“La vida de los otros”, de Florian Henckel von Donnersmarck

Es fruto de la casualidad (o no) que la acción de La vida de los otros transcurra temporalmente en el año 1984; sin embargo, dicha circunstancia azarosa (o no) me ha llevado a pensar, de forma inmediata, en la novela de Orwell, porque si de méritos hablamos, la película de este alemán de apellido difícil, no es otra cosa que una devastadora crítica (stricto sensu) al Gran Hermano comunista y, por extensión, a todo régimen cimentado en la vigilancia irrestricta y la persecución de aquellos ciudadanos que no adhieren a la ideología oficial de la maquinaría dictatorial.

Otro gran acierto radica en la ausencia general del tan acostumbrado (y simplista) maniqueísmo al abordar, desde la ficción, sucesos históricos que pertenecen a un pasado reciente, y que, por dicha proximidad temporal, resultan más difíciles de repensar. El director maneja con delicadeza una graduación grisácea, sin apelar a la delimitación tajante de “blancos” y “negros”, pero cumpliendo, en definitiva, la premisa de reflejar con objetividad el crepúsculo absoluto de un sistema perverso que se proclamaba defensor de lo que precisamente atacaba.

El uso de tonalidades frías, distantes, austeras, que acaparan toda la cinta, revela perspicacia por parte de von Donnersmarck, dado que la cámara consigue captar de modo inmejorable ese clima apático, lleno de cenizas, signado por la angustia continua y la asfixia burocrática, sacando el máximo provecho del contexto socio-político, y a la vez, exacerbando, en un plano más íntimo, la amarga existencia que lleva el personaje central.

Es curioso pensar que la película gira alrededor de un personaje que permanece mayormente sentado con unos auriculares en un triste desván. En ese sentido, la labor del actor Ulrich Mühe es brillante, puesto que transmite con verosimilitud e intensidad, por medio de su rostro aplacado, de sus miradas perdidas, de sus pasos cansinos y de unas escasas palabras –que contrastan con las enérgicas expresiones indagadoras del inicio–, la aterradora soledad que le envuelve.

Sin embargo, y aquí es donde sitúo la falla estructural del guión, la evolución, es decir, el cambio sustancial del agente de la Stasi, resulta muy repentino, y casi desprovisto de una explicación lógica, más allá de que los motivos quedan explicitados de forma más o menos tácita.

El desenlace es un asunto un tanto complejo: considero que la secuencia en que se pone de manifiesto el amargo trabajo que le ha tocado por su conducta –cuando dicho destino ya se había dado a entender antes– y la transmisión de la noticia de la caída del Muro, están de más. Por el contrario, el breve diálogo entre el ministro y el dramaturgo (también una buena interpretación a cargo de Sebastian Koch), la consiguiente investigación que éste inicia, la decisión de no forzar un encuentro físico, y la imagen final, que irradia emotividad y no sensiblería, son cruciales para que la película sea, en definitiva, lo que es. De hecho, estimo que es una de las resoluciones más convincentes y sorprendentes que he visto en muchísimo tiempo.

La vida de los otros (Alemania, 2006)
Director: Florian Henckel von Donnersmarck.
Intérpretes: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur.
Calificación: 7,50.

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5 respuestas a “La vida de los otros”, de Florian Henckel von Donnersmarck

  1. Ignacio dijo:

    Si si, una de las mejores pelis del año pasado. El cine alemán me ha dado muy buenas sorpresas en estos últimos tiempos.

  2. Juan RRR dijo:

    En la lista de pendientes y con muchas ganas

  3. Facu dijo:

    Hace bastante ya que la vi y la verdad que me pareció muy buena. Además coincido con tu punto de vista acerca del final.

  4. iarsang dijo:

    Bastante de acuerdo en todo. Si bien a gente el plano final les pareció que sobraba a mí me resulta emotivo y con un puntito esperanzador, un broche perfecto. Y soy un enamorado de finales tristes, amargos, y poco claros, pero a veces la historia pide otras cosas, y este, creo, es un claro ejemplo.

    Cierto lo de que la “transformación” se hace de una manera demasiado brusca, pero como en general todos los detalles de la trama están tan bien planteados, se le puede perdonar, el espectador es capaz de rellenar ese espacio cercano a la elipsis.

    Pero de lo mejor del 2006. Por abusar de una etiqueta bastante manoseada ya, una película necesaria.

  5. val dijo:

    El actor que da imagen al espía arrepentido murió este mismo año.

    Ya lo comentamos hace tiempo: la película debía acabar en la escena del coche, condenando a la mayor de la miseria dentro del aparato del sistema al protagonista. Ese era el final. No hace falta que hablen de la caída, se presupone un público mínimamente culto.

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