Discos que influyeron en mi formación musical (V)

Pet Sounds – The Beach Boys (1966) Este prodigio compositivo de Brian Wilson supuso una guía, un punto de referencia, gracias al cual maduró, en la esfera personal, un agudo sentido crítico respecto a la música pop y todas sus vertientes posibles. Si mis oídos (si mi alma) no hubiesen sido particularmente sensibles a los encantos de las armonías vocales desplegadas en este disco, mi concepción de la música contemporánea (y no exagero un pelín), sería radicalmente menos fructífera, más pobre; no en vano el mismísimo Paul McCartney ha asegurado en más de una oportunidad que el Pet Sounds debería ser el primer disco para “educar oídos”, y que, además, constituyó la influencia inmediata del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club.

“Wouldn’t It Be Nice” configura un arranque modélico, pues, se trata de una canción absolutamente representativa del “sonido Beach Boy”: estupendos ejercicios vocales junto a un ritmo de lo más pegadizo, que destila alegría. Se trató, en definitiva, y como era de esperar, de uno de los pocos éxitos comerciales del álbum. Inmediatamente, Wilson nos sumerge en uno de los temas lentos, “You Still Believe In Me”: una verdadera delicia para los sentidos, repleto de sonidos tiernos (que incluyen el timbre de una bicicleta) en medio de los siempre superlativos arreglos corales, que también se pueden apreciar en “That’s Not Me”, entre variados ajustes de órganos, bajo y percusión.

Luego, “Don’t Talk (Put Your Head On My Shoulder)” es una de esas canciones que quizá no suenen muy atractivas a la primera escucha, pero que, a medida que uno se va habituando a la aguda introspección que efectúa Brian Wilson, con una interpretación desgarrada, termina cayendo en la cuenta de que se está frente a uno de los momentos cumbres del disco. Una de las mejores piezas instrumentales jamás compuesta dentro del mundo pop es “Let’s Go Away For A While” (que constituye un punto intermedio, un relax dentro de la avasallante amalgama coral), para la que se utilizaron doce violines, cuatro saxos, entre otros instrumentos, y asimismo, una botella de Coca-Cola en las cuerdas. La armonía vocal inigualable de Brian y sus chicos se pueden estimar en toda su dimensión en el transcurrir del tema, con diferencia, más comercial del disco: “Sloop John B”, tan asequible como cautivante.

“God Only Knows” es una canción harto significativa, por ser la pieza símbolo de este conjunto de composiciones, por ser una de las auténticas obras maestras del siglo musical, y porque, al igual que “Good Vibrations”, remite más allá de sí misma, y se transforma en exponente de todo un universo de ideas y sentimientos. La voz dulce de Carl Wilson entonando: I may not always love you. But long as there are stars above you. You never need to doubt it. I’ll make you so sure about it, supone uno de las mejores trabajos vocales que yo haya escuchado en mi vida. Y, como colofón, queda el soberbio cierre, en el que las voces de Brian Wilson, Bruce Johnston y del mismo Carl Wilson se acoplan y suceden de una forma que sólo admite el calificativo “perfección”. Destacaría, para finalizar, la mezcla instrumental y los sorpresivos cambios de ritmo que Brian nos regala, con su talento compositivo, en “Here Today”; y la intimista balada “Caroline No”.

En síntesis, Brian Wilson quería crear una obra que superara al Rubber Soul de los Beatles, y en su afán de lograrlo, abandonó las giras, y se encerró a componer, con la única misión de dar rienda suelta a todo su genio creativo. ¡Vaya sí lo logró! Se puso serio, dio un enorme salto de calidad (sin despreciar en absoluto sus composiciones previas), y, en definitiva, concibió, a base de un cuidado puntilloso, un disco repleto de lirismo y complejidad sonora, una obra maestra nacida en las más consagradas profundidades del espíritu humano, un pequeño tesoro de valor inestimable, un punto de inflexión en la música popular del siglo XX.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars – David Bowie (1972) Como alguna vez así lo afirmara el escritor John Savage, se trató del primer disco del pop posmoderno. Estamos ante un álbum conceptual, que viene a retratar el ascenso, esplendor y caída de una estrella de rock (el tema “Rock ‘n’ Roll Star” de Oasis, entre otros, puede leerse como una indisimulable secuela de éste disco); es decir, Bowie utilizó la figura de su alter ego (un alienígena) -en una época en que la fantasía y la ciencia ficción experimentaban su apogeo en términos de aceptación popular, como sendos géneros literarios y cinematográficos- para plasmar, con altas dosis de sarcasmo, las conductas típicas, los clichés, en torno al extravagante mundo de las estrellas de rock. Sin embargo, las canciones que componen el disco, lejos están de enrolarse dentro del característico sonido rockero: son hijas directas del maravilloso Hunky Dory, estando en manos, en gran medida, de la guitarra acústica y del piano.

