¿Hasta cuándo habrá diarios?

De un tiempo (prolongado) a esta parte, no han sido pocos los especialistas en medios de comunicación (o pronosticadores de ocasión) que condenaron a muerte a los periódicos. El deceso –dicen los entendidos– no se producirá de un día para el otro, más bien será pausado, gradual, al modo del sentenciado que recibe una inyección letal. Pero lo cierto, nos afiman, es que la prensa escrita ya ha comenzado a agonizar, y en un plazo no tan distante, la tinta fresca no se deslizará más por los dedos de ningún lector en el mundo.

Arguyen, al pintar tan sombrío (o diáfano, según se mire) panorama, que el crecimiento de los medios digitales no disminuirá en los próximos lustros, y que las generaciones jóvenes de hoy, consumidores del futuro, poseen una marcada preferencia por Internet, que se erige entonces como principal e inequívoco enemigo de los diarios de papel.

Sin embargo, cada tanto leo una buena cantidad de informes que revelan una realidad que, en algún modo, contrasta con estos vaticinios. Quiero decir, más allá del incremento inconmensurable de personas con acceso a Internet a lo largo y ancho del planeta, y del avance también impresionante de la publicidad en este medio, la circulación de periódicos (con precio de tapa y gratuitos), del mismo modo, lejos de disminuir, asciende año tras año, y no solamente en países en constaste expansión, como India y China, sino a nivel global: de hecho, Norteamérica es la única región planetaria donde se registró un leve descenso. Se calcula que en la actualidad, más de 1.400 millones de personas leen al menos un diario cada día en todo el mundo, desestimando que éste sea un “medio del pasado”, tal como algunos lo ven. Con todo, yo nunca me fío completamente de estos datos.

Traigo esta cuestión a colación, porque hace poco, husmeando en las notas de Bioy Casares sobre Borges, me encontré con un diálogo (de 1959) que juzgué interesante. Bioy, cuando se habla –en la mesa de su casa– de libros norteamericanos que resumen cien novelas famosas, comenta: La gente los lee para tener tema de conversación. Mucha gente tiene el problema de no saber de qué hablar. Conocí una señorita que, antes de viajar a los Estados Unidos, se preparó para el diálogo en los cocktails memorizando el tráfico de los diversos puertos de la República, las cifras de producción, exportación e importación de los productos agrícola-ganaderos. Este aporte le da pie a Borges para lanzar: ¿Hasta cuándo habrá diarios? Los diarios se basan en la idea de que cada día ocurren cosas dignas de saberse, cosas muy interesantes. Quizá la gente despierte de ese error y no lea más los diarios. Adolfito replica: No. La existencia de los diarios se basa en la necesidad de leer que tiene la gente. Somerset Mougham refiere que él lee interesado cualquier cosa: catálogos de “Army and Navy”. La gente quiere leer cualquier cosa que no le dé trabajo; un solo diario no le basta; compran los de la mañana y los de la tarde. Entonces, Borges afirma: Reconocerás que no es una lectura útil… En una sociedad inteligente habría que proscribir los diarios. Y, como el futuro es muy largo, probablemente triunfará mi hipótesis. Por último, cierra el anfitrión: Es claro. Habrá un día en que no habrá diarios, habrá un día en que no habrá paraguas: todo desaparecerá, se olvidará, volverá a descubrirse, hasta la disolución final. Hay que ver la lentitud con que la gente lee los diarios. Yo hojeo “La Prensa” en quince minutos, durante el desayuno; pero ya no cuento a nadie ese hecho, porque el oyente descubre en mis palabras un propósito de alarde intelectual.

Al igual que Bioy, yo leo el periódico que compran en mi casa de lunes a viernes –para mi disgusto, “Clarín”– todas las mañanas, también mientras desayuno. En honor a la verdad, el adjetivo correcto no es “leer”; sólo le echo un vistazo superficial, concentrándome mayormente en la sección deportiva (aunque algunos se escandalicen). Hace tiempo que no le presto atención, por ejemplo, a las columnas de opinión política, pues es sabido que los periodistas manipulan la información de una forma descarada, según la línea editorial de ocasión. Los sábados o domingos, cuando en un rapto de anomalía consigo despertarme temprano, sí le dedico mayor atención a la lectura de los diarios, aunque en esos días, en los que también llega “La Nación”, centro mi interés en las revistas culturales que traen consigo –Ñ con “Clarín” y ADN Cultura con “La Nación”–. No obstante, vislumbro que, de cumplirse mañana mismo la profecía (teñida con deseo) de Borges, no me afectaría en lo más mínimo: todo lo que uno lee en el periódico, al igual que la mala literatura, se pierde automáticamente en los abismos del olvido, en la llana geografía de lo inservible.

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5 respuestas a ¿Hasta cuándo habrá diarios?

  1. kleefeld dijo:

    Lo malo de los periódicos es su caducidad, lo efímeros que son ya desde su misma concepción. Y que para atisbar ligeramente lo que de verdad ocurre hay que leer muchos periódicos distintos durante largo tiempo, si es que por alguna circunstancia que leerlos nos da alguna idea ni siquiera aproximada de lo que acontece. Son como un cúmulo de anécdotas que, en conjunto, forman un panorama más o menos comprensible del presente. Pero a veces resulta insufrible lo anecdóticos que llegan a ser.
    Y me ha encantado leer esas conversaciones entre Bioy y Borges… me he reído mucho.

  2. val dijo:

    No hay noticia todos los días. Esta vez daré la razón a tu amado Georgie.

  3. Legna dijo:

    Geniales esas citas.

    Por mi parte creo que las ediciones papel quedaran obsoletas y poco rendibles para los periódicos con relación proporcional al acceso a intenet de las personas (y eso que nos ahorraremos en arboles).

    Llegado el momento con una acceso mas o menos universal a internet la edición papel no sera rendible.Y las principales fuentes de ingresos de los periódicos, la publicidad, seguirá existiendo. Y le haremos el mismo caso que hoy le hacemos a la publicidad en edición papel.

    No creo que sea nada malo (ya lo comentábamos cuando discutíamos sobre las ediciones digitales de libros). Creo que es una consecuencia natural de la evolución tecnológica.

    Firmado:

    Miembro activo de la Plataforma:

    Que-Clau-se-lea-y-haga-una-reseña-de-un-libro-de-Lem.

    Nos leemos.

  4. avellanal dijo:

    Me alegro, chicos, que les hayan gustado las conversaciones entre Borges y Bioy. A mí me encantan, y todos los días voy leyendo un poquitín de ese colosal libro, al modo de “Rayuela”, sin seguir un orden lógico. Voy a procurar ir poniendo otras “perlas” más por aquí.

    Legna: yo prometo leerme un libro de Lem y redactar algo similar a una reseña, pero tú, como te hemos pedido con instan y Guido, tienes que actualizar tu blog más a menudo, eh. ¿Trato hecho?

  5. Legna dijo:

    Hecho.

    Me voy actualizar con la noticia de Venter.

    Nos leemos.

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