Sobre el uso de determinadas palabras (quizá) prescindibles

De un tiempo a esta parte, cada vez que me siento frente al ordenador a esbozar algún artículo de opinión para este espacio, o bien, toda vez que tengo que redactar un trabajo práctico para presentar en la universidad en el que deba expresar mis pareceres sobre ciertos puntos que ameriten discordia, intento (concientemente) dejar de lado el uso de expresiones o palabras que sólo tienen la misión de constatar que lo expresado se reduce a una opinión personal del autor, y de ningún modo constituye una exactitud rayana en la certeza absoluta. He escrito “intento”, pues por más titánicos esfuerzos que realice, en no pocas ocasiones me resulta imposible dejar de recurrir a estas expresiones que, sospecho, actúan como reaseguro, como “válvulas de escape”, ante la posibilidad cierta de que lo exteriorizado no sea correcto. Cuando uno las utiliza deja una puerta entreabierta; es decir, no veda la existencia de la duda, y al darle vida a la duda, alimenta las probabilidades de veracidad provenientes de la refutación o antítesis.

El defecto intrínseco de utilizar con frecuencia expresiones como “si no me equivoco”, “según mi parecer”, “desde mi punto de vista”, “según creo”, “tal vez”, radica en la redundancia que conlleva su empleo sistemático en textos en los que el autor, desde el inicio, está manifestado una opinión inherente a su persona. Así, Borges criticaba el estilo de T. S. Eliot, al juzgarlo desesperante. En una de las mil y una cenas en la casa de Bioy Casares, expresaba: Dice algo y en seguida lo atenúa con un “quizá” o un “según creo”, o le resta importancia reconociendo que en ocasiones lo contrario es cierto. A veces me parece que lo hace para llenar papel, porque hay que escribir un artículo. El anfitrión, poniéndose en lugar del poeta inglés, replicaba: Yo creo que es porque en cuanto dice algo teme exponerse, por haber cometido una inexactitud. A mí, por lo menos, me paso eso, pero creo que los autores deben atenerse a hacer afirmaciones un poco audaces, en la inteligencia de que el lector comprenderá que no hay que tomar todo literalmente y contribuirá con las dudas. Por un ideal de nitidez y simplificación hay que tener ese coraje de afirmar algo a veces.

Intuyo que Schopenhauer, quien redactó un manual de dialéctica de combate, expuesto en 38 sencillas estratagemas, tampoco hubiese aconsejado, en la mayoría de las ocasiones, recurrir a estas revelaciones de lo implícito. Pero, más allá de argucias para defender argumentos propios frente a un contendiente, refería Borges en aquella perdida noche de Buenos Aires, que el mismo Goethe declaró que esas palabras deben estar sobreentendidas en todos los escritos; que el lector debe poder distribuirlas donde lo juzgue conveniente y que él escribía cómodamente sin ellas.

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9 respuestas a Sobre el uso de determinadas palabras (quizá) prescindibles

  1. pads dijo:

    yo también uso mucho esas palabras… si te sirve de indicación, iba a poner un “creo” al principio de este comentario. Evidentemente, cada vez que hablamos o escribimos estamos dando nuestra opinión, falible y parcial, pero necesitamos escudarnos ante el conocimiento de nuestros posibles errores. Por eso, quién menos sabe es quien más vehementemente da su opinión, y nunca la tamizan con estas coletillas

  2. Albert dijo:

    Coincido con pads: yo también utilizo, y más todavía en la universidad, expresiones de ese estilo. Precisamente en un examen que tuve que hacer ayer me planteé exactamente este tema: ¿Por qué estás utilizando estas expresiones si no hacen nada más que “ensuciar” el texto y demostrar que no estás seguro de lo que escribes? Me respondí que necesitaba esconder mi inseguridad, y que las escribía más para mi que para el texto en sí.
    Al final decidí que tenía que empezar a escribir para los demás, y borré todas estas frasecitas.

    P.D: ¡Yo también quiero leer Memorias del Subsuelo! Ya dirás qué te ha parecido, que últimamente tengo siempre a Dostoievsky en la cabeza.

  3. LuxMa dijo:

    Este texto me recordó uno de los aforismos del escritor español José Bergamín, quien dijo: “Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto”.

  4. Germán Ricoy dijo:

    Este tipo de dudas que expresas, Clau, y que todos padecemos en mayor o menor medida, son la muestra del daño que el pensamiento postmoderno y el relativismo moral están haciendo a la cultura occidental. Ya nadie es capaz de equivocarse gloriosamente, y hemos optado, a cambio, por dudar acerca de todo de forma miserable. Hemos llegado a pensar (como dice pads en el primer comentario) que el mero hecho de no tamizar la opinión con coletillas que expresan una pretenciosa humildad demuestra a las claras la ignorancia de quien así habla. Y esto no tiene por qué ser precisamente así.

    El texto que has escrito resulta desde luego muy adecuado para alguien que coloca en el frontispicio de su bitácora una cita acerca de la abundancia de perplejidades y la escasez de certezas, pero yo -que también incurro en el pecado contemporáneo de la humildad vanidosa- voy a intentar ser más tajante en mis opiniones a partir de ahora, ya que una opinión no admite error.

    Lo malo es cuando se pretende hacer pasar opiniones por argumentos y disfrazamos de criterio (yo el primero) las caprichosas veleidades del gusto.

    Pero, al fin y al cabo, errare humanum est.

    Creo yo. ;-)

  5. pads dijo:

    no veo que tiene de malo eso que llaman relativismo moral… desde luego, yo lo veo mucho mejor que el absolutismo moral, y, desde luego, no creo que no usar nunca estas palabras, caer en ese absolutismo de la propia opinión solo demuestra estrechez de mente. Alguien más listo que yo ya expresó sus limitaciones: sólo sé que no sé nada…

  6. avellanal dijo:

    Si me permites una pequeña intervención, pads, quiero decir que lo malo del relativismo imperante radica en que, entre otras cosas, todas “las verdades” sean tratadas de forma equitativa, igualando paja con trigo, y vedando desde el inicio toda posibilidad de que exista una verdad objetiva. Corresponde a una necesidad de los tiempos que corren, a mantener un equilibrio entre los distintos credos sin tomar partido. Además, me parece una obviedad que todo aquel que sostiene que no existe la verdad absoluta es igual de dogmático que el que asevera su existencia.

    Igual, no me extiendo más, que seguro Germán puede explayarse sobre la cuestión con muchísima más propiedad que yo.

  7. val dijo:

    Galileo dijó: “La duda es la madre de la invención”.

    Aquel que duda, y con honestidad muestra ese parecer a sus semejante contribuye positivamente. Aquel que no duda, será un necio. Aquel que oculte sus dudas será un farsante.

  8. Germán Ricoy dijo:

    Me encantaría explayarme pero, Clau, no tengo la menor intención de desairar tu hospitalidad con mis opiniones y, ya que tengo asumida de antiguo mi profunda necedad, prefiero (como buen farsante de mente estrecha) ocultar mis dudas y reservarlas para ocasiones y lugares más propicios.

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