Dos guardianes de la canción en Rosario

Ayer fue un día agitado para mí. Desacostumbradamente convulsionado, me atrevería a decir. Los dioses del Olimpo se conjuraron para que se produzcan cambios de fechas repentinos y se establezcan horarios ajustadísimos e impostergables en mi agenda, usualmente tan relajada. Sin embargo, luego de andar a las corridas en medio de una jornada harto calurosa (con el agravante del traje, la camisa, la corbata y los zapatos encima), después de rendir (positivamente) el examen más dificultoso en todo el tiempo que llevo de estudiante, y de lograr milagrosas combinaciones de micros, hoy puedo afirmar que la coronación, el postre de tanto ajetreo, valió la pena.

El caso es que anoche, junto a la inmensidad resplandeciente del río, y en el marco de una magnífica noche no exenta de la compañía de cientos de estrellas, los dos cantautores españoles contemporáneos más importantes, según mi parecer, brindaron un espectáculo, con el que dieron inicio a su gira por la Argentina, que superó toda clase de expectativas (por lo menos, las mías, con creces).

Ante cuarenta mil almas que atiborraron el Gigante de Arroyito, Serrat y Sabina demostraron que sus composiciones, ensambladas, lejísimos están de envejecer. No se trató de un concierto más en su extenso raid musical, pues, como era de esperar, ofrecieron un emotivo homenaje al recientemente fallecido y emblema de la ciudad de Rosario, Roberto Fontanarrosa, quien fuera amigo de ambos artistas. Sabina recitó unos sentidos versos: Permítannos un suspiro. Aquí donde nos ven, no somos dos, somos tres. Hasta a la barra leprosa se le piantó un lagrimón cuando falló el corazón del “Negro” Fontanarrosa. El escritor y humorista gráfico había sido quien les dibujó, poco antes de morir, el logotipo de la gira, que por una noche estuvo compuesto por tres pájaros. Antes, Serrat había dicho, en la conferencia de prensa: No es ningún descubrimiento decir que este año se nos fue probablemente el argentino más querido. Y se fue de una forma ejemplar: pocos seres humanos he visto yo caminar hacia el final con la dignidad, el amor a la vida, la sonrisa y las ganas de no joder a nadie que tenía el “Negro” Fontanarrosa.

Siendo muy pequeño, uno de mis primeros contactos serios con la música, fue precisamente con el músico catalán, desde siempre muy apreciado por mis padres. De ese modo, descubrí la fuerza de cada palabra, de cada verso suyo. Y, más allá de que luego mis simpatías musicales encauzarían por otras vías, nunca dejé de respetar y estimar a un artista, como Serrat, que jamás se traicionó a sí mismo. Sus canciones han trascendido fronteras y, anoche, de algún modo, al escucharlas en vivo, fue un nuevo reencuentro con mi infancia, un momento mágico y emotivo.

El aprecio por Sabina y sus letras surgió bastante después, por lo que si de niño me gustaba Serrat, de adolescente fue el andaluz quien llamó mi atención, gracias a su utilización entre ingeniosa y elegante del idioma, diciendo cosas que todos dicen, pero de un modo original, poético y lúdico. No existe hoy por hoy un compositor en español que me entusiasme tanto como Sabina. Por lo demás, ni él mismo desconoce que su voz no es gran cosa; aspecto que remedia con su pose de eterno juerguista y fanfarrón que tan bien representa (de hecho, pasa a la perfección por el típico exponente del argentino pícaro, mujeriego, jactancioso y desenfrenado).

La ubicación en el estadio era un fiel reflejo de la brecha generacional que se dio cita: en el campo, a escasos metros del escenario, todo era brioso espíritu juvenil (muchas quinceañeras), que ovacionó canciones como “19 días y 500 noches”, “Y nos dieron las diez”, “Calle melancolía” y “Noches de boda”. En las plateas y palcos, predominaban señoras con más de medio siglo en sus espaldas, que no tenían reparos en aclamar cada interpretación de Serrat. Pero, en definitiva, gracias al descomunal repertorio seleccionado, y a la complicidad que ambos demostraron en las casi tres horas durante las que se extendió el show, uno y otro ratificaron que la fidelidad con el público argentino es recíproca. Porque, huelga decirlo, pocos artistas son tan reconocidos y queridos, a lo largo de décadas y décadas, en la Argentina.

Considerando sus recientes problemas de salud (¡qué dura es la salud y el celibato!), seguramente habrán tenido un gusto distinto aquellos extraordinarios versos, fruto de la extraordinaria pluma de Miguel Hernández, de “Para la libertad”, con los que concluyeron el recital: Retoñarán aladas de savia sin otoño, reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño y aún tengo la vida.

En fin. Artistas como ellos, pese a los achaques propios del paso del tiempo, con la canción y la poesía inalterables, siempre a flor de piel, enaltecen el idioma. Poco se puede agregar. Fue una noche que seguramente recordaré de aquí a un largo tiempo. Serrat y Sabina. Sabina y Serrat. ¡Qué más!

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6 respuestas a Dos guardianes de la canción en Rosario

  1. Albert dijo:

    Me alegro que lo disfrutaras. ;)
    Yo no habría podido.
    Y lo cierto es que con lo bien escrito que está el texto tendría que darles otra oportunidad, pero ya se sabe: una cosa lleva a la otra, y al final terminas sacando el cd del reproductor, jejejeje.

  2. val dijo:

    Es bueno que lo disfrutaras:)

    Desde luego, son dos grandes representantes de ese estilo musical, de los más notables. Lamentablemente Serrat no es lo que era, lamentablemente es probable que Sabina tampoco.

  3. alejandra dijo:

    Hola: buscando en la red notcias de cómo han continuado los conciertos de estos grandes y yo creo que como una forma además de prolongar la emocionante noche que viví en la Quinta Vergara (Viña del Mar, Chile), me encontré con tu blog y comparto plenamente tus apreciaciones y al igual que tú creo que este concierto quedará por siempre en mi memoria, por lo demás fue la primera vez que pude escuchar a Serrat en vivo, quien me ha acompañado durante toda mi vida desde que era muy niña.

  4. Germán Ricoy dijo:

    Enhorabuena por tu examen.

  5. Quime dijo:

    En mi casa abundan materiales sobre ambos, desde vinilos, casettes, cd’s, dvd’s.

  6. avellanal dijo:

    Veo que a los nacidos en la Madre Patria no les termina de simpatizar ni uno ni otro, jeje. A mí, la ideología que profesen los artistas, desde luego, me importa un pimiento cuando su obra me gusta. Con eso me basta y sobra.

    Sí, sé que el recital en Viña del Mar fue muy lindo también. Tengo entendido que ahora se presentaban en Montevideo, y luego vuelven a la Argentina (Córdoba, Mendoza y Buenos Aires).

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