Discos que influyeron en mi formación musical (VI)


Highway 61 Revisited – Bob Dylan (1965) Si se me permite la analogía, al hablar de la música del siglo XX, hacer mención de Bob Dylan es como, al hablar de fútbol, nombrar a Maradona. Y probablemente me quede demasiado corto. Es que de este trovador inoxidable no se puede decir nada que ya no esté dicho con antelación; basta mencionar, tal vez, que la revista Newsweek lo rotuló con el (nada exento de pomposidad) título de “persona viva más influyente del mundo entero”.

No sé por qué aleatorio antojo del destino, pero mi primer acercamiento a su poesía se dio, ya en mis primeros años de adolescencia, con uno de sus discos menos resonantes (y no por eso menos exquisito): Nashville Skylines –que posee una definida inclinación country, a la par que contiene una hermosísima canción como es “Lay Lady Lay”–. No obstante, no fue sino hasta escuchar “Like a Rolling Stone” cuando caí en la cuenta de que este baladista irreverente y místico me acompañaría con su música de ahí en adelante, por siempre. La crispada juventud de aquellos años, descontenta y contestataria, reclamaba a gritos un himno con el que pudiera identificarse plenamente, y la visceral composición dylaniana, colmó sobremanera esas expectativas, catapultándose como el mayor éxito comercial de toda su carrera, lo que constituye un mérito doble si se considera que se trata de un single de seis minutos de duración. Pocas canciones han ejercido tanta influencia en la música contemporánea, pocas canciones han sido versionadas tantas veces, pocas canciones podrían caratularse como mejores que ésta. La característica voz gangosa de Bob cantando esos repetidísimos versos: How does it feel. How does it feel. To be without a home. Like a complete unknown. Like a rolling stone?, sin embargo, produce siempre un cúmulo de nostalgia muy especial.

Con una duración igual de prolongada, la faceta lúdica de Dylan aparece en esa rienda suelta a la improvisación que es “Tombstone Blues”, en la que se destacan el ritmo agitado y el juego de guitarra de Mike Bloomfield. En “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” se recupera la línea folk-rock, y la armónica de Bob cobra un protagonismo exclusivo.

Si alguien me preguntara por qué se viene proponiendo a Robert Allen Zimmerman desde hace varios años como candidato a recibir el premio Nobel de Literatura, simplemente le respondería que escuchara “Ballad Of a Thin Man”, un auténtico prodigio compositivo, una canción intrigante y oscura si las hay, una lúcida divagación que no termina de ser del todo precisa (y de ahí su eterno misterio). Con una prominente base de piano, y siguiendo una interpretación a paso lento, Dylan casi que recita ese estribillo memorable: Because something is happening here. But you don’t know what it is. Do you, Mr. Jones?

Luego, en “Queen Jane Approximately” me gusta especialmente el inspiradísimo piano de Paul Griffin, el trabajo vocal de Dylan (que, vale decirlo, no es dueño de una buena voz precisamente) y el sonido límpido de la armónica que suena sobre el final. El tema que da nombre al disco es una significativa muestra más del talento inusual de Bob Dylan, y aquí la electrificación de sus fundamentos melódicos, a través de la siempre sólida guitarra de Bloomfield, demuestran hasta qué punto no estaba equivocado cuando decidió dar un paso adelante, arriesgando desde lo meramente acústico hacia el rock y el blues, pese a la desazón que dicha decisión generó dentro del público folkie que lo había convertido en una semideidad.

La armónica y el apoyo instrumental del teclado regresan marcadamente en “Just Like Tom Thumb’s Blues”, un tema más apaciguado que oficio de nexo, para dar paso a la despedida del álbum con la impresionante “Desolation Row”: una enorme y triste composición (digna de incluirse dentro de lo mejor de la poética dylaniana), que dura más de once minutos, y en la que Bob retorna a los lineamientos más puros del folk.

