Discos que influyeron en mi formación musical (VII)


The Who Sell Out – The Who (1967) Hablar de esta emblemática formación británica es, para mí (con el transcurrir del tiempo lo he comprobado, y con probabilidad este criterio se modifique en algún tiempo, aunque espero que no sea así), hablar de quizá el mejor grupo de rock ‘n’ roll de todos los tiempos. Tal vez la etiqueta suene demasiado grande, y sin margen a mucha discusión se comience a citar en primera instancia a los Beatles, luego a los Rolling Stones y posiblemente a Pink Floyd y a Led Zeppelin, por nombrar otras bandas paradigmáticas que a priori son acreedoras, con total justicia, de tal rótulo. No obstante, en mi altar personal, al cuarteto antes mencionado, le agregaría sin ninguna vacilación a los Who. Básicamente porque se trataba de un grupo compuesto por cuatro músicos talentosísimos (Led Zeppelin también; no así los Beatles y los Rolling Stones, y de lo contrario, solamente queda comparar a Keith Moon o a John Bonham con Ringo Starr o Charlie Watts, sin menospreciar a éstos dos úlrimos), esto es, casi insuperables en lo suyo.

Pete Townshend, uno de los más notables compositores de rock que haya pisado este planeta jamás, al que ubico casi al lado de mitos como Dylan y Lennon sin que me tiemble el pulso, ideó en el año de los grandes discos, un disco que, injustamente, suele pasar bastante desapercibido cuando se enumeran las obras maestras editadas durante aquel inmortal 1967. Si bien no se trata de la cúspide artística del grupo, The Who Sell Out dio inicio a una esplendorosa sucesión de álbumes de estudio (como Tommy, Who’s Next, Quadrophenia y Odds and Sods), a la par que supuso, eso sí, el punto máximo de los británicos como representantes del pop-rock. Porque, huelga decirlo, el trabajo en cuestión es una fusión de canciones que emanan sonido pop por los cuatro costados, y bien podría ser caratulado como uno de los primeros discos conceptuales de la historia, que presenta además la particularidad de imitar la programación de una estación londinense de radio pirata, por lo que entre algunas canciones, aparecen, a modo de nexos, breves jingles publicitarios, que le otorgan al concepto unitario del álbum un toque entre delirante y socarrón.

Y este recorrido comienza con “Armenia City In The Sky”, un efectivo tema que no fue compuesto por ninguno de los miembros de la banda, sino por John Keen, el chofer de Townshend, y que presenta elementos claramente psicodélicos –como el riff en el que sobresale el poderoso bajo de John Entwistle, además de la presencia de nada menos que una trompeta–. Aparece enseguida una entretenida publicidad sobre semillas horneadas para el té: “Heinz Baked Beans”, que da paso a una de las joyas del disco: “Mary Anne With The Shaky Hand”, una exquisita balada (que insinúa más de lo que explicita en cuanto al asunto un tanto impúdico de la masturbación asistida), en la que se destaca la diáfana melodía.

Luego viene otro aviso publicitario muy gracioso: “Odorono”, en el que Pete Townshend cuenta el profundísimo asunto de los perjuicios que trae aparejado para una chica el no uso del desodorante en cuestión. Todo es una excepcional excusa para apreciar una maravillosa performance de guitarra. Al finalizar esta pieza, se cuela un precioso jingle ejecutado por una joven de voz risueña. En “Tattoo” lo que más me gusta es la deliciosa introducción de guitarra acústica y el dulce estribillo en el que se escucha: Welcome to my life, tattoo. We’ve a long time together, me and you. Cuando se apagan las últimas estrofas de esta canción, súbitamente aparece una transición memorable, que da pie para otra hermosa balada, por la que tengo especial predilección, pese a que pueda parecer en exceso repetitiva: “Our Love Was”, pieza en la que me deleitan, por sobre todo, esos interminables y lúdicos: love, love, love, long, que a coro se pronuncian en el corazón del tema.