“Five Years” es, según mi opinión, uno de los mejores temas que ha compuesto Bowie en toda su carrera. Arranca profetizando: Pushing thru the market square, so many mothers sighing. News had just come over, we had five years left to cry in, y a medida que avanza, la canción va cobrando una fuerza avasallante, entre impulsivas líneas de guitarras y coros trágicos, que le confieren el tono apesadumbrado y apocalíptico necesario. Enseguida, Ziggy descubre el amor terrenal en “Soul Love”, una pieza igual de exquisita que la anterior, pero con sonidos folk y un jovial solo de saxo que ejecutó el mismo Bowie. “Moonage Daydream”, por su parte, nos sumerge dentro de los ribetes futuristas del personaje, y supone casi cinco minutos de algidez, con la cadencia de David (I’m an alligator), y el logrado “clima galáctico” del final, gracias al solo de Mike Ronson y a la sección de cuerdas.

Después llega mi canción preferida del álbum, que constituyó el primer single, y que yo colocaría en el Monte Olimpo de las perlas que nos ha legado el pop/rock; por supuesto, me refiero a la soberbia “Starman”: uno de estos temas que jamás me canso de escuchar. Que se afirme que David Robert Jones plagió la melodía de la famosa “Over The Rainbow” (que popularizara Judy Garland), me tiene sin cuidado. Desde los delicados acordes acústicos iniciales, pasando por el inesperado cambio de ritmo subsiguiente, y hasta el glorioso estribillo: There’s a starman waiting in the sky. He’d like to come and meet us. But he thinks he’d blow our minds. There’s a starman waiting in the sky. He’s told us not to blow it. Cause he knows it’s all worthwhile. He told me: Let the children lose it. Let the children use it. Let all the children boogie, en el que, con la ayuda del coro y el piano, el ímpetu que transmite la voz diáfana de Bowie va aumentando; todo, absolutamente todo el tema, me produce un embelesamiento musical que no he experimentado muy a menudo. Estimo que trasciende con amplitud al disco, y que, sin dudarlo un segundo, podría inscribirse como una de las canciones más destacadas de, nada más y nada menos, ¡toda la década del setenta!

Luego de “It Ain’t Easy” (la única canción que no fue escrita por David), aparece “Lady Stardust”, una encantadora balada, injustamente relegada, que acaricia la ambigüedad sexual propia de Bowie, y en la que se destaca la impecable orquestación. A continuación, nos encontramos con “Star”, tema de rock vertiginoso, en el que cobran protagonismo las guitarras eléctricas, y en el que Ziggy realiza algo parecido a una declaración de principios: I’m so wiped out with things as they are. I’d send my photograph to my honey. And I’d come on like a regular superstar. En esa misma línea trepidante y movida continúa “Hang On To Yourself”.

Con toda seguridad, “Ziggy Stardust” es la canción símbolo del disco, con un riff inicial a cargo de Ronson que se ha vuelto antológico con el correr de los años, al igual que la frase: Ziggy played guitar, que se repite en la apertura y al final de la pieza, y que se erige como una verdadera insignia de este inmortal personaje tras el que se ocultara el siempre camaleónico Bowie. Para cerrar definitivamente la historia de Ziggy, la creatividad asombrosa de este artista excelso, concibió otra de las joyas del álbum: “Rock ‘N’ Roll Suicide”, una canción conmovedora, que corta el aliento, que deja sin palabras.

Para finalizar, no puedo dejar de mencionar la ya mitológica portada, en la que Bowie, con sus botas de plataforma, la guitarra sobre el cuerpo y el pelo rubio, lanza una retraída mirada, en medio de la sombría noche londinense, iluminada únicamente por un farol y las luces que se desprenden de las ventanas de los edificios circundantes. The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars fue un disco transgresor: brillante autoparodia del estrellato fugaz, obra capital del glam rock y punto apoteósico en la carrera de ese mito cultural moderno llamado David Bowie.

