Que el árbol no tape el bosque

Como vengo sosteniendo hace tiempo, mi experiencia como simpatizante de River –desde el año 2001, en que asumiera a la presidencia el dirigente más nefasto que ha tenido el club en toda su historia, es decir José María Aguilar– se asemeja a una escuela de estoicismo, por lo que he aprendido (a la fuerza) a despojarme de los aires exitistas que sobrevuelan en el apasionado ambiente futbolístico argentino. En otras palabras: el señor Aguilar me ha acostumbrado a no acostumbrarme a ganar, y por ende, a desdramatizar el simple juego del fútbol.

En el país hoy reina un sentimiento acentuado de desazón. Fallaron todos los pronósticos (es fama que dentro del arte de lo impensado, los augures están desempleados). Porque una selección a la que le faltaban algunas de sus grandes figuras terminó triunfando por un holgado margen, sobre un equipo que, a fuerza de destacadas actuaciones, se había erigido, por derecho propio, en el máximo candidato a quedarse con el certamen continental. Y, como viene sucediendo con frecuencia desde que Maradona no reside en el verde césped (luego me referiré a ese punto), los brasileños se impusieron, en lo técnico, en lo psicológico y hasta en los factores propios del azar. Es cierto que un gol “desde el vestuario”, como fue el convertido por Julio Baptista, condiciona sobremanera el desarrollo posterior del encuentro, y que el subsiguiente remate en el palo de Riquelme supuso un golpe anímico importante. Pero negar la superioridad, no abrumadora, pero superioridad al fin, del conjunto dirigido por Dunga, equivaldría a haber visto otro canal.

Sin embargo, y siendo fiel a la máxima de desdramatizar el fútbol, es conveniente realizar un análisis que no se circunscriba a los noventa minutos finales, dado que la selección argentina, en los cinco partidos anteriores, tuvo un desempeño convincente (claro, ante rivales menores, que no pueden compararse con los grandes equipos europeos, como Alemania, Francia, Inglaterra o Italia). Estimo que los mayores rendimientos individuales fueron los de Mascherano (sobresaliente), Riquelme, Messi y Zanetti (en ese orden), más los aportes nada desdeñables de Tévez y Verón. Basile finalmente no se animó a poner desde el arranque a Aimar, relegándolo por Cambiasso, uno de los puntos más bajos del equipo (inentendible que este muchacho pueda, luego de tantos años, seguir siendo convocado: nemo dat quod non habet). Luego, me parece que el ciclo de ciertos futbolistas está, ahora sí, definitivamente cumplido: sobre todo, el de Abbondanzieri (que no transmitió un ápice de seguridad en ningún encuentro) y Ayala (falto de ritmo, cometió dos errores groseros en el partido con Brasil, y ya no es aquel central sólido que era garantía de confianza); habrá que ver cuáles son las alternativas que surgen para otros veteranos de mejor desempeño, como Verón, Zanetti y Crespo.

Ahora se viene el tiempo de las eliminatorias, y es posible que Basile comience a probar, manteniendo ésta columna vertebral, y sin renunciar, más allá del trago amargo que siempre supone perder con el clásico rival, a una filosofía de juego que él ha sabido mantener intacta a lo largo del tiempo. El panorama está lejos de ser sombrío, como algunos oportunistas intentan pintarlo ahora, con la chapa del resultado puesto.

Por último, quiero hacer una brevísima observación: un columnista del diario Clarín, al que guardo un profundo respeto, aseguró hace unos días que “un Riquelme más un Messi se aproximan a un Maradona”. Siendo sincero, y pese a las superlativas condiciones de ambos jugadores, no estoy de acuerdo, principalmente porque, a diferencia de Maradona, que, a mayor importancia del partido, mejor jugaba y más protagonismo asumía (en criollo: se agrandaba en las difíciles), da la sensación que tanto Messi como Riquelme son reacios a tomar el bastón de mando en los compromisos claves, y pasan absolutamente desapercibidos (al menos en lo que a la selección se refiere).

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4 respuestas a Que el árbol no tape el bosque

  1. val dijo:

    Pues Abbondanzieri creo que ha sido el portero menos goleado de la liga española, Claudio. Es extraño lo que comentas:O

  2. avellanal dijo:

    Y Diego Milito convirtió como 20 goles en la última temporada, y aquí pasó desapercibido; y su hermano Gabriel fue comprado en 20 millones de euros por el Barcelona y en Venezuela fue una sombra por la que no pagaría ni diez centavos… Lo de Abbondanzieri lo decía más que nada por su edad, y porque detrás suyo hay jóvenes arqueros que vienen pidiendo cancha, como Carrizo y Ustari.

  3. Facu dijo:

    Estoy de acuerdo especialmente en lo último que decís. Riquelme y Messi fueron invisibles ayer. Y espero que el Coco se dé cuenta de una vez que Cambiasso no puede jugar ni a las bolitas, madre mía.

  4. Ignacio dijo:

    Cambiasso y tenés toda la razón, es un tronco internacional, muy bien por la expresión en latín.

    Me molesta que los brasileros siempre nos terminen vacunando, y también es cierto que cuando estaba Diego eso no pasaba: nos podían dar un baile olmímpico, pero le terminábamos ganando nosotros, como en el mundial de Italia 90.

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