Después se despliega, con suma potencia y majestuosidad, el que fue el primer single del disco, y a la vez, uno de los mayores éxitos de la formación: “I Can See For Miles”, un tema en el que se combinan a la perfección el talento compositivo de Pete, la batería endemoniada de Keith y la (indiscutible) buena voz de Roger, con armonías vocales muy rebuscadas. “I Can Reach You” es una canción muy asequible, entradora, con un pegadizo estribillo armónico que reza: I can’t reach you. I’ve strained my eyes. I can’t reach you. I’ve split my sides. I can’t reach. Tryin’ to get on you. See, feel or hear form you. “Relax” se aleja un tanto de la atmósfera pop, y sobresale aquí un consistente riff y una sección instrumental intermedia que habla a las claras sobre el talento que este conjunto de músicos exponía a la hora de manipular sus respectivos instrumentos.

A continuación llega un par de composiciones menores, pero que poseen la peculiaridad de resultarme, al menos a mí, sumamente hechizantes, magnetizadoras, como si se tratara de temas en los que uno se deja llevar por la guitarra acústica y las reflexivas melodías: me refiero a “Silas Stingy” y “Sunrise”. Y con la experimental mini-ópera “Rael 1” de Townshend se cierra el lado dos del disco, pero no todo se acaba allí, pues en la edición remasterizada de 1995 nos encontramos con la agradable sorpresa de diez bonus tracks, lo que representa una auténtica rareza. Pondría énfasis en la delicada “Glittering Girl”, que cuenta con un muy buen trabajo vocal de Pete Townshend y un pomposo riff eléctrico sobre el final; en “Melancholia”, que es la canción más sombría de todo el álbum y quizá también una de las más esmeradas en cuanto a letra se refiere, con versos como: The sun is shining, but not for me. The sun is shining, but not for me. I’ve never felt so bad, the fires dive me mad; en la lozana “Early Morning Cold Taxi”, una de las poquísimas contribuciones compositivas de Roger Daltrey, que no es la octava maravilla, pero que tiene el mérito de ser muy fluida; en la vuelta de tuerca lograda con la pieza clásica de Edvard Grieg “Hall Of The Mountain King”, que viene a ser otro de los momentos estrictamente psicodélicos del disco, y al mismo tiempo, un catálogo de destrezas instrumentales; y finalmente en “Girl’s Eyes”, una bonita y alegre composición pop del enorme Keith Moon. En breves palabras, estamos ante una obra que, como todo disco conceptual, tiene que ser oído de un tirón, sin interrupciones, y requiere a su vez una especial atención por parte del que lo escucha.

Pienso que pocos álbumes pueden combinar tan armoniosas y elaboradas canciones de corte netamente pop, con trazos experimentales, toques psicodélicos y un ameno sentido del humor. Un trabajo de avanzada que significó el empujón definitivo para consolidar a, como he dicho al inicio, tal vez la mejor banda de rock ‘n’ roll de la historia.


Willy And The Poor Boys – Creedence Clearwater Revival (1969) Uno de los legados musicales más valiosos que me han transmitido mis padres, desde que yo era un despreocupado impúber, fue Creedence Clearwater Revival, un grupo que ya no se escuchaba tanto como se cree, allá por los primeros años de la década del noventa, si bien existe (todavía hoy) una considerable cantidad de temas exitosos (ya clásicos) que a mucha gente les deben resultar familiares, aunque seguramente no tengan noción de quiénes fueron los cuatro californianos encargados de crearlos.

Y durante ésos años de anarquía en lo que a gustos musicales se refiere, el característico sonido de Creedence (rock clásico con resonancias sureñas, fusionado a su vez con toques de blues y country) prendió en mí con suma facilidad. Willy And The Poor Boys fue el álbum que más disfruté (y disfruto), esencialmente porque contiene una de mis canciones favoritas de todos los tiempos: “Fortunate Son”, o la perfección sintetizada. Nada, absolutamente nada sobra en esos poco más de dos minutos que saben a gloria, desde el inconfundible riff que le da inicio, hasta la severidad combativa que se desprende de la voz de John Fogerty en una letra que es una furibunda pero sutil crítica a la guerra de Vietnam: Some folks inherit star spangled eyes. Ooh, they send you down to war, Lord. And when you ask them: How much should we give? Ooh, they only answer more! more! more! Es una de esas (pocas) canciones a las que siempre vuelvo.

