Toiletgate: ¡chorra!

Jaqueada por el escándalo, apremiada por la investigación judicial, arrinconada por la mismísima Cristina Fernández de Kirchner, que consideró insostenible la continuidad de la funcionaria (no por una cuestión de honorabilidad y transparencia, sino para que el toiletgate no siga afectando su candidatura presidencial), finalmente a Felisa Miceli no le quedó otra alternativa que renunciar a su cargo.

La acusación del fiscal fue lapidaria, y prácticamente no dejó lugar a dudas: Marijuan consideró en su dictamen que la ex ministra faltó a los deberes de funcionario público, sustrajo un documento público y encubrió el origen espurio del dinero hallado en el baño de su despacho. Aseguró que “están reunidas las pruebas suficientes demostrativas de los hechos acaecidos, por lo que existe motivo bastante para sospechar que los investigados han participado en la comisión de distintos delitos”. Asimismo, quedó completamente rechazada la justificación que Miceli esgrimiera días atrás, aduciendo que el dinero se lo había prestado su hermano para realizar una operación inmobiliaria (no en vano titulé mi anterior entrada sobre este tema: Felisa: no aclares, que oscurece); se deduce entonces que esta economista, que fue activista de izquierda durante la década del ochenta, le mintió a la ciudadanía y a la Justicia de forma descarada.

Habría que recordar también que Felisa dijo, luego de semanas de mutismo, que estaba ofendida por tanto ensañamiento en su contra: “Estoy indignada; se ha montado todo un engranaje a partir de una cosa que era absolutamente normal, personal”. Nuestra decadencia económica y política, pero principalmente, social e institucional, está relacionada, de forma íntima, con episodios tan grotescos como el de esta señora. Además, su gestión al frente del Palacio de Hacienda fue, cuando menos, discreta: no creó las condiciones propicias para estimular ni el crecimiento de los sectores productivos ni la atracción de nuevas inversiones (la crisis energética, anunciada por los expertos hace mucho tiempo, e imposible de disimular por estos días, es la prueba más fidedigna de esto último).

Como colofón, y ya que en esta oportunidad, ante la evidencia, me he permitido ser menos cuidadoso al formular juicios de valores, voy a apelar al tango, y a la pluma del inmortal Enrique Santos Discépolo (también podría citar ciertos fragmentos de Cambalache, pero para este caso resulta más gráfico recurrir a Chorra):

Por ser bueno,
me pusiste a la miseria,
me dejaste en la palmera,
me afanaste hasta el color.
En seis meses
me comiste el mercadito,
la casiya de la feria,
la ganchera, el mostrador…
¡Chorra!…
Me robaste hasta el amor…
Ahura,
tanto me asusta una mina,
que si en la calle me afila
me pongo al lao del botón.

¡Lo que más bronca me da,
es haber sido tan gil!

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Política. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Toiletgate: ¡chorra!

  1. dolores dijo:

    lo de toiletgate me da mucha risa… estos periodistas son de terror. Esta muy bien que por lo menos haya tenido la dignidad de renunciar pero es una verguenza que no lo haya hecho antes. Para que después no digan que en el gobierno K no hay corrupción, jaja.

  2. Ignacio dijo:

    Que ineptitud la de Miceli! Su accionar revela torpeza, además de corrupción, claro, porque casos como el de ella hay miles y miles, pero nadie es tan gil de dejar la bolsa en un lugar como ese. No sabía que fue militante comunista en los 80, jejeje. Mejor que se vaya, y no vuelva nunca más.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s