Discos que influyeron en mi formación musical (IX)

All Things Must Pass – George Harrison (1970) Con pocos discos me ha sucedido la particularidad de quedar ligado a ellos por un tiempo más o menos prolongado, escuchándolos hasta aprender cada letra de memoria, hasta que las resonancias de las canciones queden dando vueltas en mi cabeza por semanas y semanas. La última vez que me ocurrió algo así fue con este disco solista de Harrison, disco al que adoro hasta límites insospechados. George logró al fin plasmar en All Things Must Pass todo el caudal creativo que se encontraba (razonablemente) eclipsado por el dúo Lennon/McCartney en los Beatles (no debe sorprender pues, que se haya despachado con un álbum triple). No obstante, y pese a que su figura suele ser menospreciada cuando se lo contrasta con John y Paul, lo cierto es que George escribió algunas de las mejores canciones de toda la trayectoria de cuarteto de Liverpool, lo cual no es un dato menor, sobre todo, considerando que sus contribuciones fueron ínfimas en comparación con la oleada creativa de los otros dos.

Los acordes iniciales de “I’d Have You Anytime” adelantan no sólo el carácter profundamente introspectivo del tema en sí, sino, por extensión, del disco en su totalidad. Se trata de una composición conjunta, en la que colaboró nada más que Bob Dylan, dato que me exceptúa de efectuar alguna adjetivación; sólo diré: preciosa balada, ideal para inaugurar el viaje de tintes espirituales y emotivos que nos propone Harrison.

En segundo lugar se posiciona, he de decirlo, quizá una de ésas pocas canciones que puedo escuchar veinte veces seguidas sin refunfuñar. ¿Qué decir que ya no se haya dicho sobre esos acordes de guitarra? ¿Y sobre la dulzura vocal que irradia Harrison en cada palabra? “My Sweet Lord” es un verdadero himno, que tiene la enorme virtud de no ser excluyente; es decir, no hace referencia a ninguna religión ni Dios en particular, por lo que supongo que todos los teístas pueden cantarlo y sentirse identificados con la composición, más allá de que la letra sea la mar de simple. Indudablemente, se trató del tema que le abrió las puertas del éxito –fue el primer single que se ubicó como número uno de un ex Beatle–, aunque, como se sabe, a la postre también le trajo más de un dolor de cabeza (léase “He’s So Fine, de The Chiffons) que para nada empaña a este verdadero clásico. Merece escucharse, por otro lado, la versión que cantó Billy Preston en ocasión del concierto homenaje que le hicieron a George.

En “Wah-Wah” se puede notar claramente la participación del productor Phil Spector, con ese muro de sonido que envuelve todo el rocker y que de algún modo, hasta deja en un segundo plano la voz de Harrison. Ésta fue una composición de la época de los Fab Four. “Isn’t It A Pity” supone otro de los momentos cumbres del trabajo (la versión dos no es tan buena), con su ritmo entre suave y acelerado, a base de guitarra acústica y piano, y con una insólita duración de algo más de siete minutos. Particularmente, me encanta la melodía, y no tanto así la letra: Something take so long? And how do I explain? Not too many people. See we’re all the same. And because of all the tears. Our eyes can’t hope to see. The beauty that surronds us. Isn’t it a pity.

La minuciosidad de Phil Spector en los arreglos encuentra, a mi modo de ver, su punto culminante en la magnífica “What Is Life”, que además del conocidísimo riff de guitarra, acompañada por el bajo, cuenta con un armonioso despliegue de trompetas y violines que le confieren un clima muy jubiloso. “If Not For You” es una hermosa balada, compuesta por Bob Dylan, en la que sobresale el cándido sonido de las guitarras acústicas y el característico recurso dylaniano de la armónica, siguiendo la apacible interpretación de Harrison: If not for you. My sky would fall, rain would gather too. Without your love I’d be nowhere at all, I’d be lost if not for you. And you know it’s true. Luego, casi cerrando el primer disco, se incluyó la original “Let It Down”, de la que destaco los logrados ajustes entre la sección de vientos y las guitarras.

