Me niego a leer un e-book

Conste que no soy un fetichista con respecto al objeto libro. No venero lo externo, que podría asociarse a la epidermis, sino lo sustancial que hay en él, lo que se esconde tras sus páginas, la sangre del libro. Digo la sangre, porque para penetrar en la hondura de un libro no existe otro medio más efectivo que leerlo de principio a fin, así como para encontrarse con un manantial de glóbulos rojos (con el agua de la serpiente), sólo hay que perforar la capa exterior destinada a protegerlos.

Comentaba Borges en una de sus conferencias, que Ralph Waldo Emerson escribió en alguna parte que una biblioteca es algo así como una caverna mágica atiborrada de difuntos. Y esos difuntos pueden volver a ver la luz, pueden ser devueltos a la vida cuando alguien abre sus páginas. Y es que, pese a la aclaración inicial, pese a saber que las ideas trascienden al formato y no se matan, muchos somos los que sufrimos horrores cuando vemos las hogueras de libros en la Bebelplatz de Berlín, cuando pensamos en la barbaridad perpetrada en la biblioteca de Alejandría. Entonces, es inevitable sentirse como el Guy Montag de Bradbury luchando contra el Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios y su mortífera inyección hipodérmica, aunque seamos perfectamente conscientes de que don Quijote y Sancho seguirán existiendo, a pesar de que una bestia pretenda calcinar sus aventuras. Con todo, la conclusión inmediata es que las palabras de Heinrich Heine no fueron caprichosas: Ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos.

De este modo, arribo a lo que en verdad quería manifestar: pareciera que en estos vertiginosos tiempos en los que las interconexiones digitales y el infinito universo virtual que supone Internet, se han encargado de generar nuevas práctica culturales, el soporte que representa el objeto libro está en vías de extinción, o bien, condenado a convertirse en un mero anacronismo propio de nostálgicos incurables. El antropólogo Néstor García Canclini se pregunta al respecto: ¿No ofrecen los libros una experiencia más densa de la historia, de la complejidad del mundo o de los relatos ficcionales que la espectacularidad audiovisual o la abundancia fugaz de la informática?

Un amigo, exultante, me comentaba hace pocos días, que había terminado de descargar la totalidad de no-sé-qué saga literaria, no editada en la Argentina. Yo procedí a felicitarlo, como corresponde, dado que se mostraba muy alegre, pero en el fondo, esta simpleza me hizo reflexionar sobre por qué me opongo férreamente a leer un e-book, y me mantengo fiel al formato tradicional, cuando para otros supone la oportunidad y la plenitud a la vez.

En mi anecdotario particular se destacan: la aproximación inicial desde lo corpóreo –y conservar en la memoria la ciudad o la librería en que se lo adquirió, las circunstancias personales del momento–; el fisgonear con delicadeza sus páginas, con el índice o el pulgar danzando entre las oraciones; el inhalar los variados aromas de su interior –y recordarlos cuando los releemos después de muchos años–; el subrayarlos, remarcarlos o escribirlos –para luego, con el paso del tiempo, y gracias a esas huellas, comprobar mudanzas y persistencias en cuanto al ideario lector–; el encontrarse con ellos cada día, con renovados bríos, pero con la tranquilidad de saber que están ahí, ya sea en la mesita de noche cuando los leemos, ya sea en la interioridad de la biblioteca cuando les asignamos un descanso; el ejercer de forma sutil el arte de la crítica al ordenarlos en los estantes; el recibirlos como el pastor a una oveja desperdigada cuando nos los devuelven (si es que nos los devuelven, lo que significa una excepción, claro está); el protegerlos con esmero de la humedad y de insectos tan despreciables como el lepisma saccharina o el psocoptera; el introducirle innumerables clases de cosas extrañas a modo de marcadores, desde flores hasta papel higiénico todo es posible… y así podría seguir enumerando características de la relación que los libros y yo mantenemos desde hace años, pero no es mi intención continuar idealizándolos en abstracto, porque va a dar la sensación que la negación inicial es falsa, y se concluirá que sí soy un fetichista. Además, debo enviar este texto, a fin de que algún desventurado lo lea. Por lo pronto, yo me voy a aprovechar mejor mi tiempo: me aguardan en la mesa de luz, con aroma a tinta fresca y todo su peso literario, quinientas páginas que por poco equivalen a un kilo, con cuentos de Dashiell Hammett. Bon appétit.

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13 respuestas a Me niego a leer un e-book

  1. val dijo:

    “y me mantengo fiel al formato tradicional”

    Formato más tradicional sería el pergamino. ¡Añoro aquellos tiempos en que los textos eran escritos de dicha manera, poder enrollar y desenrollar las páginas…era tan hermoso!

    jeje.