Es tarea harto dificultosa elegir entre todos los álbumes de este icono de la movilización social, como es labor imposible quedarse con un solo texto de Borges. Así y todo, estoy convencido que Highway 61 Revisited se ha ganado un lugar dentro del selecto grupo de esos discos etéreos, atemporales, que no pierden vigencia ni fuerza pese al transcurso de los años, y a los que siempre resulta un imperativo categórico volver cada tanto.

Axis: Bold As Love – The Jimi Hendrix Experience (1967) El nombre Jimi Hendrix, así solo, despojado de toda consideración o contexto, ya resultaba, desde hace décadas, rayano en lo mitológico, cuando a mí se me ocurrió, por pura curiosidad adolescente, comprar un disco suyo. Y precisamente, sin haber escuchado nada de su autoría en mi vida, sin embargo sí había oído en más de una ocasión su nombre, instalado en un altar de la religión pagana que constituyen los devotos del rock, como una especie de semidiós intocable. Entonces compré Are You Experienced?, el álbum que está unánimemente considerado por la crítica especializada como su obra máxima, y lo escuché muchísimas veces, disfrutando hasta la saciedad de su revolucionaria zurda. No obstante, y a pesar de todas las virtudes que el mencionado disco ostenta, considero que su trabajo más redondo, y siendo conocedor de que voy contra la corriente, es Axis: Bold As Love, un álbum al que accedí bastante tiempo después y que me conquistó en la primera escucha (algo que muy pocas veces me sucede). Sería una osadía, y una postura decididamente miope de mi parte negar que el primero haya tenido mayor trascendencia e influencia para la posteridad rockera, porque, en efecto, así ha sido, en gran medida gracias a que supuso, en 1967, una innovación radical en lo que se refiere al uso de la guitarra eléctrica: así como el calendario que nos rige se divide en antes y después de Cristo, del mismo modo, en el rock existe un antes y un después de Jimi Hendrix, y ése punto de inflexión está dado, sin lugar a dudas, por su disco inicial junto a Noel Redding y Mitch Mitchell.

El preámbulo del disco que nos ocupa, “EXP”, no es el mejor inicio posible. Por más intencionalidad humorística que posea, ésos sonidos distorsionados que se oyen de fondo son francamente insoportables. La cosa comienza a mejorar a partir de “Up In The Skies”, un tema harto tranquilo que parecería ser la contracara del Jimi explosivo de canciones como “Manic Depression”. Aquí se percibe, en cambio, un tibio ritmo de jazz a cargo de Mitchell y la pista vocal por demás apaciguada de Hendrix.

Inmediatamente, el tono cambia de manera radical, y en “Spanish Castle Magic” podemos hallar una de las mejores composiciones psicodélicas del gran Jimi (que canta su visión: The clouds are really low. And they overflow with cotton candy. And battle grounds red and brown), y que cuenta con una ferocidad rockera que va en aumento hasta llegar al estallido en el estribillo. Luego, la inclinación más bien pop de este álbum, bastante distanciada de los riffs infernales del trabajo precedente, queda más que en evidencia en temas como “Wait Until Tomorrow”. “Ain’t No Telling” es una poderosa y fugaz pieza (dura menos de dos minutos), en la que se destaca el magnífico riff que la zurda superdotada del nacido en Seattle construye y reinventa con vertiginosidad maestra.

A continuación viene, a mi juicio, la mejor canción del álbum, una pequeña gema: “Little Wing”, que tiene una introducción magistral, en la que fluye como pocas veces todo el genio de Hendrix: esa refinadísima y dulce melodía germinal constituye un placer inexplicable para los oídos sensibles, y eso que dura lo que un suspiro: son treinta segundos de embelesamiento, que se prolonga luego, con la irrupción vocal de un Jimi en su versión decididamente más delicada. “If 6 Was 9” es el tema más extenso del trabajo, y no se trata de otra cosa que un nuevo devaneo psicodélico en el que lo más destacable, a mi modo de ver, pasa por el solo de guitarra.

