“Repulsión”, de Roman Polanski

Incomodidad. Existe un nebuloso misterio dando vueltas en las primeras películas de Roman Polanski, en las impávidas miradas y los insondables silencios de sus personajes, en las sombrías motivaciones de sus acciones, en los claroscuros de esos ambientes anodinos. Enfrentarse al segundo largometraje de Polanski no es un quehacer sencillo. En otras palabras, requiere un grado de concentración importante, bastante por arriba de la atención media que basta para observar una película cualquiera –si lo que se pretende es no reincidir en el visionado–. Y, por otro lado, como casi todo producto salido de la mente del director polaco (naturalizado francés), Repulsión contiene sordidez, desequilibrio, brusquedad, humor negro, alucinación y sangre: elementos que usualmente resultan, cuanto menos, incómodos para el espectador acostumbrado al slasher de los noventa, o bien, no avezado en el (entonces) enigmático universo del señor Polanski. Sí, ver Repulsión es una experiencia ardua, desde el infrecuente plano inaugural, cuando la cámara nos muestra un ojo que casi no parpadea, acercándose con un preciso zoom, en un primer plano eterno que sólo genera incomodidad, deseos de que tal génesis termine de una vez por todas, y se inicie verdaderamente la película.

Se suele englobar a esta cinta dentro de la categoría del drama psicológico. Tal clasificación me parece harto acertada, en comparación con la pretensión de incluirla como exponente del terror, empeño que juzgo un tanto descabellado, al menos desde mi comprensión de lo que significa cine de terror. Con todo, tal discusión es irrelevante, puesto que Polanski per se es un cineasta inclasificable, un virtuoso malabarista en el arte de escaparle con desdén a los rótulos y simplificaciones.

La historia transcurre en la ciudad de Londres. Se desarrolla un compendio del proceso de involución interior que sufre la joven Carol, una muchacha retraída y de hermosura angelical, que cumple rutinariamente con sus tareas laborales en un salón de belleza femenina, y comparte apartamento con su hermana mayor, redondeando una vida monótona y vacía, que se perfecciona con la irreprimible aversión que experimenta para con todas las personas de sexo contrario: así es que no le presta mínima condescendencia ni atención a un joven que se muestra especialmente interesado en ella, y que siente un tortuoso fastidio ante la reiterada presencia del amante de su hermana en el apartamento común. Cuando éstos dos deciden irse de viaje por algunas semanas, el vacío y la soledad absoluta contribuirán para que Carol finalmente se desmorone, sumiéndose en un angustioso universo paralelo que sólo tendrá existencia en su psiquis.

Lejos de narrar la antedicha involución de un modo explícito y realista, Polanski, desde el inicio mismo de la película, se vale de la introducción de pequeños indicios que en realidad no son otra cosa que precisas metáforas (algunas reales, otras imaginadas por Carol) del tenebroso camino hacia la pérdida de la cordura, del declive psíquico que sufre el personaje interpretado por Catherine Deneuve: el agrietamiento del asfalto londinense; el conejo sin cocinar en lento proceso de putrefacción; los insistentes tañidos de la campana del convento y los exasperantes timbres del teléfono y la puerta; la repentina blandura que adquiere la superficie de las paredes, de la cual surgen monstruosos brazos que intentan sujetarla, que intentan despojarla de algo que ella conserva impoluto: son apenas sugerencias, surrealistas sugerencias, del mundo psicótico que hiende y se apodera de la mente de Carol. En este tramo, el nuclear del largometraje, las influencias que se pueden rastrear van desde Buñuel hasta el Hitchcock de Psycho, y al mismo tiempo se podría afirmar que una película como Eraserhead de David Lynch (que vi recientemente) es ostensible deudora, en lo visual y en lo narrativo, de Repulsión.

Párrafo aparte merece la consagratoria actuación de una jovencísima Catherine Deneuve, que además de poseer un aspecto virginal inmejorable, se luce de principio a fin al caracterizar, de modo natural y sin exageraciones, por medio de un sobresaliente manejo de sus expresiones y miradas perdidas, a un ser retorcido y amenazante, que poco a poco va perdiendo el control de sus actos, pero que no deja de ser irresistible. A dicha actuación, en definitiva, hay que adjudicarle una parte fundamental de la excelencia que consigue el filme en su conjunto.

Asimismo es menester destacar el aséptico e inquietante blanco y negro que le imprimió Polanski a cada secuencia. Los contados planos que hay de Londres son de una preciosidad comparable al retrato de París que hiciera el precoz Godard en À bout de souffle, por más que se paseen intrascendentes en la suma de la obra. Y sí de proezas técnicas se trata, el travelling final es la cereza sobre el pastel, pues, al detenerse la cámara sobre una antigua foto familiar, Polanski devela, aunque a hurtadillas, el enigma en torno a la conducta de Carol, concluyendo esta obra maestra exactamente del mismo modo que le dio inicio: con una aproximación perturbadora al ojo de la protagonista. Incomodidad, una vez más.

Repulsión (Reino Unido, 1965)
Director: Roman Polanski.
Intérpretes: Cathrine Deneuve; Ian Hendry; Yvonne Furneaux; John Fraser; Patrick Wymark.
Calificación: 8.

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7 respuestas a “Repulsión”, de Roman Polanski

  1. Facu dijo:

    Bueno, de Polanski no he visto más que ‘Barrio Chino’ y la multipremiada ‘El pianista’ y ambas pelis me gustaron mucho, aunque eso sí, son muy diferentes. ‘Repulsión’ es un título que me suena bastante… creo que siempre la incluyen en esas listas de las mejores películas de la historia, no sé. A ver si la puedo ver pronto, que tu review la deja muy bien parada.

    (Y además por esa belleza de francesa que aparece)

  2. dolores dijo:

    lástima que a estas pelis rara vez las pasan por la tele. Voy a alquilarla en el video club porque me dejo interesada e intrigada tu comentario.

    besos nene y buen finde!!!

  3. kleefeld dijo:

    Inquietante, esa es la mejor palabra para describir “Repulsión”. Una inquietud que en mi caso se convirtió rápidamente en irritación, en enfado, en dolor de cabeza, dado lo enfermizo y lo aburrido que define esta peli de Polanski. Dentro de unos años le daré otra oportunidad, pero de momento el mero recuerdo de la Deneuve revolcándose por el suelo en un silencio roto por breves gemidos hace que la sangre empece a bullirme en las venas.

  4. avellanal dijo:

    Si me permites, kleefeld, he de decir que, en efecto, “Repulsión” es inquietante y perturbadora hasta la exasperación, pero de ningún modo, en ningún momento, se me hizo aburrida, sino más bien todo lo contrario, porque me figuro que Polanski fue enlazándola de tal manera que si te “engancha” (como espectador) desde el inicio, se te pasa con la misma rapidez que una centella ante tus ojos. No obstante, admito que no es una película fácil de digerir: quizá por eso mismo no sea descabellado verla un par de veces antes de formarse una opinión definitiva. Tal vez no sea necesario esperar algunos años para darle una nueva oportunidad.

  5. Pingback: “Cul-de-sac”, de Roman Polanski « Vagabundeo resplandeciente

  6. juan manuel hernandez dijo:

    ¿sabes dónde puedo enconctrar el guión de repulsión?
    gracias

  7. Pingback: “Rosemary’s Baby”, de Roman Polanski « Vagabundeo resplandeciente

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