Yendo de la cama al living – Charly García (1982) Siempre sentí un aprecio especial por este singular personaje, más allá (o, quizá a causa) de sus extravagancias, que, a veces, rozan lo inverosímil; y es así que crecí escuchándolo en sus diversas etapas creativas. Cuando su carrera como solista recién estaba floreciendo, Charly García concibió un breve pero compacto álbum, del que, hasta el día de hoy, perduran como verdaderos clásicos del rock argentino, ciertos temas.

Con el gran acompañamiento de Cachorro López en bajo, Willy Iturri en la batería, Gustavo Baczterrica en guitarra y, nada menos que un jovencísimo Andrés Calamaro –antes de su ingreso a Los Abuelos de la Nada– en teclados, el creador más influyente de la historia del rock sudamericano comienza el disco con el tema que lleva su nombre: una parsimoniosa y envolvente canción en la que se destaca la ajustada conjunción instrumental. A continuación, con claras reminiscencias de Sui Generis, en “Superhéroes” cobra importancia, no obstante, el teclado de Calamaro, y Charly, con suavidad, canta cosas como: No pasa nada, nadie pasa, sólo una banda militar, desafinando el tiempo y el compás. Hay que recordar que este álbum salió a la luz cuando comenzaba el ocaso de la dictadura militar argentina.

“No bombardeen Buenos Aires” es, por su energía y por su extravagancia (las sirenas y la explosión final, recuerdo, me cautivaban de chico), mi canción preferida del disco, y, de hecho, se ha convertido en uno de los mayores emblemas de toda la carrera de Charly García. Con una melodía preliminar inconfundible, “Yo no quiero volverme loco” va creciendo en intensidad, a la par que la voz de Charly gana en ímpetu, para que luego aparezca también, como invitado, León Gieco, y conformen una oda a la cordura, un tema verdaderamente exquisito.

Otra obra cumbre de la originalidad propia de Charly es “Peluca telefónica”, diálogo insólito, pieza en la que se reúne con el otro máximo exponente del rock argentino, Luis Alberto Spinetta, lo que supone todo un lujo. Por último, como clausura superlativa, y con toda probabilidad la canción más valiosa, que es “Inconsciente colectivo”, y en la que surge la faceta más lúcida de Charly, componiendo un auténtico himno a la libertad: Ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión. Hoy desperté cantando esta canción, que ya fue escrita hace tiempo atrás. Es necesario cantar de nuevo una vez más.

Yendo de la cama al living es un álbum clave a la hora de evaluar los giros musicales que ha tenido la carrera de Charly García. Con él dio inicio a lo que sería su trilogía más inspirada de discos –sobre todo en lo que respecta al logro de un ensamblaje rítmico y compositivo–, ya antológicos en la escena del rock argentino, del que este desvariado genio es, merecidamente, amo y señor absoluto.

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5 respuestas a Discos que influyeron en mi formación musical (V)

  1. val dijo:

    Ya sabes que dos discos conozco, y cual no;)

    Buenos análisis, hoy no se me ocurre más que decir jeje.

  2. Facu dijo:

    A los Beach Boys los he escuchado muy de pasada, pero me agrada esos coros algres tan característicos. Coincido con respecto a “Starman”, es una preciosa canción pop. Y bueno… Charly es un capo, ya lo sabemos. A ver si incluis próximamente alguna banda histórica del rock argentino. Saludos.

  3. pads dijo:

    solo conozco los dos primeros discos, pero tampoco es que los tenga muy escuchados. Bowie me gusta, pero no suelo escucharlo muy a menudo, y mi conocimiento de los Beach Boys es más bien escaso, más allá de los tópicos

  4. dani dijo:

    Adoro a los Beach Boys :) y me alegra saber que vos lo consideras a Brian Wilson un genio también.

    ¿para cuando el nuevo cd de Charly?

  5. Ignacio dijo:

    Excelente elección la del “Pet Sounds”. Uno de los mejores discos de todos los tiempos para mí también. Y el tema que remarcás es mi preferido, jeje.

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