Pero el disco se abre en realidad con otro de esos temas que resuenan una y otra vez en la memoria auditiva colectiva: “Down On The Corner”, que contiene posiblemente la melodía más contagiosa jamás compuesta en la historia de la humanidad, y un excepcional trabajo por parte de Stu Cook en el bajo. Encima, las armonías vocales durante el estribillo, resultan a todas luces impecables. Es imposible no quedar tarareando aquello de: Down on the corner, out in the street. Willy and the Poorboys are playin’. Bring a níkel; tap your feet. Después tenemos un frenético rock and roll que podría haber pasado como perteneciente a los años cincuenta, llamado “It Came Out Of The Sky”, en el que sobresale la guitarra del líder del grupo.

Otra de mis piezas preferidas de Creedence es “Cotton Fields”, en la que se puede distinguir sin inconvenientes las marcadas influencias country y folk que le otorgan un aire jubiloso a esta notable versión de la composición de Lead Belly. El punto más bajo del álbum, sin ninguna duda lo constituye la pieza instrumental “Poorboy Shuffle”, en la que el menor de los Fogerty se despacha con una monótona ejecución de armónica. Promediando, nos encontramos con las mencionadas pinceladas de blues, en un extenso número con picos letárgicos titulado “Feelin’ Blue”, del que subrayaría principalmente los dos primeros minutos.

“The Midnight Special” podrá sonar un tanto repetitiva, sobre todo con ese estribillo a coro no muy complejo: Let the midnight special shine a light on me. Let the midnight special shine a ever loving light on me, pero indudablemente se inscribe también dentro de los clásicos del grupo que no son de creación propia. Y aunque a esta canción también la han versionado Little Richard, Paul McCartney, Pete Seeger, Van Morrison y los ABBA, entre otros, ninguna adaptación ha trascendido tanto como la de la banda californiana. Luego aparece “Side O’ The Road”, otra pieza instrumental, pero con una dosis mucho más alta de elaboración y virtuosismo a la hora de la ejecución, lo que se puede apreciar en los contundentes solos de Fogerty.

Y para finiquitar el disco de la mejor manera se reservaron una pequeña gema que si bien no suele ser muy reconocida, merece ubicarse con total justicia dentro de los mejores temas de esta efímera formación: estoy hablando de “Effigy”, pieza que recuerda, de algún modo, al temprano folk-rock psicodélico del escocés Donovan, creando a base de guitarras una atmósfera enigmática y apocalíptica harto infrecuente en las secciones rítmicas de Creedence.

Para mi gusto, el disco más sólido de un grupo que, en muy poco tiempo, dejó una huella imborrable que los convirtió en uno de los más destacados conjuntos del rock estadounidense de los sesenta, y por ende, automáticamente en una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos.


A New World Record – Electric Light Orchestra (1976) No registraba, cuando era un tierno imberbe, ningún tema de la Electric Light Orchestra más que el hiper conocidísimo hit “Last Train To London” (incluido en Discovery, de 1979), y de algún modo, tenía pensado que se trataba de una banda menor y altamente pretenciosa, más cercana al pop hortera que a otra cosa. ¡Qué equivocado estaba! Hoy, y aunque ya no integran mi repertorio habitual, puedo reivindicar sin paliativos (y sin sonrojarme) a la ELO (del mismo modo que lo hago con ABBA, y en menor medida con los Bee Gees).

No voy a aseverar que fueron más grandes que los Beach Boys, pero sí estoy convencido que se trató de un grupo clave dentro del mundo pop (bien entendido) de los setenta, e incluso principios de los ochenta. Pocos artistas se han animado a intentar combinar el sonido característico e innovador de los Beatles con la música orquestal, a fin de lograr perentoriamente una síntesis que desarrolle un sentido ampuloso y comprensivo del pop, a la vez que conciliadora con el sentido estrictamente comercial que desde siempre ha operado como nota diferenciadora de este amplio movimiento musical. Bueno, Jeff Lyne lo hizo con demostrada sapiencia (y por eso, lo más importante: salió bien parado).

Una vez que Roy Wood abandonó la formación original, quedando Jeff como el centro espiritual sobre el que giraba el universo compositivo absoluto de la banda, éste comenzó a buscar nuevos caminos y modificó en gran parte, en relación a lo hecho hasta ahí, el rumbo musical a desarrollar por la ELO. Y conociendo prácticamente toda su discografía, estoy seguro que no realizaron un trabajo más redondo que A New World Record, pese a que acostumbra a ser un disco no muy apreciado (en realidad, estimo que ningún disco de la ELO es verdaderamente valorado del modo que merecería; quitando algunas comprensibles “manchas negras”, claro).

