“La sombra sobre Innsmouth”, de H. P. Lovecraft

La figura de Lovecraft fue, en partes análogas, respetada y execrada por Borges, quien afirmó en los años treinta, poco después de su muerte: Aquel Howard era, en cierta medida, como yo. Tras esos cuentecillos de ciencia ficción, tan bellamente escritos, se ocultaba un hombre preocupado por el tiempo, por la Eternidad, para luego, en 1973, y en ocasión del posfacio de su cuento There are more things, confesar que siempre lo juzgó como un parodista involuntario de Poe.

Acaso sugestionado por ésa última consideración de Borges –que guarda un dejo irónico, como era su costumbre–, siempre sorteé la lectura de las obras del aludido escritor estadounidense, ocupándome con especial énfasis de su compatriota Edgar Allan Poe. Mis subterfugios, hasta aquí muy efectivos, se fueron al demonio cuando alguien me obsequió La sombra sobre Innsmouth, y me solicitó a su vez que, luego de leerla, le diera mi opinión. No me quedó otra opción que adentrarme en el universo ficcional de quizá un loco, quizá un genio.

Lo cierto es que la lectura, si bien se trata de una obra breve, me demandó apenas algo más de una hora. Teniendo en cuenta que no soy un lector voraz, este dato no es mera anécdota, pues habla por sí mismo acerca del grado de atracción que la historia ejerció en mi persona.

Lovecraft se vale de un recurso que va a contramano, por ejemplo, del cine de terror actual, en el que ha prevalecido, en líneas generales, la decisión estética (pues eso es en definitiva) de la explicitud: pareciera que los espectadores, lejos de eludir al sufrimiento, reclaman, están sedientos de encontrarse con la exhibición de escenas rebosantes de sadismo, suplicios y crueldad. Por el contrario, en La sombra sobre Innsmouth, el escritor decide, en la medida que el desarrollo de la historia se lo permite, ser elíptico, limitarse a sugerir más que a explicitar. (Es necesario convenir que entre explicitud y el formato audiovisual existe una afinidad marcadamente mayor que entre explicitud y el lenguaje escrito). Con toda probabilidad, el mencionado recurso fue uno de los polos magnéticos que me hizo penetrar de buenas a primeras en el fragmento de la cosmogonía lovecraftiana que supone la novela corta en cuestión. Y es de resaltar que el horror arcaico que propone Lovecraft, es durante la mayor parte del relato, inefable, inenarrable; curiosamente, dos adjetivos que se repiten con insistencia, en boca del anciano Zadok Allen y del mismo protagonista.

Personalmente destacaría dos momentos que, a la postre, resultan, según mi modo de analizar la novela, los de mayor significación: el extenso relato, entre alucinatorio y real, que realiza el mencionado Zadok Allen, y que opera como definitivo preámbulo para el meollo de la narración, esto es, el capítulo cuarto, en el que se describe, con una meticulosidad pesadillesca, los sucesos que acaecen en la noche que el narrador se ve obligado a pasar en el decadente pueblo de Innsmouth.

Lo monstruoso está presentado, si bien con una prosa no muy rica (además de los adjetivos citados, me encontré con un abuso de palabras como “retahílas” y “ominoso”, entre otras), si muy efectiva a los fines de representar el horror cósmico que inunda, como el nauseabundo olor a pescado en Innsmouth, todo el relato. Expresiones como “aquellos contornos inhumanos” ciertamente resultan más inquietantes que una descripción exhaustiva de esos seres que desbordan ampliamente los límites de lo cotidiano, y que no poseen valores asimilables a los humanos, y de allí la incertidumbre (que bordea con la locura) que sus ignotos propósitos provocan.

El delirio sin freno de Howard Phillips Lovecraft, con toda seguridad, será objeto de mayores satisfacciones –me arriesgo a afirmarlo con una sola lectura a cuestas– para aquellos que no se sumergieron todavía en el mundo alucinante de Poe. Si sucede a la inversa, como es mí caso, la impresión que los textos del nacido en Providence puedan causar, de seguro, no será tan penetrante. Aunque, huelga decirlo, obras como La sombra sobre Innsmouth –dato al margen: la película In the mouth of madness, de John Carpenter, que he visto recientemente, posee una estructura y elementos que guardan gran similitud con la novela de Lovecraft– irrumpen en la mente del lector, trazando grietas que propagan los avatares del miedo, ante un indómito frenesí de patetismo, que conduce, de modo inevitable, al derrumbamiento de todo razonamiento lógico, al menos por un instante. Y, para los amantes del género, eso ya es de agradecer.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Literatura. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a “La sombra sobre Innsmouth”, de H. P. Lovecraft

  1. val dijo:

    Al final caíste, ¿eh? Fantástico:D

  2. instanton dijo:

    No sé si se te atragantará Lovecraft, porque esos adjetivos exagerados y la repetición de “onimoso”, “blasfemo”, las “dimensiones oblícuas no euclídeas retorcidas” y los “horrores sin nombre”, se repiten hasta la náusea. Eso es lo que hace el estilo de Lovecraft peculiar.

    Creo que si lo que te ha gustado ha sido la sugerencia del horror cósmico sin mostrar nada, el mejor cuento que puedes leer tras “La sombra…” es “El color llegado del espacio”, mi preferido, precisamente por esa sugerencia.

    También te recomendaría “En la noche de los Tiempos” que es en donde se reune lo mejor de la gnosis lovecraftiana.

    Por cierto, creo que esto te puede interesar:

    http://agua.drimar.com/2007/08/25/citas-citables-there-are-more-things/

  3. pads dijo:

    vaya, me alegra que te haya gustado!!!! no sabía que hasta ahora eludías al hombrecillo de Providence, pero ahora te queda todo un mundo de horrores por descubrir (… o no). Quizá por su, en mi opinión, cercanía con Borges te gustaría Reliquia de un mundo olvidado-

  4. avellanal dijo:

    Gracias por el enlace, instanton. Básicamente, coincido con ésa opinión sobre la cuestión “Lovecraft” en Borges, aunque tampoco se puedan tener demasiadas certezas, y por ende, resulta más cómodo decir que fue una figura execrada y respetada por el autor de “Ficciones”. Lo único que debería apuntar es que el comentario ése en el que afirma que Lovecraft es un parodista involuntario de Poe no lo hace en el prólogo, sino en el epílogo de “El libro de arena”.

    Seguiré entonces con “El color llegado del espacio”.

  5. Pingback: El horror de Dunvich de H.P. Lovecraft y Santiago Caruso | El blog de Metropolis Libros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s