El desorden y el ingenio en función de un mensaje estético

¿Jim Carrey, ese actorcito que nunca deja de hacer muecas; ese mediocre comediante que se dedica a hacer de payaso una y otra vez?
– Primer error: se está usted olvidando de Man on the moon, y ciertamente de The Truman Show.
– ¿Michel Gondry, un director francés de vidoclips, un novato que surgió de MTV y que se dedicaba a hacer los videos de Kylie Minogue?
– Segundo error: está usted suprimiendo la fulminante psicodelia de “Joga”, realizado para  Björk, o de logradas publicidades para Levi’s.
– ¿Kate Winslet, esa “rellenita” dudosa que demostró cualidades extraordinarias en la magnífica obra de James Cameron?
– Tercer error: usted evidentemente, y más allá de su ironía, no ha visto Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Y por cierto, se ha dejado a Charlie Kaufman en el tintero.

El hecho de que una película transcurra durante gran parte de su desarrollo en la mente de su protagonista no es novedad para Kaufman: Being John Malkovich es la prueba, claro está. Sin embargo, y pese a la innegable calidad vertiginosa del film de Spike Jonze, Eternal Sunshine of the Spotless Mind es superior: su fotografía es ampliamente más virtuosa, su puesta en escena es más lograda y principalmente, su mensaje es más bello; es indudable, la obra de Jonze es un recorrido por los abismos recónditos del inconsciente humano, mientras la de Gondry es exactamente lo mismo pero con el plus de ser una película poética.

El ingenio por el ingenio mismo no me agrada precisamente. Así lo confirma Memento, de Christopher Nolan. Por suerte no es el caso del submundo que recrea Gondry en su segunda cinta. La película es netamente introspectiva; irradia más subjetividad de la que estamos acostumbrados.

Es una mezcla encantadora y extravagante de comedia romántica con melodrama, más estimulantes dosis de science fiction. El talentoso y joven videasta felizmente devenido en cineasta plasmó sin fisuras el guión (kaufkiano por excelencia), que plantea la cada vez menos lejana posibilidad tecnológica de un borrado general de la memoria con el nada solapado objetivo de expulsar recuerdos, de purgar miserias y aplicar una suerte de reset a experiencias dolorosas. Así es como, Clementine primero y Joel después –perdido y resignado ante la devastadora idea de amar a alguien que no lo recuerda–, se someten a esta macabra ingeniería experimental en su afán de vaciar la “papelera de reciclaje”. En base a dicho planteamiento, en donde entran en juego elementos estrictamente filosóficos, la película tiene su génesis (y su apocalipsis), y va desarrollándose en una continua construcción y deconstrucción de los hechos, internándose en la atormentada, confusa pero resplandeciente psiquis del protagonista, que libra una cruda batalla contra la ciencia “blanqueadora”, al compás de elipsis, un flashforward y maquinaciones cronológicas que orquestan la arquitectura narrativa no lineal y desestructurada que puede desconcertar a más de un espectador.

Como comentario al margen, quería interrogarme acerca de los criterios que más pesan a la hora de “traducir” los títulos fílmicos. Es francamente inentendible que una película que goza de un nombre tan original como atractivo, pueda ser mutilada en España con la simplicidad propia de ese horrible “Olvídate de mí”. Tal vez estén subestimando sobremanera a la población que eventualmente puede asistir a los cines. ¡Borremos pues ese título de nuestras mentes!

Rescato esencialmente el fotograma que más me deleitó: esa penetrante y tierna imagen de Carrey y Winslet acurrucados en la cama por sobre la resplandecencia nívea de la nieve y con el sutil contraste del océano como fondo ad infinitum.

El buen cine llega desde donde menos se lo espera. Esta refrescante iniciativa que refleja una mirada nada convencional y muy optimista sobre el “atroz encanto” de enamorarse, confirma a Gondry como un potencial revolucionario de Hollywood y certifica a Kaufman como “el guionista” más intrincado y descollante de la actualidad, siempre al servicio expreso de una propuesta conceptual-estética claramente determinada.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (EE.UU., 2004).
Director: Michel Gondry.
Intérpretes: Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst
, Mark Ruffalo, Elijah Wood y Tom Wilkinson.
Calificación: 7,50.

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5 respuestas a El desorden y el ingenio en función de un mensaje estético

  1. Facu dijo:

    Acá (sorprende) le pusieron Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Me gustó mucho la peli; es una mezcla extañísima, es cierto, de comedia romántica y ciencia ficción. Y sí, yo también me saqué ciertos preconceptos con respecto a Carrey, jaja.

    ¡Terror, Clau, terror! Te pidieron terror. xDDD

  2. dolores dijo:

    ahh, a esa peli la adore. y los colores de pelo de Kate Winslet, sobre todo el violeta!!!

    un comentario muy reflexivo, un analis nada superficial, como algunos que yo leí en su momento. ese Kaufman es un genio eh. :)

    Bsss.

  3. val dijo:

    Me enamoré de esa Kate de pelo azul, como pocas veces me ha sucedido con un personaje de ficción.

    Probablemente, una de las mejores películas de la presente década.

  4. Al. dijo:

    Una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo, realmente muy bien llevada; sorprendente la actuación de ambos, que en verdad no me imaginé que lo hicieran bien.

    Me gustó, porque es diferente, invita a pensar, aunque sea un poco y se aleja de lo predicible del cine actual.

  5. Pingback: “The Science of Sleep”, de Michel Gondry « Vagabundeo resplandeciente

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