    Yo de momento no me hago al e-book, precisamente porque no ha sido bien desarrollado. El día en el que existan dispositivos especializados para la lectura únicamente y de ámbito digital, sustituirán al libro sin duda.

  2. Legna dijo:

    Ja,ja. Es verdad. El formato más tradicional es el pergamino!

    A todo lo que comentas, yo le añadiría el orgullo personal de uno al mirar su biblioteca. El saciar el vicio, el unico tengo y represente un gasto de dinero,es el de comprar libros (Cuando voy a librerías de viejo,incluso compulsivamente). Y también el placer de encontrar un libro inencontrable.

    Yo tampoco me puedo acostumbrar al formato electrónico, pero aún así, y como se comenta más arriba, éste se acabara imponiendo. Quizás no sobre las generaciones que nos hemos iniciado con el papel, pero si en lo venidero. Además tendrá el valor añadido de solucionar problemas como las re-edición o la difusión de un libro.

    Un saludo.

  3. pads dijo:

    a mí me gustan mucho los libros, y compro un montón, frecuento bibliotecas y también alguna librería de viejo, pero aún así, sí que leo a veces cosas en ebook. No tanto libros, pero sí que leo bastantes cómics en formato digital, es una manera más de acceder a ciertos contenidos…

  4. avellanal dijo:

    De más está decir que a mí me parece perfecto -y hasta elogiable- que las personas lean obras literarias en formato digital. Quizá en algunos años más, hasta yo mismo lo haga. Pero de momento, no puedo y no puedo.

    Y sí, Legna, aunque mi biblioteca no sea gran cosa todavía, sobre todo si la comparo con otras, también me da cierto orgullo observarla.

  5. Albert dijo:

    El principal problema del formato digital es que no es como leer en papel. Hasta que se solventen las diferencias (por ejemplo, es peor la recepción mediante una pantalla, además de que cansa más, que la recepción de una hoja de papel), es mucho más cómodo el libro.

    Y hasta aquí mi extensa intervención, jeje.

    P.D: Clau, pásame tu dirección de mail. Que estando baneado en SeDicta(dura) no puedo entrar a ver mis mensajes y recuperar la info que hay ahí. Gracias.

  6. Ignacio dijo:

    Muy lindo todo lo dicho, pero solamente hay una cosa que no entendí y que me gustaría que me explicaras Pipi: lo de “el agua de la serpiente”…

    Y otra cosa: no te quejés de tu biblioteca, que está bárbara.

  7. kleefeld dijo:

    “Conste que no soy un fetichista con respecto al objeto libro.”

    No, no eres un fetichista, pero estás enganchado al tacto y al peso, a las páginas, a todos los movimientos que se repiten una y otra vez encima de él, a la relación física que se establece entre tú y el libro… Cosa maravillosa donde las haya, desde luego.

    No creo que el libro como objeto físico desaparezca dentro de unos años. Lo que veo más probable es que dicho libro exista en Internet para todo aquél o aquella que desea acercarse a él, pero con la posibilidad de poder imprimirlo y encuadernarlo a gusto de cada cual. El soporte será a la vez físico y no-físico, por decirlo de algún modo, para facilitar el intercambio y el comercio del “contenido”. No creo que el libro muera, está tan ligado al ser humano como lo está un utensilio para escribir o un recipiente donde comer. Obedece a una necesidad, y ahí está. Lo que sí podría desaparecer es la necesidad que mantiene vivo el libro. Entonces sí que la cosa estará algo más “jodida” (perdón por la expresión).

    ¡Saludos!

  8. iarsang dijo:

    A mí también lo que me impide leer e-books es el cansancio de la vista. Tengo ya suficiente miopía como para aumentarla leyendo en la pantalla, una de las cosas más incómodas que pueda haber. Aún así para cómics sí que lo hago, como pads, y a veces algún relato de cf muy famoso del que me hayan hablado o aconsejado vehementemente, y que no tenga o encuentre a mano en la biblioteca. Pero lo que es libros nunca, además de que también uno establece una relación con el libro físico, es algo especial. Supongo que cuando se puedan leer libros digitalmente sí que se sustituirá al libro pero, o yo soy un romántico acartonado, o no será lo mismo.

  9. JRRR dijo:

    Supongo que hasta no tener un equipo compacto, cómodo y adaptado a mi presupuesto no me incluiré en la lectura de e-books; el PC me cansa, me distraigo muy facilmente y no me puede llevar al baño ;). Es más, libros que me interesaban y que me ha sido imposible conseguir en formato tradicional los he impreso en la oficina quedándome hasta tarde cuando no hay nadie }:-).