“Tightrope” es un prototipo del representativo sonido pop que se reitera a lo largo de todo el álbum, armonizado con cuidados arreglos orquestales, que se pueden apreciar con nitidez especialmente durante la introducción de un minuto y medio, en la que se destacan los instrumentos de cuerda, hasta que comienza la parte vocal. Seguidamente aparece una de las baladas con más hermoso sentido melódico que yo he escuchado en mi vida: “Telephone Line”, que me encanta desde su curioso inicio con una inquietante resonancia que hace las veces de una línea telefónica, pasando por la dramática entonación de la voz líder, y hasta llegar a los brillantes arreglos corales (sobre todo a la hora de interpretar el estribillo: Telephone line, give me some time. I’m living in the twilght).

La faceta netamente rockera se deja traslucir, con especial énfasis, en dos canciones: “Rockaria!”, una pequeña joya de poco más de tres minutos, que posee una memorable introducción con voz femenina de ópera, que a lo largo de la pieza vuelve a irrumpir, combinándose con el impecable trabajo vocal de Kelly Groucut, y la importante presencia de las guitarras; y “Do Ya”, una potente canción compuesta mucho tiempo antes por Lyne, que fue reinventada para la versión de la ELO, en la que nuevamente las guitarras acaparan toda la sección instrumental.

“Mission (A World Record)” es otra placentera balada, con tono apesadumbrado (y el silbido de unas sirenas incluido), en la que el piano de Richard Tandy adquiere un peso predominante para guiar los destinos de la composición (las reminiscencias de McCartney, de hecho, son palmarias). En contraste con el tema anterior, “So Fine” es una pieza mucho más ecléctica en lo musical, puesto que contiene, por ejemplo, en la parte central, el sonido de tambores africanos, que se ensamblan con la multiplicidad inconfundible de instrumentos (la aparición de los violines es soberbia) y un ajustadísimo coro que logra su clímax entonando solamente: I want it so fine.

Mención aparte merece “Livin’ Thing”, la perla del álbum, y una de esas canciones cuya escucha produce un gozo interno incomparable, muy relacionado con el “deleite culposo” de toda maravilla pop como ésta. Los arreglos orquestales, los efectos sonoros (como los ecos) y los ejercicios vocales, componen una amalgama melódica que verdaderamente cautiva los sentidos desde la primera vez que se entra en contacto con ella: resulta difícil, por no decir imposible, quedarse indiferente ante esta composición avasalladora. De más está decir que la performance coral es superlativa, substancialmente en el pegadizo estribillo: It’s a livin’ thing. It’s a terrible thing to lose. It’s a given thing. What a terrible thing to lose.

Después nos topamos con el tema más corto del disco: “Above The Clouds”, que siempre me ha hecho recordar un tanto a los Beach Boys más maduros, sobre todo por la ausencia de ajustes épicos y por la serenidad puesta de manifiesto en el trabajo vocal de Jeff Lyne. Para concluir este trabajo de estudio dejaron una encantadora balada que se me antoja la mar de tierna: “Shangai-La”, en donde se entremezcla, sobre el final, otra vez la voz operística femenina de Mary Thomas, y una letra que hace referencia al amor perdido y alusión directa a los Beatles.

Éste álbum es, además de la obra maestra de un talento inusual y multifacético como Jeff Lynne, el exponente superior de un pop nítidamente comercial (cada uno de los temas precedentes podrían haber sido singles exitosísimos en cualquier disco), pero, especialmente, innovador (los adornos orquestales así lo confirman) y superador en todo sentido. Habrá que seguir escuchándolo con atención, regocijo y sin culpas.

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14 respuestas a Discos que influyeron en mi formación musical (VII)

  1. Ignacio dijo:

    “hablar de quizá el mejor grupo de rock ‘n’ roll de todos los tiempos.”

    Esa afirmación es rotundamente polémica.

    De Creedence mi tema favorito es “Down of the corner” y de la ELO nunca he escuchado mucho y nunca pensé que te gustara tanto.

  2. Facu dijo:

    Sabés lo que pasa man? Que en este país vos decís The Who y la gente no tiene ni idea de quienes son.

