Celui-ci est le paradis socialiste

El sublime nombre del genial maestro del comunismo mundial resplandecerá a través de los siglos y siempre será pronunciado con amor por una humanidad que le brindará reconocimiento. Gloria eterna al gran Stalin. (France Nouvelle, semanario del Partido Comunista francés, 1953)

Existen noticias que cobran tal repercusión que uno llega a dudar si no se encuentra, al igual que los temponautas de cierto relato de Philip K. Dick, inmerso en un bucle temporal cerrado, en el que los acontecimientos se repiten una y otra vez: tal es el vapuleo mediático que recibimos con respecto a cierta información –valga de ejemplo la extraordinaria repercusión que suscitó la expresión del rey Juan Carlos en la reciente Cumbre Iberoamericana–. Por el contrario, también están los datos que asoman tímidamente, como pidiendo permiso, por alguna columna menor en algún que otro periódico de poca monta, y se diluyen sin más, pasando desapercibidos para la mayoría. Esto último ha sucedido con cierta revelación realizada meses atrás (a partir de un libro titulado Cannibal Island, escrito por el periodista francés Nicolas Werth), del abandono por el régimen stanilista de unas seis mil personas en una isla llamada Nazino, en Siberia, a más de dos mil kilómetros de Moscú. El horroroso develamiento se basó en documentos, hasta el momento secretos, del Kremlin, en los que se detalla que los individuos –entre los que había niños, mujeres y ancianos– fueron dejados en el incomunicado pedazo de tierra, sin ninguna clase de alimentos, por lo que, luego de algunas semanas, se registraron casos de canibalismo, al mismo tiempo que otros fallecieron ahogados en el desesperado intento de escapar en precarias balsas, o bien, de frío. Se estima que cuatro mil personas murieron en las primeras cuatro semanas. Estos hechos ocurrieron en el año 1933. Frente a tan pavoroso panorama, recuerdo que Edgar Alla Poe, en su novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym, afirmaba que ante una escena de canibalismo, las palabras no tienen la virtud suficiente como para describir todo el horror de la realidad.

Alguna vez me he referido al proyecto de ley en la Unión Europea, finalmente aprobado, consistente en que todos los países que la componen penalicen la negación del Holocausto judío o la defensa del nazismo, y prohíban con inflexibilidad la exhibición de cualquier clase de simbología nazi. En mi opinión, la medida es desacertada, contraproducente y contiene visos populistas: por más bienintencionada que sea, en vez de contribuir de manera efectiva a luchar contra el antisemitismo y la reivindicación del nazismo, intuyo que va a generar un efecto contrario, alimentando, avivando ambas concepciones. Es cortar la planta visible, dejando incólume y con mayor fuerza a la raíz. David Irving, por ejemplo, es un suscriptor permanente, desde hace tiempo, a expresar disparates. Es un escéptico de las bestialidades nazis, un provocador gratuito, no sólo de la susceptibilidad de las víctimas directas del Holocausto, sino también de todo aquel ser humano medianamente sin alteraciones psíquicas severas. Sin embargo, encarcelar a las personas como Irving no es la solución al dilema. Un filósofo y sociólogo alemán, Ralf Dahrendorf, ha sentenciado últimamente, con toda la razón, que el odio se rechaza con argumentos. Es clarísimo que los delirios del historiador inglés no se sepultan por medio de policías, condenas y barrotes, sino con evidencia histórica, con demostraciones incuestionables. O, como afirma Timothy Garton Ash: La negación del Holocausto debe combatirse en escuelas, universidades y medios de comunicación, no en comisarías de policía y tribunales.

Volviendo al punto de partida, mencioné antes lo de esta ley, puesto que, en su momento, algunos países bálticos rechazaban firmar el documento en tanto y en cuanto no se introduzca con idéntica fuerza al stalinismo, uno de los más sanguinarios regímenes totalitarios de la historia. Y sucede que esta diferenciación es relativamente fácil de apreciar en diversos círculos, aun en la actualidad, por más curioso que pueda resultar, dado que la procedencia de izquierda del mencionado totalitarismo, opera como una suerte de “disculpa”, “enmascaramiento” o “paliación” del genocidio cometido a instancias de Stalin (que, según ciertas estimaciones asciende a la pasmosa cifra de 20 millones de personas aniquiladas). ¿Acaso los crímenes merecen mayor o menor grado de reprobación según la filiación ideológica del victimario? La justificación, el disimulo, y el apoyo explícito de no pocos intelectuales de renombre al siniestro personaje que lideró la Unión Soviética por más de treinta años, no es un antecedente menor: sólo revela hipocresía y ceguera ideológica; exactamente la misma que al día de hoy subsiste en aquellos que, de forma insólita, se llenan la boca hablando de los horrores del nazismo y, al mismo tiempo, intentan esconder la “basura” stanilista (o castrista, para ser más actuales) debajo de la alfombra.

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7 respuestas a Celui-ci est le paradis socialiste

  1. Ignacio dijo:

    Aprovecho la actualización esta para felicitarte por tu examen del otro día.

    Yendo al tema en concreto, en la Argentin para la izquierda retrógrada la vida humana admite jerarquizaciones según quién sea el asesino, así que no me sorprende que en otros lados sea igual.

    Saludos.

  2. kleefeld dijo:

    El horror, se esconda o no, seguirá siendo un horror. Es como lo de la mona esa que suele decirse. Da igual cómo la vistas o la maquilles. Seguirá mordiendo y escupiendo sangre.
    Hipócritas hay en todos lados.
    Leerte es un placer, avellanal.

  3. Al dijo:

    Es muy triste, pero ante contestando tu pregunta, si, depende de que ideologia seas como te condene la sociedad, la izquierda está relativamente libre de pecado, pues toda la barbarie que ha cometido, es “por la busqueda del bien común” y asi vamos, señalando de forma a veces rídicula algunas cosas y volteando para otro lado en otras. Ojalá algún día cambie eso… y no se toleren masacres ni abusos, seas de izquierda, centro o derechas.

  4. val dijo:

    En líneas generales, de acuerdo.
    En cuanto a otros comentarios: en todas partes cuecen habas. La derecha española, sin ir más lejos, tiene esa disculpa, ese enmascaramiento, esa paliación…respecto a su Caudillo.

    En cuanto a esto: “los individuos –entre los que había niños, mujeres y ancianos–”. ¡Qué decepción, Clau! No esperaba de ti ese tipo de expresiones. La vida de ningún niño, anciano o mujer creo que valga más que la tuya o la mía, que no cumplimos esas condiciones!

  5. avellanal dijo:

    En cuanto a esto: “los individuos –entre los que había niños, mujeres y ancianos–”. ¡Qué decepción, Clau! No esperaba de ti ese tipo de expresiones. La vida de ningún niño, anciano o mujer creo que valga más que la tuya o la mía, que no cumplimos esas condiciones!

    Si hay algo que dejo claro en esta opinión es que la vida humana no debe y no puede, al menos jurídicamente, ser objeto de medición ni de graduación alguna: la vida humana, como bien jurídico básico, tiene el mismo valor, sea la de un sexagenario africano, sea la de un infante escandinavo.

    He incluido ese dato para graficar el nivel de salvajismo y brutalidad que imperó en la URSS stalinista (digo, ya que muchos parecen tener memoria selectiva). Porque, nadie podrá negarme que asesinar un niño no puede ser lo mismo (para el victimario) que asesinar a una persona de mediana edad.

  6. val dijo:

    ¿Y una mujer entonces?

  7. avellanal dijo:

    Igual de condenable, desde luego.

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