    Ahora, si pienso qu el libro tiene que sufrir un cambio importante, sino la migración totalmente a formato electrónico quizás algo a medio camino como la impresión por demanda.

  10. avellanal dijo:

    Gracias por sus aportaciones. Compruebo que la mayoría por aquí no está tan lejos de mi opinión en general.

    Ah, lo de “el agua de la serpiente” es una viaje metáfora para designar a la sangre humana, claro está.

  11. Al dijo:

    Pues aqui si diferimos totalmente, para mi el formato es lo de menos, el contenido es lo importante. Asi leer en un pergamino, en un libro capturado por monjes a mano, impreso por guttemberg, por timun más o en pdf, tienen para mi el mismo valor en cuanto a lo que voy a leer (otro es el valor histórico o los fetiches de cada quien) Siempre y cuando el contenido sea alimento para mi mente y mi espíritu, no me importa como lo lea.

  12. Germán dijo:

    Vaya, vaya, mirá con que me encuentro Pipi ;). Yo soy el “culpable” de este artículo. Bueno, después de mi estado “exultante” por esa obra que me faltaba pues no está editada, para tu tranquilidad y la mía ya ha pasado a papel, hice pasar el pdf a papel y posteriormente a anillarlo. Debe pesar 1/2 kg. Y ya la volví a leer más comodamente.

    Estoy con vos, siempre voy a preferir el libro, siempre. Creo que conoces mi biblioteca ó te la he mostrado o te han contado, no me acuerdo, pero no importa. Lo “enfermo” en mí es que si la obra me gusta y la estoy esperando por años, me la devoro, pj este libro de 220 pags. tamaño a4 creo que la leí en 4 horas. Tanto no me cansé. Pero no es por el poco tiempo delante de la pantalla en este caso, sino (y me vuelvo a repetir) cuando me gusta una “historia” de verdad, no existe nadie, nada, entro literalmente dentro de la obra, no existe tiempo ni espacio, pues estoy “viviendo” la obra.

    Repitiéndome otra vez más, en estos casos me importa 3 pitos en que formato está. He esperado 15 años para terminar otra saga, me trajeron el libro desde España. Duró un suspiro. Claro te vuelvo a dar la razón estaba más comodo y creo que la diferencia está en que lo pude disfrutar más, pues mientras iba leyendo sentía incrédulamente las hojas entre mis dedos. No fué un polvo, pero estuvo cerca, jejeje. Fetichista, yo?

    Creo que también sabes que no tengo un solo libro de mi biblioteca “marcado” haciendo un pliegue en una hoja, pues los termino hasta el final y sino puedo recuerdo la hoja donde lo dejé. Eso sí, mis favoritos estan tan gastados de tantas relecturas, que algunos los tengo que sacar con mucho cuidado, pobrecitos.

    Fetichista yo?

    Bueno también estoy medio loco, tengo una excusa, jeje.

  13. Zarox dijo:

    Hola Clau, me he sumergido en tú blog y ya me siento como un náufrago en una isla desierta; asombrado, perplejo, desubicado y al mismo tiempo con una curiosidad inagotable. Permíteme pues, que te responda a este interesantísimo tema que planteas.
    Primero de todo y aclarando; yo me defino como un absoluto fetichista del libro, como ente físico y espiritual. Eso no tendría importancia alguna si no fuera por mi convulsionada manía de acumular en mi haber un indeterminado cúmulo de perversiones, a cuál más extrañas…pero ese es otro tema.
    Pero…Creo que la literatura tiene una misión mucho más importante que la de ser impresa en papel. Con la edad me ido convenciendo que los soportes son meras accidentalidades por las cuál los hombres pretendemos seguir obteniendo un beneficio específico, pues suplida esa asfixiante necesidad ontológica, todo lo demás son “vainas” (nunca mejor dicho).
    Tú mismo has nombrado a Guy Montag, y en una época donde los soportes son criticados desde innumerables sectores por su ambigüedad de derechos, recordamos esa trasmisión oral de la que hacían gala las sorprendentes memorias de los protagonistas de la novela de Bradbury. Y es que soy de la opinión, que si bien ya no se queman libros, cada vez se le pone más difícil el acceso a la cultura a determinados sectores o estratos de la sociedad, y estos e-books me recuerdan a esas memorias vacilantes, que tan solo desean ser recibidas por desesperados, permeables y ávido lectores.

    Y es que soy un clásico romántico que aún cree que el escritor tiene la necesidad absoluta de ser leído. Así pues, no despreciemos los soportes que impliquen una accesibilidad a lo que es de por si inaccesible. Pues no convertimos de manera accidental en elitistas de algo que debiera ser un derecho universal.

    Un abrazo querido Clau.
    Z

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