó la más acabada antítesis de sus planteamientos avaros, y pese a que la definición se haya sentenciado desde el punto de los penales, terminó pagando caro: su enorme predisposición a que lo planeado mate a lo inspirado, y la poca picardía (poco potrero) y mucha subordinación táctica (mucho pizarrón) que, una vez más, demostraron.
La solidez manifestada por España a lo largo de estos seis encuentros se basó, sobre todo, en un mediocampo de dimensiones superlativas, que fue la fuente generadora de un fútbol alegre y dinámico, plagado de movilidad, toque corto y cambio de ritmo: el decisivo gol de Fernando Torres contra Alemania constituye un ejemplo patente, en el que no se debe enfocar todo el análisis solamente en la exquisita y meritoria definición del delantero, sino también en la repentina asistencia de Xavi, luego de ejercer, junto a sus compañeros, un control absoluto del balón en el centro de la cancha.



3 respuestas hasta el momento ↓
Ignacio // Julio 2, 2008 a 5:22 pm |
Totalmente de acuerdo. España fue por lejos el mejor equipo, y siempre propuso un fútbol de ataque. Es una lástima que no haya clasificado para las Olimpíadas porque ahí podrían medirse con Argentina.
Facu // Julio 3, 2008 a 12:35 pm |
Tenés razón: Casillas es el mejor arquero del mundo. Me lo venías diciendo hace mucho tiempo (hay que reconocerlo).
No sabía que no estaban clasificados para Beijing. Nos tendremos que enfrentar con ellos en Sudafrica entonces.
poemasreunidosgeyper // Julio 4, 2008 a 10:12 am |
¡POODEEMOOS!
http://es.youtube.com/watch?v=ixnYqtOmQRQ