Hasta los maestros tropiezan de vez en cuando…

John Ford es quizá la encarnación misma del cine clásico. John Ford es, en palabras de Truffaut, “uno de esos poetas que no hablan jamás de poesía”. John Ford, con justicia, es uno de los mayores creadores, no ya de Hollywood, sino de la historia del cine. Sin embargo, al observar con atención una de sus películas del año 1953, he llegado a la siguiente conclusión: se trata de una producción prescindible de alfa a omega. Nadie se pierde gran cosa si decide obviar Mogambo al repasar la filmografía del maestro Ford.

La historia cuenta que la compañía Metro Goldwyn Mayer quería, a toda costa, repetir el éxito que en 1932 supuso Red Dust, dirigida por Victor Fleming, y cuyo protagonista era un joven Clark Gable. Por ese mismo motivo, se insistió con inaudita vehemencia para que en la nueva versión de la obra teatral escrita por Wilson Collison, sea el mismo galán quien acompañara a dos estrellas de la talla de Ava Gardner y Grace Kelly, pese a que habían transcurrido veintiún años. Es decir, en un hecho poco usual, Clak Gable interpretó el mismo papel con más de dos décadas de diferencia. La variante –además del irremediable paso del tiempo para el galán– consistió en la ambientación de la historia: como estaba de moda por los años cincuenta en Hollywood, se optó por situar la acción en las exóticas profundidades del África. Y dicha escenografía, al igual que la historia en sí, no son más que meras excusas para el lucimiento del triángulo de celebridades. Dicho en otras palabras: el filme se sostiene por la presencia de Gable, Gardner y Kelly; sin éstos, las casi dos horas no tendrían razón de ser, no se soportarían de ningún modo.

La indecisión del rudo cazador, quid de la película, versa sobre inclinarse por la morocha insolente, escandalosa y grosera, o por la refinada y casada rubia inglesa, en lo que configura un guión, a todas luces, chato y cargado de clichés. La reunión de un grupo de grandes actores y de un director fuera de serie no necesariamente redunda en una obra maestra. No sé qué habrá pensado John Ford en su momento, pero conjeturo que no habrá sido precisamente el argumento la causa que lo llevó a hacerse cargo de este proyecto.

Con todo, Ford le imprime algunos sellos de su talento imperceptible, y la película alterna con cierta suficiencia entre el género de aventuras y la comedia –esto último gracias a la decorosa actuación de Ava Gardner, que, no obstante, para mí gusto, era una actriz un tanto limitada–. El interminable desfile de toda clase de animales salvajes es otro artificio para disimular la falta de hondura argumental. Pese a ello, las secuencias en las que intervienen panteras, rinocerontes, leones, hipopótamos y gorilas, están correctamente desarrolladas, y vistas hoy, luego de más de medio siglo, no han envejecido tan mal como la película en su totalidad.

Mogambo, clásico de aventuras para algunos, película entrañable para otros, no es más que una palmaria muestra de que al maestro Ford ningún género le sentaba tan bien como el western, y que la suma de individualidades rutilantes no asegura un resultado a la altura. Pero Mogambo, lamentablemente, también es sinónimo de disparate, de idiotez, de descaro, pues para los censores franquistas el hecho de que una mujer casada mantuviera una relación adúltera constituía el súmmun de lo escandaloso. Lo escandaloso –o risible, si se quiere– en realidad fue la adulteración de los diálogos, y por extensión de la historia entera, que estos personajes hicieron al realizar el doblaje del filme para España. Así, estas mojigatas mentes convirtieron en una pareja de hermanos a los cónyuges que interpretaban Grace Kelly y Donald Sinden, escribiendo de este modo uno de los más patéticos capítulos de la historia de la censura en el cine.

Mogambo (EE.UU., 1953)
Director: John Ford.
Intérpretes: Clark Gable, Ava Gardner, Grace Kelly, Donald Sinden, Philip Stainton.
Calificación: 5,50.

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5 respuestas a Hasta los maestros tropiezan de vez en cuando…

  1. kleefeld dijo:

    Claro, si hasta los maestros tropiezan de vez en cuando… ¿cómo no iba a hacerlo John Ford? :-)

  2. dolores dijo:

    Adoro a Clark Gable. En esta peli, peinando canas y todo, es la virilidad en persona. Por él solo ya vale toda la peli. Pero reconozco que no es muy buena, es cierto.

  3. Albert dijo:

    Y pensar que NO tenía planeado verla… ahora ya es un imposible.

  4. Ignacio dijo:

    No la vi. Pero a todas esta clase de pelis de Ford yo las tengo conceptuadas como clásicos. Igual quedo advertido por si la pasan por la tele algún sábado a la tarde.

  5. Quime dijo:

    Con sólo ver el póster de la película se nota cuál era el atractivo.
    La imagen de las estrellas ocupa 3/4 de la superficie, y los nativos con lanzas el pequeño resto.

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