Mención de honor merece “Castles Made of Sand”, una balada exquisita, con varios trucos de guitarra incluidos por el mismo precio, y en la que, sobre el final, podemos encontrar una pequeña historia tan poética como horripilante: There was a young girl, whos heart a frown cause she was crippled for life. And she couldn’t speak a sound. And she wished and prayed she could stop living, so she decided to die. She drew her wheelchair to the edge of the score. And to her legs she smiled you won’t hurt me no more. But then a sight shed never seen made her jump and say. Look a golden winged ship is passing my way. And it really didn’t have to stop, it just kept on going. And so castles made of sand slips into the sea, eventually. Precisamente en esa clase de versos se puede comprobar el salto cualitativo en la faz compositiva que existió desde el primer disco hasta el que he seleccionado. Continuando por el carril de las baladas, es necesario resaltar la sutileza que se desprende de “One Rainy Wish”. Y por último, sólo queda subrayar el descollante riff central de “Little Miss Lover” y el exquisito cierre que supone “Bold as Love”.

Lo dicho: aquí no abunda la actitud rocker de azotar la guitarra contra los amplificadores, ni hay tanto espacio para la distorsionada clase de magia que Jimi realizaba con su instrumento. Por el contrario, asoma la faceta, si bien menos revolucionaria, a su vez más poética y sensible de Hendrix, y por consiguiente, las canciones constan de una elaboración muchísimo más cuidada, al lograr combinar con eficacia composición con virtuosismo. Imprescindible para todo amante del rock que se precie.


Breakfast In America – Supertramp (1979) Este disco representa uno de los más paradigmáticos ejemplos de que no necesariamente la música masiva y comercial tiene que estar enfrentada con la calidad. A contramano de esa errónea creencia con sesgos elitistas, la formación británica demostró que éxito y excelencia no son siempre antónimos, y que bien pueden transitar por los mismos carriles, casi de la mano. Luego de trabajos sublimes como Crime of the Century o Even in the Quietest Moments…, el talentoso binomio creativo que conformaban Roger Hodgson y Richard Davies se vio en la necesidad de elaborar un álbum (en líneas generales) más asequible y con nada disimulables inclinaciones hacia el pop, sin renunciar un ápice a sus pretensiones artísticas.

Y así es que concibieron un disco que he escuchado hasta el hartazgo, ideal para momentos de distensión, en los que la única preocupación sea dejarse llevar por la ornamentación de las piezas y la voz plañidera de Hodgson. Ésa inconfundible apertura que supone “Gone Hollywood”, en la que el piano va cobrando intensidad y luego aparecen las representativas voces corales que se entremezclan, originando una pujante atmósfera, es todo un indicio de la mismísima esencia del disco. Disco que, como se comprobará, no da suspiros, pues es una verdadera sucesión de hits.

Siempre tuve predilección por “The Logical Song”, con probabilidad la canción más conocida de toda la historia de Supertramp, en la que se puede advertir la consumada armonía lograda en la sección rítmica entre la percusión, los instrumentos de viento, la guitarra y los teclados. ¡Perfección! Y, como ingrediente extra, una letra divertida que cautiva desde el primer momento: Now watch what you say or they’ll be calling you a radical, liberal, fanatical, criminal. Won’t you sign up your name, we’d like to feel you’re. Acceptable, respectable, presentable, a vegetable!

“Goodbye Stranger” es otra muestra de la idoneidad compositiva del dúo Hodgson-Davies: un tema inolvidable, en el que, desde el principio, cobra una importancia determinante, a la hora de los cambios drásticos de ritmo, la batería de Bob C. Benberg, a la par que también se destaca el siempre armonioso coro, acompañando de modo inmejorable el trabajo vocal de Hodgson. Para cerrar la triada ininterrumpida de obras cumbres, aparecer la pieza que da título al álbum: un tema de calidad excelsa, que combina un aire entre optimista y meditabundo. Inmersos en el tipo de música chata e insustancial que ya comenzaba a copar la parada por aquellos postrimeros años de la década del setenta, que una composición de la calidad de “Breakfast in America”, con su sutil introducción de piano, sonara con frecuencia en las principales radios estadounidenses suponía un soplo de aire fresco y un salto cualitativo de niveles impensados.