En rigor, la segunda parte desciende un tanto en calidad, pero yo la disfruto de igual manera. ¿Cómo no abstraerse con una canción tan preciosa como “Beware Of Darkness”? Aquí George, con un suave registro, nos habla de los miedos que se alojan en nuestro interior: Watch out now, take care. Beware of the thoughts that linger. Winding up inside your head. The hopelessness around you. In the dead of night. Las armónicas reaparecen en la acústica “Apple Scruffs”, que se desvía por el lado del folk. La canción que le da nombre al álbum es una pequeña joya, dotada de una letra francamente optimista: Now the darkness only stays the night time. In the morning it will fade away. Daylight is good at arriving at the right time. It’s not always going to be this grey, y con el agregado de poseer un riff de trompetas memorable. Estimo que es la pieza que de modo más fidedigno representa el espíritu del disco.

En definitiva, este conjunto de (homogéneas) canciones estructuran un trabajo inigualable, repleto de preciosas melodías, pero fundamentalmente, lleno de sensibilidad artística. Sin dudarlo una milésima, lo ubico como el mejor álbum solista (y sé que muchas veces se utiliza la palabra “mejor” sin mayor fundamento, pero en este caso corresponde) que haya realizado alguno de los miembros de los Beatles, pese a que tengo predilección por algunos de McCartney. Como se suele decir: de escucha ineludible y necesaria; uno de los discos claves de los gloriosos años setenta.

Marquee Moon – Televisión (1977) Cuando pienso en el desenvolvimiento musical y la trayectoria artística de Television, inmediatamente se me viene a la cabeza una analogía –no del todo afortunada– con el escritor Juan Rulfo. Es sabido que la obra del mexicano es una ineludible referencia de exquisitez literaria, pero al mismo tiempo, de economía narrativa, de exigüidad productora. Al modo tajante de Nick Drake: “he dicho todo lo que tenía para decir”. La discografía de Television lejos está de ser profusa; se reduce a dos álbumes (y un alejado tercero que nunca he escuchado). Pero, al igual que en la obra de Rulfo, se trata de una minucia –comparada con copiosas discografías– en cuanto a lo numérico, pero asimismo, de una enormidad inenarrable en lo referente a su significado. En dos discos, la banda neoyorquina compendió un legado de inestimable valor que sería recogido por los venideros sonidos post-punk y las bandas de rock alternativo, ejerciendo una influencia quizá tan elocuente que permita compararla con la que cultivó la mítica (y también neoyorquina) Velvet Underground. Y reduciendo todavía más el campo de análisis, el Maquee Moon constituye, a mi modo de ver, no sólo la obra magna de Verlaine y compañía, sino también una obra maestra que merecería reputarse, en materia de rock, como uno de los picos creativos de la década del setenta.

No pocas veces se acostumbra calificar a un disco que tiene algún par de buenas canciones y mucho material de relleno como perfecto. En el caso del trabajo debut de Television, tal valoración no es antojadiza, puesto que, sin excepción, cada uno de los ocho temas que lo componen resulta brillante, siendo esmeradas composiciones que, amalgamadas, brindan por resultado un álbum redondo.

La primera de ellas, “See No Evil”, es un breve muestrario –a comparación de la mayoría de las otras piezas– de la impresionante asociación guitarrera entre Tom Verlaine y Richard Lloyd, de cuya síntesis emerge, altivo, un sonido tan novedoso –para la época– como inquietante. Ésos “I see no”, entremezclados, y repetidos con insistencia, en medio de un clima que va ganando en tensión, gracias a los mencionados desarrollos guitarrísticos, quedan registrados en la memoria auditiva inmediatamente. “Venus” es una canción no tan pródiga en ferocidad, en la que sin embargo, cobra notoriedad la potente batería de Billy Ficca, perpetrando a través de la espectacular sección rítmica que formaban junto al bajista Fred Smith, una composición de innegable impregnación poética (no es casualidad que en reiteradas oportunidades se haya clasificado a Verlaine como poeta del rock, más allá de su virtuosismo con la guitarra).

Luego, los casi cinco minutos de “Friction” constituyen una aproximación, envolvente aproximación sónica, al paroxismo musical. Es de esos temas que sorprenden, para bien o para mal, desde la primera escucha: a mí me parece exquisitamente hechizante: sólo es cuestión de apretar play y dejarse deleitar por la áspera y desentonada voz de Verlaine, por sus virulentos ataques a las cuerdas, casi sojuzgándolas, y por el conjunto sonoro que, en resumen, sabe a gloria.

