La patria literaria

Dos extremos. Un amigo, hace no mucho tiempo, se dirigió a mí, a través de una correspondencia informática (¡qué expresión tan fea!, me hace recordar a “transferencia de información” o “transferencia de archivos”), como compatriota literario. Pocos encabezados he encontrado más hermosos (y sutiles) que éste, sobre todo, considerando que él y yo no tenemos idéntica nacionalidad política, pero sí –y esto es lo verdaderamente significativo– compartimos una especie de fervor que acaricia la devoción por las letras, y en especial, por su máxima expresión artística: es decir, la literatura.

La altísima humanidad cuyo nombre era Julio caminaba con displicencia, a las dos de la madrugada, de regreso hacia su hogar, en las nunca dormidas calles de Buenos Aires. Cuando pasaba por la esquina de Maipú y Viamonte, escuchó que el vendedor de diarios (porque, se sabe, existen noctámbulos que compran el periódico) le gritaba con entusiasmo: Che, Julio, vení. Che, Julio, vení a hablar. De inmediato, Julio se cruzó, y junto a un amigo del diariero, se metieron en el bar de enfrente. Allí, los tres discutieron, entre cafés y cigarrillos, sobre ideología y política. El vendedor de diarios no terminaba de comprender las razones por las que Julio vivía lejos de allí, lejos de Buenos Aires, lejos de la Argentina. Le decía, como tratando de dejar ver una verdad que se caía de madura: ¿No sabés que la Argentina es el mejor país del mundo?. Dos extremos.

Cuando Borges era joven –que, aunque muchos no salgan de su asombro, alguna vez lo fue–, escribió versos de los que luego manifestó avergonzarse. Sin embargo, considero que la mayoría de ellos no tienen nada, absolutamente nada, de olvidables.

Hablan de patria: Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada. La oración evidente del sauzal en los atardeceres.

Siguiendo con la historia de Julio y el vendedor de diarios, el primero le contestó: Mirá, estás equivocado: que yo viva lejos –puedo tener mis motivos- es un problema, pero en lo que estás equivocado es en afirmar, como lo estás afirmando, engolando la voz, que la Argentina es el mejor país del mundo. La Argentina no es el mejor ni el peor país del mundo. La Argentina es un país como todos los países del mundo. Pensá que en este momento en que vos decís esto hay un mexicano que dice: México es el mejor país del mundo. Y hay un peruano diciendo: Perú es el mejor país del mundo. ¿Te das cuenta que eso nos está desuniendo en vez de juntarnos? Claro que es un hermoso país, pero no el mejor del mundo. Y mientras no nos quitemos esa tontería de la cabeza y se la quiten los mexicanos o los peruanos le haremos el juego al enemigo, que busca –es uno de sus caminos- dividirnos por el lado del nacionalismo.

Quizá Cortázar, que es el Julio de la anécdota, haya tejido su reflexión desde un enfoque extremadamente político e ideológico. No obstante, eso no le quita ni un ápice de validez a la esencia de su idea. Es probable que cada día, un nacido en Francia, un nacido en Cuba, un nacido en Bélgica y un nacido en Argentina (países en los que él dejo, de alguna manera, una huella profunda, pero que podría ser cualquier otro del mapamundi) se hermanen por el milagroso acontecimiento de estar transitando al mismo tiempo por las páginas de Rayuela, sin ordenes lógicos, sin límites territoriales, y con el común denominador de concebir a la literatura como la única patria inagotable, como la única patria posible.

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6 respuestas a La patria literaria

  1. claudiabrena dijo:

    ¿Sabes? Esta es una idea que siempre asoma en mi cabeza. La razón, hace tres años emigré a los Estados Unidos. El concepto de Patria, desde entonces, se volvió un poco confuso. A decir verdad, este viaje me hizo darme cuenta de que todos los países son bellos, a pesar de su política o economía. El pueblo, la gente, la esencia de los seres humanos hacen que todos los países tengan cierta belleza. Yo soy ciudadana del mundo y no creo que Perú ni Estados Unidos, ni Argentina ni ningún otro país sea mejor que otro. Ideas como la que presentas en tu escrito hacen que nos acordemos de que somos una sola raza, la raza humana.

  2. avellanal dijo:

    Sí, yo reduje la idea al campo literario porque así se expresó mi amigo y ya que pretendía reproducir la anécdota de Cortázar; pero en el fondo, subyace la noción de igualdad entre los hombres, que no es otra cosa que una preciosa concepción humanista.

    Saludos.