“Oh Darling” es una particular exaltación amorosa de la que resalto especialemente la impecable orquestación. Con todo, no es de los temas que más me entusiasman de Supertramp, pero a continuación aparece “Take The Long Way Home”, una memorable canción (ideal para ser escuchada al alba en alguna metrópoli), que, como no podía ser de otro modo, comienza con una misteriosa ejecución de piano, instrumento que mantiene su primacía durante los cinco minutos de duración.

La expresidad emocional transmitida por la asociación vocal y el saxo de John Anthony Helliwell en “Lord Is It Mine” es asombrosa. Luego nos encontramos con la digna de ser disfrutada “Just Another Nervous Wreck”, que es otra de mis piezas favoritas, especialmente debido a su admirable arquitectura compositiva y a la sinergia lírica, que alcanza su cenit sobre el final. Para concluir, los británicos se reservaron una extensa suite de casi siete minutos y medio (que contiene una letra bastante cáustica) titulada “Child of Vision”, que es quizá el prototipo de la clase de música elaborada y ambiciosa en las facetas lírica, vocal e instrumental, que siempre se esforzaron por hacer estos grandes músicos.

Breakfast In America es un trabajo, en resumen, que acopla la inigualable estructura melódica y orquestal del grupo, con ritmos un tanto alejados de la esencia progresiva de otrora y más emparentados con las alegres estridencias propias del pop, pero guardando fidelidad al estilo inimitable que siempre los había caracterizado. A su vez, constituyó, al menos para mí, el último legado musical de Supertramp, puesto que comenzaba la década del ochenta y, de algún modo, terminaría imponiéndose otro arquetipo de música, totalmente contrapuesto al de los dos gloriosos decenios precedentes.

Esta entrada fue publicada en Música. Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Discos que influyeron en mi formación musical (VI)

  1. Ignacio dijo:

    Tres grandes discos, sí señor. Sobre todo, por supuesto, el de Bob Dylan. “Like a rolling stone” es La Canción.

  2. dolores dijo:

    Yo solamente conozco el de Supertramp y es uno de esos cds esenciales, que pareceria una recopilación de grandes exitos o algo así. Mi canción preferida es ‘goodbye stranger’, la amo. Me alegra conocer aunque sea uno de los discos que estas eligiendo Claudi.

  3. pads dijo:

    nunca he escuchado demasiado a Supertramp, pero los otros dos son, sin duda, unas obras maestras. Por un lado las letras de Dylan y por otro el virtuosismo de Hendrix, apoyado por su banda, tratando de llevar el rock a un nuevo nivel.
    Discazos

  4. val dijo:

    Me gustan los tres, aunque creo que pones a Dylan un poco por encima de lo que realmente fue. No sé, cuando empiezas a escuchar de su vida, se te cae un poco el mito.

  5. avellanal dijo:

    No le asigno importancia capital a la vida, sino a la obra, que es en definitiva el legado de todo artista. De todos modos, Dylan no “fue”, Dylan “es”… que no te enteras de “Modern Times”, che.

  6. pads dijo:

    creo que hay que distinguir vida y obra de un artista… por que si no, ya podríamos tirar casi todos nuestros discos…

  7. avellanal dijo:

    Gracias por apoyarme, pads. Es que tu amigo siempre encuentra algún reparo a todo lo que yo digo. Ya estoy acostumbrado.

  8. val dijo:

    En el caso de Dylan me parece importante su personalidad, su legado es importante por sus letras principalmente, descubrir que tras ellas se encontraba un hombre distinto que traicionaba sus principios no es alentador.

    Y ya sabes Claudio, que si no encuentro ningún reparo, no surge la conversación:D

  9. Facu dijo:

    Los dos primeros son indiscutibles, más allá de que se pueda argumentar que ambos tienen discos mejores o no; todo resulta muy subjetivo. Con respecto a “Breakfast in America”, si bien es correcto todo lo que decís, yo estimo que “Crime of the Century” es por lejos la obra maestra del grupo.

    Saludos.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s