La reelección ilimitada y el fantasma de Fidel

Como es sabido, el Mussolini tropical –en palabras del destacado escritor mexicano Carlos Fuentes– ha presentado ante el Congreso venezolano –integrado enteramente por acólitos al régimen que encabeza–, hace escasos días, un proyecto de reforma constitucional que, de aprobarse –como se descuenta que sucederá–, permitiría la reelección presidencial sin límites, entre otras modificaciones a la Constitución Bolivariana.

Cuando se hace mención de este tipo de cláusulas que virtualmente legalizan la permanencia vitalicia en el poder, hay que tener en cuenta especialmente la forma de gobierno adoptada por el país en cuestión. En los casos de la mayoría de los países latinoamericanos rige una aplicación deformada del régimen presidencial clásico que históricamente ha acogido EE.UU. ¿Por qué? Básicamente porque el presidencialismo supone la concentración de los poderes estatales en la figura omnipotente del presidente, en detrimento del parlamento, que generalmente es una institución de puro camuflaje –véase si no el caso específico de Venezuela–. Además, y a diferencia de lo que sucede en los regímenes parlamentarios, las elecciones presidenciales gozan de una importancia capital, siendo las elecciones legislativas absolutamente accesorias, por lo que el presidente desde el mismo inicio ya de por sí es mucho más poderoso que el Poder Legislativo en su conjunto.

Por consiguiente, se puede afirmar que la persona que posee el título de presidente en los presidencialismos latinoamericanos tiene menor control por parte de la oposición, y mayor arbitrio para tomar decisiones sin restricciones (e incluso legislar, ya sea directa o indirectamente), que un Primer Ministro o Jefe de Gobierno –en los regímenes parlamentarios- o que el Presidente de un régimen presidencial clásico. Esto lleva a afirmar que la aprobación de la cláusula de la reelección indefinida constituye una amenaza muy seria a los principios republicanos más básicos en cualquier país de que se trate de imponer, pero con mayor énfasis, por lo antes dicho, en los presidencialismos latinoamericanos.

A la lógica perversa del reeleccionismo inagotable ya se le oponía un estadista de la talla de Winston Churchill –con todos los defectos que a su accionar político se le puedan encontrar–, cuando decía que “la alternancia fecunda el suelo de la democracia”. Más allá de que un determinado gobierno pueda tener sus virtudes (y por eso, en lo personal, soy partidario de la posibilidad de una sola reelección), la realidad indica que la facultad de que un presidente pueda presentarse de forma ilimitada a los comicios para renovar su cargo, presupone la amenaza de un autoritarismo en ciernes. Además, las elecciones –base de la democracia– corren el riesgo probable de no resultar absolutamente competitivas, tal como deberían ser, puesto que un presidente que se presenta de modo constante a la reelección, domina desde varios períodos discrecionalmente los resortes económicos del Estado –a diferencia de sus adversarios–, lo que, en mayor o menor medida, se traduce en comicios de dudosa transparencia, signados por la coacción a los votantes y el flagelo del clientelismo político.

El estilo caudillesco y autoritario de Chávez, cada vez estoy más convencido, solamente puede resultar seductor para personas, tal como decía el pensador Marcos Aguinis, “que tienen el subdesarrollo en la cabeza”. Ni en Australia, ni en Canadá, ni en Finlandia, este personaje causa sensación, como en ciertos sectores de otros países. Sin ir más lejos, muchos argentinos que aseguran haber luchado contra la dictadura militar, han terminado enamorados de esta bochornosa y caricaturesca cotorra que oprime a Venezuela con un régimen personalista que posee acentuados rasgos despóticos, un casi absoluto desprecio por las instituciones y que se sustenta exclusivamente en el precio del petróleo. Todos estos atropellos terminarán de consolidarse, para tornarse todavía más escandalosos, cuando la prerrogativa reeleccionista entre definitivamente en vigencia, y se legalice lo ilegítimo. Ojalá que la ciudadanía venezolana pueda reaccionar, en la medida de lo posible, para evitar que ese país termine por convertirse en una nueva Cuba.