  3. Knut dijo:

    (Siento la ausencia de tildes, pero el ordenador no da para mas)

    No me gusta mucho el concepto de patria quizas por su etimologia o por el uso que se ha dado en los ultimas decadas a algo que probablemente quiso significar otra cosa. Lo cierto es que asi como otras palabras llevan tras de si algo que me conmueve y me mueve desde lo mas profundo patria ofrece desde mi interior una sensacion de vacio algo ventosa, jejeje.

    Me he sentido cerca, cerquisima, de mucha gente de la que me separan abismos tanto en kilometros como en tiempo. Ando por las calles y veo generalmente extraños que estan mas lejos de lo que la cercania esconde, y sin embargo en ocasiones me he sentido junto, casi mejilla con mejilla, con gentes que llevan siglos muertas, ni siquiera el contacto ha podido ser directo, sino que he necesitado traductores para poder acercarme a ellos. Algunos me han emocionado/conmocionado desde otros, pues no han escrito directamente nada (tal es el caso de Diogenes el Perro, el Cinico grandioso que vino al mundo a mostrar la desverguenza que nos separa.

    ¿Cuantos de nosotros ha estado jugandosela buscando el cielo que se perdio cuando olvidamos que para llegar a el basta con dar golpecitos con el pie a una piedra? Cuando lei Rayuela hace ya demasiado sabia que dentro de esas paginas estariamos, juntitos y apretados, toda una pleyade de humanos lectores, una marea sin cuento de alteridad que vive dentro de todos los libros, escondidos entre los espacios en blanco de las viñetas, vibrando en el aire como musica. El arte sirve para mirar, joder, para mirarnos unos a otros pero sobre todo es el punto que favorece nuestro encuentro. Es esa su objetividad.

    Los hombres solo puende ser iguales en cuanto a derechos, porque en su estricta realidad la insuficiencia abismal que somos como individuos solo puede ser llenada por el Alter, el Otro, los Otros, tu. Los hombres por tanto todos son diferentes, porque todos son necesarios, porque no sobra ninguno ni es posible traducirlos.

    Abrazos!!!!

  4. pads dijo:

    me parece muy acertado el comentario, y es que yo, aunque no soy muy amante del instinto de pertenencia tribal, veo mucho más lógico buscar rasgos comunes en aquello que se elige libremente, sea la literatura o la afición por un equipo de fútbol que por algo aleatorio como el lugar de nacimiento. Por otro lado, creo que tu y yo viviríamos un poco lejos en la geografía literaria, como nos ha demostrado last.fm en lo musical :p

  5. avellanal dijo:

    “Me he sentido cerca, cerquisima, de mucha gente de la que me separan abismos tanto en kilometros como en tiempo. Ando por las calles y veo generalmente extraños que estan mas lejos de lo que la cercania esconde, y sin embargo en ocasiones me he sentido junto, casi mejilla con mejilla, con gentes que llevan siglos muertas, ni siquiera el contacto ha podido ser directo, sino que he necesitado traductores para poder acercarme a ellos”.

    Pues yo sólo voy a refrendar lo que has manifestado, Knut. Me ha sucedido y me sigue sucediendo, a diario, eso mismo. Y existen personas que nunca podrían llegar a comprender fenómenos tan preciosos como ésos, vaya sí existen.

    Por otro lado, es sabido que la igualdad absoluta entre los hombres es una mera utopía sin ton ni son, y que en nombre de ella se han forjado, paradójica mente, abismales desigualdades. Tal vez aquí sea bastante útil la diferenciación entre justicia distributiva y justicia conmutativa, pero ése ya es un tema que no pretendo abarcar.

    Lo cierto es que a mí el concepto de patria o de estado-nación siempre me ha resultado ajeno, y más destructivo que constructivo.

    Este párrafo, además de contender una verdad innegable, me ha parecido hermoso: “¿Cuantos de nosotros ha estado jugandosela buscando el cielo que se perdio cuando olvidamos que para llegar a el basta con dar golpecitos con el pie a una piedra? Cuando lei Rayuela hace ya demasiado sabia que dentro de esas paginas estariamos, juntitos y apretados, toda una pleyade de humanos lectores, una marea sin cuento de alteridad que vive dentro de todos los libros, escondidos entre los espacios en blanco de las viñetas, vibrando en el aire como musica. El arte sirve para mirar, joder, para mirarnos unos a otros pero sobre todo es el punto que favorece nuestro encuentro. Es esa su objetividad”.

    Y por último pads, una persona que lee a Rimbaud, vive a la vuelta de mi casa, te lo aseguro. No serás el vecino de enfrente, pero no estás muy lejos tampoco.

  6. val dijo:

    De elegir una patria, sin duda le ofrecería el baile a la patria literaria, que es bella y culta:)

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