La suite de más de diez minutos de duración que da título al álbum es el más acabado compendio de todo lo que Television era capaz de crear. La sección instrumental de la pieza es una sumatoria de virtuosismo, en donde se pueden apreciar los matices diferenciadores –propios de escuelas distintas– entre los solos de Verlaine y Lloyd, que se alternan, conformando una inolvidable complementación inversa de guitarras que giran, una y otra vez, sobre sí mismas, ad infinitum: la aparición, sobre el final, de la primera estrofa: I remember the light of darkness doubled. I recall lightning struck itself. I was listening listening to the rain. I was hearing, hearing someone else. I’m in the high point of my night, I feel so impressive, life. All this time with the marquee moon, but just waiting, ratifica la impresión circular que se percibe en la estructura de una composición ideal para comprender el matiz revolucionario y vanguardista –a mitad de camino entre todo movimiento– que se desprende de la música forjada en el seno de esta legendaria formación.

Y, sin intervalo, llega otra de las maravillas del disco: “Elevation”, un tema que se desenvuelve en un mismo y excelso nivel, tanto en lo lírico como en lo sonoro. Imposible que no queden reminiscencias, en la cabeza del oyente, de la fugaz sentencia que se repite, tal como si fuera un estribillo, nueve veces en poco más de cinco minutos: “Elevation, don’t go to my head”. Ideal para escuchar cuando uno recién se despierta (si es por las mañanas, tanto mejor). Sin despreciar la delicadeza de una gema en la que se destaca también el piano, como es “Guiding Light”, ni el brillante entrelazamiento (una vez más) de guitarras en “Prove It”, de las últimas tres canciones del álbum, tengo preferencia por el clima opresivo y dramático (logrado íntegramente a base de esas gloriosas rutinas de guitarra, pero también, en parte, gracias a la apática labor vocal de Verlaine) de “Torn Curtain”. Si luego de escuchar semejante despliegue de meticulosidad, lirismo, sinergia y ebullición musical uno permanece indiferente, podrá deducir entonces que no le corre sangre por las venas, porque adentrarse en las profundidades sonoras de este disco es verdaderamente una de las aventuras más fascinantes que se puedan experimentar con el rock en cualquiera de sus vertientes, en cualquiera de sus derivaciones. Que su impacto dentro del panorama artístico no haya sido proporcional a su impacto comercial no le quita un ápice de valía, pues es sabido que los outsiders y la industria nunca se llevaron del todo bien; en definitiva, lo importante es que la efímera (pero perdurable, pues lo bello es la perpetuación de la momentaneidad) lección que brindaron Verlaine y su grupo, fue capitalizada por los que estuvieron a la altura, y supieron apreciarla tal como se merecía.

Rumours – Fleetwood Mac (1977) La historia de Fleetwood Mac es la historia de una de esas bandas que en su curso evolutivo acaban por patear el tablero y metamorfosearse a tal grado que si comparamos sus diversas etapas cuesta creer que estemos en presencia del mismo grupo (más allá de que las formaciones, innecesario es aclararlo, no fueron idénticas a lo largo del tiempo). Pero Fleetwood Mac es un caso rarísimo, pues mutaron desde una inicial proximidad al blues-rock inglés hasta un pop californiano todavía más endulzado que el de los mismos Beach Boys: decisión que supuso un viraje de ciento ochenta grados que les valió la reprobación de alguna porción de sus seguidores originarios, pero la añadidura de un universo masivo de otra clase de público, ansioso por consumir un sonido netamente más comercial y pegadizo.

Si bien he tenido la suerte de ir descubriendo progresivamente sus inaugurales discos
–cuando Peter Green llevaba la batuta–, mi primer acercamiento, como casi no podía ser de otro modo, se produjo con uno de los álbumes que ostenta el privilegio de figurar entre los más vendidos de la historia. La incorporación de Lindsey Buckingham y Stevie Nicks le proporcionó a la banda un característico aire californiano con influjos inequívocos de los Beach Boys: dicho West Coast sound aparecía ya en el disco anterior, pero llegó a su súmmum con este trabajo de 1977.