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10 respuestas a La reelección ilimitada y el fantasma de Fidel

  1. Facu dijo:

    Muy bien la distinción entre lo legal y lo legítimo, porque muchas veces la gente tiende a confundir ambos conceptos. Yo creo que este atropello a la periodicidad de los mandatos ya no tiene vuelta atrás, por más protestas que se hagan en Venezuela… y claro, una vez que se termine de instalar, ya no lo sacan más.

  2. Ignacio dijo:

    Interesante la diferenciación del peso que pueda tener la reeleción ilimitada en los diversos sitemas de gobierno. Igualmente también creo que es una disposición que no debería existir en ningún país.

    Y Chávez, que siga financiando a los piqueteros y a toda la “gente comprometida” -con sus petrodólares- que asiste a sus interminables monólogos en este bendito país.

  3. Edu dijo:

    Desde el punto de vista del derecho constitucional la doctrina mayoritaria en la Argentina se inclina sí por vedar toda posibilidad de introducción de la cláusula de re-eleción sin límites. Claro que hay algunas provincias en las que está permitido, y el resultado es que se han transformado en feudos dominados por un grupito de familias tradicionales. El ejemplo más evidente es San Luis, en el que dos hermanos gobiernan desde 1983 hasta nuestros días.

  4. dolores dijo:

    es cierto eso de que aca hay muchos que levantaron las banderas de la lucha contra la dictadura y ahora lo apoyan incondicionalmente a Chavez. Parece un poco incoherente.

  5. Al dijo:

    Lamentablemente creo que Venezuela cayó ya en el punto de no retorno, creo que tendremos Chávez para rato y es una tristeza también que haya sectores dentro de otros paises latinoamericanos para los que el tipo es una especie de heroe. Pero mientras siga vendiendo el respectivo petroleo a EEUU, la tiene segura.

  6. val dijo:

    Menem perdió estrepitosamente la votación en La Rioja, según tengo entendido, su trampolín para presentarse otra vez a la presidencia.

    Si gobernó desde 1989 a 1999, me pregunto que tipo de limitación hay en la Argentina si es que ahora pudiera presentarse de nuevo…

    Acá no existe ningún tipo de limitación, y el Jefe de Estado es vitalicio y no se decide según las urnas.

  7. avellanal dijo:

    En el caso de Menem, gobernó 10 y años y medio, en efecto, a saber: un primer período de seis años (antes de la reforma constitucional de 1994 los mandatos presidenciales duraban ese lapso), y después un segundo período de cuatro años, ya que fue reelecto. Luego, puede volver a presentarse, como cualquier ciudadano (y así lo hizo en 2003, cuando salió primero y después no se presentó a la segunda vuelta, por lo que terminó asumiendo Kirchner, que había sido segundo), dado que ya transcurrió un período desde que él abandonó la Casa Rosada.

    Ciertamente lo grave sería que el Jefe de Gobierno sea vitalicio.

  8. val dijo:

    No tienen ningún sentido que al pasar X años pueda volver al poder el mismo hombre. Si se considera que sólo puede estar dos legislaturas, que sean esas dos y ninguna más: jamás.

  9. avellanal dijo:

    Sí que tiene sentido. Lo cuestionable no es que un político que ya ocupó cargos públicos pueda volver a someterse al juicio del electorado transcurridos los plazos que manda la Constitución, sino que el gobernante que está en el poder, controlando los resortes económicos del Estado tenga esa posibilidad indefinida, pues es de pura lógica que corre con ventaje frente a sus adversarios. Luego, el presentarse a una elección es un derecho político básico, y salvo algunos casos excepcionales, no hay motivo para que se le imposibilite a un ciudadano ejercer dicha prerrogativa.

  10. val dijo:

    Se entiende que se limitan los mandatos por corrupción: quien ha tenido acceso al poder ya ha sido corrompido, quien ha tenido acceso al poder ya tiene contactos en las altas esferas.

    No, no tiene sentido.

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