“El ilusionista”, de Neil Burger

A contramano de los rimbombantes fuegos artificiales a los que Hollywood nos ha acostumbrado en sus recientes cosechas, a la par que la tecnología progresa de forma vertiginosa, El ilusionista, segundo largometraje de Neil Burger, es una nada desdeñable apuesta cinematográfica por la economía de efectos especiales; dato verdaderamente curioso y relevante si se tiene en cuenta que la película versa sobre las vicisitudes de un ilusionista.

Tomando como geografía una impecable, que no grandilocuente, reconstrucción de la Viena de fines del siglo XIX, el director desarrolla una historia en la que escasea toda originalidad. Edward Norton compone a un hombre, de humildes raíces, que posee misteriosos poderes, y que se enamora (como no podía ser de otro modo) de la prometida del heredero del Imperio Austro-Húngaro, una duquesa a priori inalcanzable para alguien de su condición, con quien tuviera un fugaz romance adolescente. Hasta aquí, todo muy normal y previsible, pese a que el guión se basa en un relato de Steven Millhauser.

El elenco, no obstante lo estereotipado de algunos personajes, se desenvuelve con solvencia por la pantalla. Edward Norton ha demostrado sobradamente que se trata de unos de los actores más sobresalientes de su generación, y aquí deja entrever algunas líneas de todo su talento. Con una dosis menor de histrionismo, el villano caracterizado por Rufus Sewell hubiese sido más creíble y logrado. Las exageraciones actorales en películas que, en el resto, la juegan de solemnes, suelen quedan en off-side. A Jessica Biel le tocó en desgracia el personaje más deficiente de todos, y se nota muchísimo, siendo su composición la menos esmerada dentro de los protagónicos. La contracara es el gran Paul Giamatti, quien se despacha con otra actuación acorde a sus capacidades, poniéndose en la piel de un dubitativo jefe de policía que, a lo largo de todo el relato, se encuentra envuelto en un estado de oscilación, en la que intervienen aspectos morales y conveniencias terrenales. Finalmente, será el nexo que enlazará una recopilación de imágenes mentales instantáneas que develarán, para aquellos espectadores soñolientos o desatentos, el último (y nada sorprendente) “truco” llevado a cabo por Eisenheim.

Desde el punto de vista estético, merece resaltarse la grisácea y misteriosa fotografía, pieza clave para crear ese ambiente sugestivo y mágico, a cargo del inglés Dick Pope. Por otro lado, Burger maneja la cámara sin mayores innovaciones para el cine actual, aunque hay algunas secuencias de la ciudad dignas de elogio (sobre todo, una tomada casi desde la perspectiva aérea de una estatua). El histórico Philip Glass brinda una banda sonora correcta, sin fatuidades épicas, muy a tono con los matices mismo de la cinta.

Pero quizá el aspecto de mayor significancia a la hora de evaluar el largometraje sea el abordaje, aunque periférico, marginal, a comparación del concedido al triángulo amoroso, de la cuestión del cine dentro del cine mismo, de la representación dentro de la representación: aquí encontramos elementos como la ilusión visual –meollo no transitado del filme–, y el poder magnético que adquiere aquello que conscientemente sabemos irreal, pero que, por un instante fugaz o por dos horas (que no son éstas) nos figuramos como real. De algún modo, todo es mentira, nada es real: lo sabemos a las claras, pero nos dejamos engañar gustosos y ponemos en acción nuestra capacidad de imaginación, nuestra potestad de divagar. ¿No es acaso eso mismo el cine?

The Illusionist (EE.UU., 2006)
Director: Neil Burger.
Intérpretes: Edward Norton, Paul Giamatti, Rufus Sewell, Jessica Biel, Eddie Marsan.
Calificación: 6.

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4 respuestas a “El ilusionista”, de Neil Burger

  1. Facu dijo:

    La vi hace bastante tiempo ya, y coincido con tu análisis. Norton me parece un muy buen actor, aunque quizá ultimamente no haya estado muy afinado para elegir las películas en las que participa.

  2. JRRR dijo:

    A mi me agradó, y bastante. Me encantó esa vuelta final, cuando ya te convenciste de algo para ser puesto nuevamente de cabeza.

    Quizás esos segundos finales “explicativos” están de más; como bien indicas, una concesión a los espectadores con modorra.

  3. Ignacio dijo:

    No la pude ver. El gordito Giamatti me parece re simpático y me gustó mucho su actuación en “Entre copas”.

  4. kleefeld dijo:

    Peli totalmente prescindible, sí señor.
    Aburrida hasta decir basta, y vacía, lo que es aún peor.
    Un rollo.

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