“El gran Meaulnes”, de Alain Fournier

Me temo que intentar referir las múltiples virtudes que se concentran en un libro aparentemente tan sencillo como El gran Meaulnes es una faena poco menos que insostenible. ¿Por qué digo “aparentemente sencillo”? Porque una lectura rápida, desatenta o insustancial, podría llevar al craso error de estimarlo como una mera historia de aventuras, o bien como una novela romántica sin “final rosa”. Nada más alejado de la realidad, por cierto, que esos caprichosos rótulos a la hora de encasillar una obra inclasificable, una rara avis literaria, como la que concibió Alain Fournier a principios del siglo pasado.

El azar, fuente de tantos dolores de cabeza, en esta ocasión fue demasiado bondadoso conmigo, cuando mis dedos entusiastas se toparon con una edición vieja en tapa dura de la obra en cuestión, alguna tarde lluviosa, en cierto rincón literario que se asemeja a buhardilla y no a centro comercial. Con displicencia leí la contratapa, y quince segundos después (o lo que haya tardado en pagarlo), El gran Meaulnes y yo nos marchábamos de allí.

Durante los días de su lectura experimenté una sensación subyacente que me colmó de estupefacción y me arrancó de la normalidad, para depositarme en un estado de ensueño escurridizo, del cual desconozco el nombre. Era como flotar en medio de un océano azulado que, en rigor, no existía. Me figuro que, más allá de eventuales sucesos que acaecieron en mi existencia por aquellas jornadas nada lejanas, existe una profunda ligazón entre dichas emociones interiores y la contemplación mental de las experiencias de Augustin Meaulnes.

La adolescencia es un misterio que nunca terminaremos de descifrar. Y si bien esta novela se inicia en la agonía de la niñez, cuando un chico enérgico y de espíritu indómito llega a un apacible pueblo de la campiña francesa (Sainte-Agathe), librando, de alguna manera, a François Seurel, de la vida monótona que llevaba allí; y finaliza en la temprana juventud, al marcharse el gran Meaulnes junto a su hija para siempre, y quedando solo Seurel, ejerciendo ya como maestro rural; es una obra cuyo sustrato es la adolescencia, es una obra que emana continuamente hálito adolescente.

No es casual que haya referido, en resumidas cuentas, el principio y el desenlace. François Seurel, el narrador, termina, al menos hasta lo que Fournier nos cuenta, tal como comenzó: dedicándose al colegio, primero como estudiante, luego como maestro, con la regularidad y el tedio como protagonistas de su vida, en aquel reducto bucólico y perdido donde nació. En contraste, Meaulnes introduce la acción en la historia, fuerza los hechos determinantes, se erige en polo de atracción y personaje principal, y sigue, según se figura su propio amigo, marchando hacia nuevas aventuras una vez que cerramos el libro.

Yo creo, junto con Marcelo Birmajer, que existe una sutil pero significativa diferencia entre encontrar un lugar nuevo y perderse. El quid de esta novela, en efecto, radica en esa igualdad divergente: Augustin no descubre un dominio recóndito, un País que se asemeja al paraíso, más bien se pierde en él, se encuentra extraviado entre el coro de voces de niños en la alameda, el banquete fantasmal, la gran cama cubierta de libros dorados, las levitas de altos cuellos de terciopelo, los coches amontonados, los faroles venecianos verdes y las lámparas colgantes, la extraña fiesta y el sosegado sonido del piano. Después de la fiesta, donde todo era encantador, pero febril y loco, donde él mismo había perseguido al gran Pierrot tan locamente, Meaulnes se encontraba sumido en la felicidad más sosegada del mundo. En definitiva, la diferencia entre encontrar un lugar nuevo y perderse es, nada menos que saber cómo regresar. Y Meaulnes no supo retornar a ese mundo placentero e ideal, porque la adolescencia es sinónimo de un perderse incesante, de un dejarse llevar, de sueños, de fugacidad… y lo efímero, lo divagado, no vuelve: dura tan poco como la adolescencia misma.

Existe unanimidad en considerar que la mayoría de los sucesos narrados en El gran Meaulnes son verídicos, y le acaecieron al mismo Alain Fournier en los años que precedieron a su temprana muerte. Es por tanto, una novela que, si bien se inscribe indudablemente dentro del marco de la ficción, tiene un sinfín de elementos autobiográficos. Se puede apreciar la cuidada y poética construcción de las frases, hasta llegar a parecer, por momentos, prosa convertida en verso, y la inserción de símbolos y metáforas invadidas de interioridad, de búsqueda de lo incógnito y oculto. Tal vez esa exploración sensible y trascendente, sospecho, no hubiese sido traducida a un lenguaje literario tan puro y lírico, de no haberla experimentado en carne propia el autor.

Cada personaje que circula por esta obra, especialmente Frantz e Yvonne de Galais, resultan entrañables. Aunque mi percepción es partidaria de considerar al narrador de los “hechos de los otros”, al espectador omnipresente, al más triste entre los tristes, a François Seurel, como un ejemplo de amistad verdadera, como un joven digno de admiración, como el personaje clave para comprender la historia.

La melancolía envuelve con un precioso manto grisáceo casi todas las páginas de El gran Meaulnes, libro que es una llave de acceso al enigmático dominio de los amores idealizados, de las utopías, de la fascinación, del ímpetu, de la adolescencia, y que supone un confuso ensueño, acaso amalgama de espejismos tan crueles como dotados de hermosura.

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4 respuestas a “El gran Meaulnes”, de Alain Fournier

  1. Facu dijo:

    No conocía ni al autor este ni a la novela en sí, pero por el entusiasmo demostrado en tu reseña voy a ver si lo consigo por ahí. Pero la verdad que me sorprende verte leyendo cosas así, con esas tramas que me hacen acordar más a Tom Sawyer y sus aventuras que a Borges, jiji.

  2. Edu dijo:

    Durante los días de su lectura experimenté una sensación subyacente que me colmó de estupefacción y me arrancó de la normalidad, para depositarme en un estado de ensueño escurridizo –> Sólo decir que vos normalmente vivís dentro de ese estado. xDDD

    Saludos.

  3. maria isabel dijo:

    hola a todos los que lean estas lineas, tengo mucho tiempo tratando de reencontrarme con este libro de mis primeros años de lectura sin embargo se me ha hecho imposible ,si por casualidad lo tienen en digital seria un placer para mi tenerlo , a todos muchas gracias

  4. avellanal dijo:

    María Isabel: lamentablemente sólo tengo al libro en mi biblioteca, y se trata de uno que se editó hace más de veinte años. No estoy seguro, pero supongo que deben existir reediciones más o menos recientes.

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