La insignificante televisión argentina

Crear, diccionario en mano, significa: producir algo de la nada.

Por razones múltiples, a lo largo de estos últimos tres años, ha ido decreciendo progresivamente la cantidad de tiempo que paso frente al televisor. Internet y el estudio, desde luego, me demandan en el transcurso de la semana muchísimas horas más, por lo que la televisión (y en especial los programas argentinos) ha quedado relegada por decisión voluntaria, salvo eventos especiales. Decisión voluntaria, digo, y no medida ocasionada por apretadas agendas, dado que cada vez duermo menos: es decir, el tiempo no me sobra extraordinariamente, pero tampoco es que estoy sin respiro. ¿Por qué huyo horripilado de la TV argentina? Lo explicaré brevemente.

Primero que nada, me impresiona la carencia absoluta de ideas que hay. Programas ensalzados por la crítica se reducen a dejar grabando todo lo que sucede por la pantalla, para luego “copiar” y “pegar”. En otras palabras, reproducen los errores, disparates, escándalos y sandeces que se pueden apreciar en el resto de la grilla, a la par que un conductor/a presenta con algún bocadillo “ácido” el elaboradísimo informe que requirió un esmerado esfuerzo de producción. El formato de esta clase de programas, al menos en la Argentina, lo introdujo Raúl Portal con su PNP (Perdona Nuestros Pecados), para que luego se multiplicara cual plagas de Egipto, de forma sostenida y creciente, en lo que constituye una pasmosa imitación hurtada de la reproducción. Atentaría contra mi salud si ahora me pusiera a recordar uno por uno todos los programas que se valieron (y valen) de esta fórmula que representa la cúspide de la creatividad, con mayor o menor fortuna en materia de audiencia. Lo importante: casi nadie produce de la nada: se valen de las miserias y ridiculeces ajenas para convertirse en “sagaces” recolectores de esas patéticas migajas.

Párrafo aparte merece la “novedad” que han aplicado ahora algunos de estos envíos: los conductores cómodamente sentados van mostrando ante las cámaras, las fotos publicadas en las revistas “culturales” de la semana, mientras realizan acotaciones de una profundidad envidiable.

Con respecto a las tiras diarias, novelas o culebrones, sólo señalaré que las líneas argumentales, en su gran mayoría, no dan ganas de llorar, sino de autoflagelarse. Están rodeadas de un halo de mal gusto, chabacanería y vulgaridad pasmosos. Con criterio se le podrán criticar muchos aspectos a los estadounidenses (deporte nacional argentino desde hace años), pero las series made in Tío Sam están a años luz de diferencia de las hispanoamericanas. Y está tan escasa de ideas la televisión argentina, que ahora ha optado por importar formatos desde el Norte, para luego terminar en el absurdo de “criollizar” esos contenidos. ¿Es qué acaso se ha terminado la imaginación? ¿Todo está creado? ¿El plagio medianamente disimulado es la única alternativa?

Para finalizar, y obviando infinidad de cuestiones que quedarán para otra oportunidad, como los “programas de espectáculos”, mencionaré el descaro rotundo y la falta de respeto para con el público que evidencian los directores de los canales principales, cambiando el horario pautado de toda la programación como si nada. Telefé y Canal 13, en ese sentido, son autoridades versadas. Existe, no obstante, cierto masoquismo por parte de los televidentes: primero, por consumir esos productos mediocres; y segundo, por regular sus vidas en base a las arbitrarias decisiones especulativas de un par de mercaderes del entretenimiento pueril, cual ovejas de rebaño.

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6 respuestas a La insignificante televisión argentina

  1. kleefeld dijo:

    La tele nos da un reflejo de lo que significa ser humano hoy día. Un pobre reflejo, desde luego.

  2. Ignacio dijo:

    Cuando tenés razón, tenés razón. No tengo nada que decir, totalmente de acuerdo con vos.

  3. avellanal dijo:

    Quiero resaltar, no obstante -porque todo hay que decirlo-, que uno de los acontecimientos culturales más importantes del 2007, en Argentina, fue la creación del canal Encuentro, en el que he podido apreciar, por ejemplo, los reportajes que hacía la Televisión Española a fines de la década del setenta y principio de los ochenta a personalidades de la cultura. Imperdibles.

  4. Germán dijo:

    Estoy completamente de acuerdo con vos. Nada que agregar.

  5. LuxMa dijo:

    Para mí que esto es parte de toda una crisis generacional que viene aquejando a todos desde ya hace varios años. Desde la falta de inventiva en varias de las ramas artísticas y los re-fritos de películas por doquier (que al parecer es la moda hoy día) hasta esa vasta gama de “culturales” programas en los que los conductores se ‘devanan los sesos’ examinando las consecuencias “sumamente trascendentales” del último escándalo de algún artista en boga, contemplo absorta, que a la mayoría de la población (al menos aquí en mi país) le agrada y entretiene toda esta temática.

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