¿Reeditará Basile la fórmula de 1994?

En la marchita actualidad que atraviesa el fútbol mundial, los entrenadores que privilegian los sistemas de juego por sobre las condiciones innatas de los futbolistas con los que cuentan en un determinado plantel, han ganado la batalla, al menos en lo que a proporciones se refiere; es decir, abundan, predominan. Ergo, no sorprende que al día de hoy cada vez resulte más infrecuente observar espectáculos regidos por la dinámica de lo impensado, y sí por la constante de lo sabido antes de sobrevenir (en reiteradas ocasiones tengo la sensación de estar viendo un partido, o circunstancias generales del mismo, que ya he contemplado con anterioridad: una especie de déjà vu futbolístico).

El fútbol, lejos de ser, en esencia, esos planes de mecanización apriorísticos que la dialéctica del pizarrón y de lo preestablecido nos quieren hacer creer, pasa con exclusividad por los jugadores y sus particularidades. En las tácticas creen mucho más los que no han jugado, que quienes hayan jugado al fútbol. Quienes jugaron, creen en los jugadores, con sapiencia, afirmaba hace añares el periodista Dante Panzeri.

Alfio Basile, actual entrenador de la selección argentina, a lo largo de toda su trayectoria, se ha mantenido fiel a esos principios rectores, que le asignan mayor trascendencia a la espontaneidad (del futbolista) que al cumplimiento motorizado e irrestricto (por parte de éste) de mandatos tácticos. Asimismo, se puede afirmar que sus equipos han mantenido una innegable vocación ofensiva, tendiente más a la “construcción” que a la “destrucción”. En su otro ciclo al frente del conjunto nacional, auspició una de las propuestas que, en lo personal, como espectador, y desde un plano meramente estético, mayores satisfacciones me brindó, pese a que su consumación se redució a escasos dos encuentros. En aquel Mundial de Estados Unidos 1994, elaboró una alineación que contaba con Fernando Redondo y Diego Simeone dividiéndose el medio de la cancha, Diego Maradona y Abel Balbo en tres cuartos, para la creación, y finalmente, Claudio Caniggia y Gabriel Batistuta como atacantes netos. El funcionamiento en esos ciento ochenta minutos mundialistas –contra Grecia y Nigeria– alcanzó un nivel superlativo. Luego, sobrevino el recordado doping de Maradona, y todo estalló en mil pedazos.

Trece años después, ya sin la batuta orquestal de Maradona, para afrontar la Copa América, Basile volvería, según se rumorea, a configurar una apuesta tan valerosa como exquisita. La inclusión de un renovado Verón, al lado de Mascherano (me hubiese gustado más Gago, por sus similitudes con Redondo), y ya sin la necesidad de asumir con exclusividad la conducción del equipo, dota a la formación de una propensión ofensiva irrebatible, desde el mismo centro del campo de juego. Si Basile decide incluir a Aimar, para que se asocie con el estratega Riquelme (el mejor jugador del mundo de la actualidad, sin ninguna clase de dudas), la propuesta será de una audacia inusitada para los cánones vigentes –excluyendo, tal vez, a Brasil–, porque además, quedarían Crespo y Messi como delanteros. Estoy convencido que con una alineación como la mencionada, el nivel del espectáculo aumentaría radicalmente, y los resultados lejos estarían de decepcionar, por más que ciertos amantes de la táctica y la cautela arguyan que se trata de una disposición suicida que descompensaría al equipo. Riquelme no es Maradona, Mascherano no es Redondo, pero el antecedente de 1994 sirve para demostrar que la causa eficiente del fútbol es el jugador, y que para demoler lo que está destruyendo al fútbol, es preciso construir; y sólo se construye por medio de buenos jugadores que tengan la libertad suficiente para crear, para inventar, para hacer la diferencia. Claro, es necesario correr riesgos; por suerte, todavía quedan algunos románticos dando vueltas.

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3 respuestas a ¿Reeditará Basile la fórmula de 1994?

  1. val dijo:

    La estrategia y la destrucción son tácticas que, para aquel que las pone en práctica, suponen el mayor de los gozos.¿Aburrirás? Es posible, pero no hay mayor disfrute que ver psicológicamente derrotado a un enemigo y sin argumentos:)

  2. Ignacio dijo:

    Me acuerdo (aunque eramos chicos, eh, Clau) de ese equipazo que fue al mundial de USA 94. Que decepción! Ojalá sea cierto y el Coco se anime a poner un equipo tan ofensivo, pero según lo que escuché hoy al final va Cambiasso por Aimar.

    De todos modos, este comentario es toda una toma de posición frente al fútbol.

  3. Facu dijo:

    Jeje, de hecho, cuando anoche entró Aimar por Cambiasso cambió el funcionamiento del equipo. ¡Tenías toda la razón!

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