Vagabundeo resplandeciente

El virus de la xenofobia no viene tan sólo del Norte

Mayo 3, 2009 · 10 comentarios

En el siglo XIV no fueron pocos los que en Europa masacraron judíos acusándolos de ser los portadores de la peste negra. Que siete siglos después todavía haya personas de notoria influencia en la opinión pública que sostengan posturas idénticas en lo sustancial, debería hacernos reflexionar sobre hasta qué punto la humanidad ha avanzado realmente en ciertos aspectos. Luego de experiencias históricas lo suficientemente brutales y esclarecedoras, parece surrealista, cuando menos, asistir al mismo tribalismo primitivo. Lo digo por ciertas horripilantes reacciones de la prensa ultraconservadora de EE.UU. ante el brote de gripe porcina en México. Para muestra, basta un botón: una periodista radial expresó: No se confunda: los extranjeros ilegales son los que portan la nueva cepa de virus de la gripe desde México. Es humanamente inconcebible la bajeza de estos grupos reaccionarios, a los que no les tiembla el pulso para realizar una utilización cínica de esta tragedia, con la finalidad de propagar por todo el territorio estadounidense su campaña xenófoba.

Como hace tiempo ya he perdido la esperanza en la posible recuperación de esa clase de personas, cuya mayoría paradójicamente alaba a su “Cristo americano”, mucho más me ha dolido la actitud que han tomado, frente a los padecimientos actuales de la población mexicana, algunos gobiernos latinoamericanos, entre ellos el argentino, poniendo de manifiesto un peligroso recrudecimiento del nacionalismo.

Han pasado apenas un par de semanas desde que casi todos los presidentes de las naciones americanas se reunieron en Trinidad y Tobago. Allí muchos se desgargantaron pronunciando retóricos discursos que se centraban en el compromiso de que Latinoamérica sea un bloque único, en la solidaridad ante circunstancias adversas, en la necesidad impostergable de incorporar a Cuba, el hermano embargado. Todo muy lindo, las peroratas, las promesas, las habituales payasadas de Chávez pretendiendo ser el centro de atención, la foto de rigor, etc. Sin embargo, demostrando una vez más la vacuidad inútil de esas cumbres, esos mismos mandatarios, ante la inicial penuria ajena, son los que primero se hicieron los distraídos y ahora categóricamente le dan la espalda a México.

El país presidido por Raúl Castro, con el cual México jamás rompió sus relaciones internacionales, dio el primer vergonzoso paso, prohibiendo unilateralmente el arribo de aviones mexicanos a la isla. Luego le siguió la Argentina (en una medida, además de antipática, ineficiente para el propósito sanitario perseguido, pues muchísimos argentinos que estaban en México regresaron al territorio nacional vía Santiago o San Pablo), Perú, y el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa. Pero lejos de constituir lo más grave del caso, como argentino me causa profunda tristeza que no se haya pensado en cómo ayudar a un país hermano con el que se mantienen tan arraigados lazos de todo tipo. Es triste comprobar que los ultraconservadores estadounidenses, los que propiciaron y ensalzaron el muro de Bush, no son tan diferentes de millones de cubanos, argentinos, ecuatorianos, peruanos y otros ciudadanos de nuestra dolida América, que avalan plenamente la insolidaridad instaurada desde sus respectivos gobiernos. ¡Simón Bolívar debe estar revolcándose en su tumba!

Soy plenamente conciente de que Argentina no está en condiciones de enviar una ayuda de corte económico (equipos, materiales, dinero) como la que otrora concediera Perón a España. Sin embargo, por estas horas el país mandará dos aviones a rescatar a los argentinos varados en diversos puntos del territorio mexicano (como si los cuatro jinetes del Apocalipsis estuvieran asentados en él). Esas aeronaves irán lamentablemente vacías, cuando en especial Argentina y Cuba podrían enviar aquello más valioso que poseen: altos recursos humanos. Enfermeros, neumólogos y demás profesionales calificados que serían de inmensa ayuda hoy por hoy en México. Quizá para algunos sea un ejercicio necesario dar una ojeada a la historia reciente y constatar la solidaridad demostrada por los mexicanos en la aciaga crisis del 2001, porque como escribió Shakespeare, la memoria es el centinela del cerebro.

Contemplo azorado, con pánico, la miseria humana en su máximo esplendor.

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