“Second Hand News”, la canción compuesta por Buckingham que abre el álbum, tiene una estructura musical la mar de sencilla, pero gracias a unos arreglos ajustadísimos consigue crear un clímax jubiloso que descuella sobre el final, con una insistente reiteración de la pegadiza frase: I’m just second hand news. Acto continuo, la encantadora voz de Stevie Nicks cobra protagonismo principal en uno de los grandes éxitos del grupo: “Dreams”. Es fama que durante el lapso en el que forjaron la mayor parte del disco, los integrantes de la banda atravesaban por serios percances sentimentales: las canciones reflejan, en algún punto, fidedignamente, las asperezas internas que existían entonces, y ésta bella balada no es la excepción.

A continuación, nos topamos con la pieza más breve del trabajo, titulada “Never Going Back Again”, en la que se destaca la delicada ejecución de guitarra acústica a cargo de Lindsey Buckingham. Pero se trata sólo de un nexo para enganchar con el siguiente hit del álbum: la gran gema pop “Don’t Stop”, tema que, a mi parecer, tiene importantes virtudes instrumentales –como la notable performance del baterista Mick Fleetwood–, pero que se destaca por su letra, cargada de briosa esperanza: If you wake up and don’t want to smile. If it takes just a little while. Open your eyes and look at the day. You’ll see things in a different way.

La canción que me cautivó ni bien escuché el disco fue “Go Your Own Way”. Difícil imaginar un tema que emane mayor esencia pop que éste, difícil imaginar un tema de escucha más gozosa y relajada que éste (bueno, sé que exagero un poco, pero se me antoja arquetípico). La letra no es ninguna maravilla pero termina resultando tan efectiva como la labor vocal de Buckingham y las líneas de bajo de John McVie. Luego, con un sosegado fondo de piano, “Songbird” es una exquisita balada romántica, pero también una demostración más de que comercialidad y calidad artística no son conceptos imperiosamente opuestos.

“The Chain” es la única composición del álbum escrita por los cinco miembros del grupo, y al día de hoy, acaso uno de los temas de esta etapa de Fleetwood Mac que más me gusten: desde ese inicio que coquetea con el folk, pasando por el logrado trabajo instrumental –con un riff de guitarra soberbio–, hasta llegar a un desenlace colmado de descarga y euforia. Con “You Make Loving Fun” retoman el carril más puramente pop, desarrollando un tema harto empalagoso que se destaca por el armonioso coro que acompaña el trabajo vocal, y por la persistente compañía rítmica de la percusión. Por último, quería hacer hincapié en la no tan popular pero agridulce e insinuante “Gold Dust Woman”, compuesta y cantada por Nicks, que comienza así: Rock on, gold dust woman. Take your silver spoon. And dig your grave. Heartless challenge. Pick your path and I’ll pray.

En resumen, estamos en presencia de un disco homogéneo, en el que Christine McVie, Lindsey Buckingham y Steve Nicks se alternan el protagonismo, incorporando una dosis justa de eclecticismo a una original arquitectura cuyos cimientos pop, sin revestir gran pretenciosidad, son óptimos, destacándose en las facetas lírica, vocal e instrumental. Aunque, en lo personal, siempre he tenido irrenunciables preferencias por el rock, he de decir que si alguien reniega, en plan de pose intelectualista (porque en verdad lo experimenta), de experimentar cierto goce al escuchar este álbum, verdaderamente me compadezco de su estrechez de miras y de su insinceridad. Porque, apropiándome de una metáfora de Haruki Murakami, la música pop es como el agua: está ahí, en todas partes, y con algo tan simple como abrir el maravilloso grifo que supone Rumours, es posible nutrirse no ya con los estancados pantanos que abundan en la actualidad popera, sino con uno de los más refrescantes y puros manantiales existentes en la inmensidad oceánica.

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11 respuestas a Discos que influyeron en mi formación musical (IX)

  1. diego aler peña dijo:

    fleetwood mac y harrisosn son exclusivos pero….. marquee moon? realmente MUY exclusivo. Es raro verla. Te felicito

  2. Ignacio dijo:

    Andaba usted perdido por ahí escuchando a Judy Garland o qué? Tiempo sin actualizar eh.

    Sobre los discos comentados, conozco algunos temas emblemáticos del de Harrison (lo del dolor de cabeza de ‘My sweet lord” es por el supuesto plagio, no?), y claro, el hiper comercial disco de Fleetwood Mac.