    Muy buenas las reseñas, pero me sorprende que todavía no hayas puesto algún disco de lo Kinks, que sé que tanto te apasionan. :) Y de Creedence en tu casa ví un recopilatorio xDDD

    Te quedó bárbaro el blog con este nuevo formato che. Felicitaciones!!!

  3. gisele dijo:

    Claudi!!! :D Lindísimo todo el blog. Lo estuve viendo casi todo y me fascinan todas las cosas que vas poniendo acá, así que mis felicitaciones. No sé como no me avisaste antes que tenías este espacio… jejeje, me da verguenza tener un myspace :$

    Te mando besitos y prometo desde ahora pasar con muchaaaaaa frecuencia. ;)

  4. avellanal dijo:

    Gracias por pasar. Para la próxima entrega de estas revisiones discográficas The Kinks tiene un lugar asegurado. ¡Y a escuchar sin pudores a la ELO!

  5. val dijo:

    Sabes que no soy muy fan de la ELO. La Creedence admito que sólo he escuchado el ‘Chronicle’, y me encanta. En cuanto a los Who, no podría situarlo a la altura del resto de grupo que citas, principalmente porque creo que tienen un punto débil: sus discos no me parecen redondos.

  6. Paulo dijo:

    No creo eso de que en Argentina ‘decís The Who y la gente no sabe quienes son’, conozco mucha gente que ama a The Who (la gente jóven, puede que no sepa, ya que en estos tiempos se escucha cualquier cosa). Concuerdo, son la mejor banda de rock and roll. De Creedence, solo conozco Willy and the poor boys. Buen disco por cierto. Y de la ELO, nada más allá de los temas más conocidos, nunca me llamó la atención.

    Me gustaba más el formato anterior, pero este está lindo también. Excelentes reseñas, como de costumbre. Saludos.

  7. Araña dijo:

    “y sin margen a mucha discusión se comience a citar en primera instancia a los Beatles, luego a los Rolling Stones y posiblemente a Pink Floyd y a Led Zeppelin, por nombrar otras bandas paradigmáticas que a priori son acreedoras, con total justicia, de tal rótulo. No obstante, en mi altar personal, al cuarteto antes mencionado, le agregaría sin ninguna vacilación a los Who. Básicamente porque se trataba de un grupo compuesto por cuatro músicos talentosísimos (Led Zeppelin también; no así los Beatles y los Rolling Stones, y de lo contrario, solamente queda comparar a Keith Moon o a John Bonham con Ringo Starr o Charlie Watts…”

    ¿Y los miembros de Pink Floyd? ¿Qué opinión te merecen ellos?
    Muy interesantes estas reseñas y con el agregado de una todavía mejor redacción.

  8. pads dijo:

    esta vez no coincido apenas con tus elecciones… The Who no son mi grupo favorito, nunca me han llamado la atención, pero sin embargo si que tengo ganas de escuchar con más detalle a la CCR

  9. avellanal dijo:

    De más está decir que no estoy para nada de acuerdo con eso de que los Who no han sacado jamás un disco redondo. Tal vez no tan redondo-redondo como el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, pero es que: ¿alguien lo ha hecho? De hecho, desde el disco reseñado hasta el “Odds and Sods” la discografía de los Who me parece impecable. No sé qué tan conocidos son en Argentina, pero ciertamente no tanto como los Rolling, eso seguro.

    Con la ELO ya veo que hay mucho prejuicio dando vueltas.

    Con respecto a Pink Floyd, hubo tantas formaciones que me pierdo. Pero obviamente destaco por sobre todo a Syd, Roger y David, y en menor medida a Nick Mason y Rick Wright.

  10. Germán dijo:

    Bueno, parece que soy el más “viejo”. Primero estoy en desacuerdo contigo sobre Watts, tiene un tempo increible y exacto, en razón de que es un baterista de jazz ante todo. La mayoría de los bateristas actuales le deben mucho, ese es su legado.

    En cuanto a los Who, estoy de acuerdo con vos, para mí es la cuarta gran banda.(claro que no te dije las otras 3 ;) ) si querés ver su obra cumbre, no te pierdas o en su defecto te sugiero “su” película musical “Tommy” en la cual encontrarás, además de su música increíble, una estética bien setentista, además de unos irreconocibles Elton John y Tina Turner, te vas a sorprender.