  3. avellanal dijo:

    Gracias por la felicitación. En verdad, Television es una banda prácticamente anónima en la Argentina. Ni que decir que el “Maquee Moon” no se consigue en las disquerías.

    Sí, el plagio a la canción “He’s So Fine”, de The Chiffons, no fue hipotético, sino claramente real.

  4. pads dijo:

    tendré que darle un tiento al de Fleetwood Mac, aunque para mí es un grupo totalmente desconocido, salvo algún tema suelto

  5. avellanal dijo:

    Conociendo tus gustos musicales, joven padawan, te recomendaría, si es que querés descubrir a Fleetwood Mac, que te sumerjas principalmente en su primera etapa, en la que hacían blues-rock; algunos discos de entonces son: “Peter Green’s Fleetwood Mac”, “Mr. Wonderful” y “English Rose”.

  6. val dijo:

    Me ha hecho gracia eso de “y un alejado tercero que nunca he escuchado”, al menos si lo dices en el sentido que yo creo jaja.

    Muy buenos los dos primeros discos, con Fleetwood Mac me llega con un recopilatorio.

  7. Knut dijo:

    Desconozco los dos primeros grupos, lamentablemente no puedo decir lo mismo de Fleetwood Mac. FM es Peter Green y en menor medida el otro gitarristra del que no recuerdo el nombre. Era un magnifico grupo de blues que sonaban en muchas ocasiones exactamente igual que Elmore James, Peter Green era desde luego un grandísimo guitarrista y un loco muy interesante.

    Todo lo que fue Fm posteriormente me parece, siendo grosero, una basura. Música onanista, vaciá y huera, de un comercial nauseabundo cuando se contrasta con la pureza de los inicios. Básicamente es como si Black Sabbath hubiese pasado después de su tercer disco a llamarse King África.

    Buscaré los otros dos que nombras, a ver qué tal…

    Saludos!

  8. avellanal dijo:

    Bueno Knut, más o menos lo mismo que le puse aquí a padawan: el pop en el que devino un grupo originalmente tan exquisito como Fleetwood Mac no es apto para puristas. Y sí, Peter Green, además de ser un virtuoso en lo suyo, era todo un personaje (o lo sigue siendo, que no tengo idea si vive o no). El otro guitarrista era Jeremy Spencer, aunque luego se incorporó Danny Kirwan en su lugar.

    Ah, y realmente me sorprende que desconozcas ése disco de George Harrison. De hecho, es su álbum solista más famoso.

    Un saludo.

  9. kleefeld dijo:

    Knut, cómo te pasas con los pobres Fleetwood, jeje… Es música popular de la buena, increíblemente buena. Canciones atemporales, melodías impresionantes y emoción a raudales… ¿qué más se puede pedir? Que sea de fácil digestión no implica nada más que eso, que es de fácil acceso. El contenido está ahí, sin duda. No en vano es de una época en la que la música de éxito también podía ser buena (aunque supongo que sacar a colación a los Blondie no ayudará mucho, ¿verdad, Knut? xD).
    Clau, buena review.

    pd: Por cierto, Knut, soy Nasi.

  10. tucho dijo:

    Has encontrado otro enfermo del disco Marquee moon. Fue el primer disco que subí al blog (si alguien lo quiere, click en mi nombre y el link luego); lo tengo original (me lo hice traer de afuera, la edición con 5 bonus tracks y una librito buenisimo en el que cuentan la historia de la grabación) y también me hice una remera con la tapa. El tercer disco -que también tengo original, lo conseguí acá de milagro- es raro, todavía no lo termino de entender. Parece que fuera de otra banda. Si querés te lo subo a alguna página de descarga para que lo escuches, de paso fijate que en mi blog Marquee está con los bonus, no podés quedarte sin escuchar Little Johnny Jewel.

    Saludos, como siempre grandes textos (me cebé tanto con el de TV que ni leí el de FM, pero coincido con el de Harrison).

  11. avellanal dijo:

    Sí, Tucho, ya había visto que el “Maquee Moon” estaba en tu blog desde hace mucho tiempo. Lo que no sabía era que estuviera con los bonus; así que lo pienso descargar a la brevedad. ¡Qué suerte que tenés de poseer semejante joya! Yo lo pondría en un caja de seguridad, che.

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