    Ahora bien ELO, bueno para mí una de las mejores bandas que he escuchado, donde sus arreglos musicales entre lo eléctrico y las cuerdas te dejan con la boca abierta, amén de haber comprado y escuchado “Discovery” cuando era un nene.

    Otra “cosilla” sin Mason y Wright, Pink Floyd, no existe, punto. Son miembros fundadores y siguieron hasta el final. Escuchá denuevo y poné atención a los teclados y la batería… te sorprenderá.

    Y……. si “Sgt. Pepper” ES el album bisagra. :)

  11. avellanal dijo:

    Che Germán, antes que nada: porque acá me dejen mensajes algunos españoles, no tenés necesidad de escribir imitando su forma de hablar o en español neutro.

    Ahora, yo no desmerezco a Charlie Watts ni tampoco a Ringo Starr, ni les resto talento en el manejo de la batería, y soy perfectamente conciente de que fueron (y Charlie lo sigue siendo) grandes de verdad, pero si los pongo en la balanza junto a Keith Moon y John Bonham, tengo clara preferencia por éstos dos últimos.

    Luego, poco serio sería que yo dijera acá que The Who son la mejor banda de rock ‘n’ roll de la historia sin haber escuchado y visto “Tommy”. Por otro lado, me alegra que te guste la ELO (¡por fin alguien que los reivindica!). Y lo mismo que dije al principio corre con respecto a Mason y Wright: inmensos los dos, pero a la hora de privilegiar, mis referentes son Syd, Roger y David.

  12. Germán dijo:

    Perdón por lo de “cosilla” y demás yerbas, he leído demasiadas traducciones españolas y han derretido mi pobre cerebro. Te quiero decir pendex que Charlie es distinto, está al mismo nivel que Moon y Bonham. Lo distinto de los 2 últimos, está en sus variaciones infernales, cosa nunca vista antes. En realidad el primero es Moon el que deja como “secundarios” el redoblante y el charleston (piezas fundamentales de la bata) con sus variaciones, dejando la gran marca de tocar distinto a como se venía haciendo hasta el momento, es decir el rock, viniendo de la mezcla del blues y jazz. Bonham le sigue al poco tiempo. Charlie es el máximo exponente de esa “antigua” forma de tocar.Poco despues llega Bradford de Yes, que llega a un nivel superlativo, ese “nene” tendrías que oirlo, después me dirás si lo alguna vez lo escuchaste, quien sabe. Poco tiempo después la “finura” de la bata se va pasteurizando, llegando al inefableeeeee Phil Collins.

    Lo mismo pasa con el bajo. Paul “insípido” Mac y Bill de los Rolling, tocan a la vieja manera, mientras que John Paul Jones de LZ y John Entwistle de The Who, cambia completamente la manera de tocar el bajo. Revolucionan la interpretación del instrumento. Eso no quiere decir que los 2 primeros no sean bajistas de primer orden y compositores también. Cuidado con los compositores de la época. Quiero decir que firmaban “lennon-maca” o “Keith-Brian-Mick”, pero la banda componía en su conjunto y se repartían a partes iguales, al menos hasta el 67-69, dependiendo de la banda.

    Aguante ELO, me rompió la cabeza los arreglos de cuerdas con instrumentos eléctricos. Gracias a ellos siempre busco recitales en cds y dvds, que contengan armonías intrincadas entre instrumentos que “supuestamente” no pegan. No olvides que en música los arreglos son la parte más dificil de hacer. Debes ser un verdadero músico, con todas las letras.

    Ahhhhh, Ringo, es irrelevante como interprete musical. Los Beatles necesitaban un “profesional” en aquella época. Se sacó la grande ;)

    Otro día la seguimos

  13. avellanal dijo:

    Quizá otra de las diferencias que separan a Moon y Bonham de Watts sea el virtuosismo y la importancia que los dos primeros tenían arriba del escenario, mientras que Charlie suele pasar más desapercibido, tal vez por el excesivo protagonismo de Mick y Keith.

    Con respecto a Paul, si lo tomamos solamente como bajista, es obvio que sale desfavorecido en la comparación con John Paul Jones y John Entwistle, pero igualmente yo creo que McCartney es muchísimo más que un mero bajista: es tal vez uno de los mejores compositores de los últimos cuarenta años, ahí al lado de Lennon y Dylan.

  14. Germán dijo:

    Estaba hablando como ejemplo de interpretes, sacá de lado la parte compositiva.

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