Maradona y los ídolos descartables

Me provoca verdadero estupor comprobar cómo los medios de comunicación –y no sólo los dedicados a cuestiones deportivas– “inflan” hasta extremos inconcebibles acontecimientos que, si bien no intrascendentes, no merecerían semejante nivel de repercusión. Comprendo que el fútbol, en los últimos tiempos, ha dejado de ser simplemente un deporte, para pasar a ser un lucrativo negocio. Y no está del todo mal que así sea: se hace imperante endosar, vender a un público masivo con afán consumista. En consecuencia, la maquinaria mediática produce ídolos light, descartables de un día para el otro, preocupándose por magnificar buenas condiciones que, en rigor, son promesas de excelentes cualidades; en otros términos, mientras un jovencito de dieciocho años no logre una cuarta parte de lo que consiguieron las glorias futbolísticas de antaño, no se trata de acto, sino de potencia.

En la Argentina, desde que veo fútbol –cuando a Maradona todavía le quedaban varios años de carrera–, me he cansado de escuchar epítetos tales como el “sucesor” o el “heredero”. Enumerar la cantidad de olvidados (y en no pocos casos, olvidables) jugadores a los que les adjudicaron dicho rótulo luego de alguna que otra actuación destacada, sería tedioso, pero la lista es extensa, y todos, inevitablemente todos, en mayor o menor medida, sufrieron las consecuencias de llevar, aunque sea por unos pocos meses, semejante carga a cuesta.

Lionel Messi ha conseguido, pese a la brevedad de su trayectoria, logros importantes, y se proyecta, indudablemente, como uno de los futbolistas más destacados de los próximos años. Messi manifiesta, a todas luces, condiciones sobresalientes; se desprenden de su transitar discontinuo, las características innatas que no se adquieren con el pizarrón, pues se traen del potrero, de la cuna.

Empero, la permanente (y fastidiosa) comparación con Maradona (acentuada tiempo atrás por las similitudes entre el gol a Inglaterra en 1986 y el convertido al Getafe), según mi entender, sólo perjudican al jugador del Barcelona. No creo que a ningún músico le haga demasiada gracia que lo cotejen con Mozart; del mismo modo, toda comparación objetiva con Maradona es desafortunada, porque siempre habrá un clarísimo perdedor en dicha confrontación: aquella apilada de Messi fue extraordinaria, es cierto, y esa clase de tantos no se observan hoy en día con frecuencia: tal vez de ahí tanto éxtasis mediático; sin embargo, principalmente por contexto, la asimilación con el mejor gol de todos los tiempos no reviste mínima correlación, más allá de las semejanzas de forma (se hace imperante decir que, desde mi punto de vista, hasta la manera de correr de Maradona resulta, estéticamente, más depurada).

Los que me conocen sabrán que mi admiración futbolística por Maradona, por ese atípico ejemplar procedente de alguna galaxia desconocida, lejos está de constituir un acto de ferviente nacionalismo. Diego fue distinto porque su sola presencia en el verde césped engendraba la certidumbre generalizada de que cualquier equipo en el que él jugara era capaz de conseguir lo imposible; sobre este punto, un futbolero nato como el notable hombre de letras mexicano, Juan Villoro, afirmaba: Es posible pensar en un gran Real Madrid sin Di Stéfano o en un gran Santos sin Pelé, pero el Nápoles de fábula era Maradona. Lo vi en el estadio San Paolo en el mundial 90, cuando los napolitanos guardaron respetuoso silencio y aceptaron ser victimados por su capitán, que había escenificado el histórico melodrama de convencer al graderío de que Argentina estaba más próxima de la Italia pobre, es decir, de Nápoles, que la arrogante Italia del norte. Es lo más cerca que el fútbol ha estado de tener a Espartaco en la cancha. O más aún: al Espartaco de Kubrick. Ésa memorable y operística semifinal entre Italia y Argentina que relata Villoro configuró un caso inédito en la historia de los mundiales de fútbol, pues el público napolitano guardó fidelidad a su máximo emblema, aunque dicho acto de lealtad, a la vez representara una patente traición a la propia patria. Dicho está: lo que generó Maradona en el ámbito de su deporte, no le generó nadie. Yo tengo el íntimo y honesto convencimiento de que futbolísticamente será imposible de imitar, y mucho menos de superar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Deportes. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Maradona y los ídolos descartables

  1. pads dijo:

    cada día todo es más de usar y tirar, y cada vez más prima el consumo cuanto más rápido, mejor, sea en música, fútbol, libros, etc…
    hay que saturar a los consumidores, pues ya no hablamos de artes o deportes, si no de productos de consumo, haceles comprar lo nuevo y tirar lo viejo, mover la máquina aún más rápido. La situación puede compararse a esto: “Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.”

    nosotros somos el adversario :S

  2. Ignacio dijo:

    En cuanto a lo del consumo exagerado en la sociedad posmoderna ya se expresó con mucho criterio quien me antecedió. Ahora bien, yendo a la cuestión del fútbol directamente, me gustó muchísimo tu visión sobre aquel partido con Italia que yo solamente he visto en grabaciones y también las palabras de Villoro sobre Diego. Ponerle a Messi la mochila de ser el heredero de Maradona coincido con vos, es lo peor que le pueden hacer. Igual ya sé que vos tenés preferencia por Aguero xD

    saludos!

  3. kleefeld dijo:

    Tú ya lo has dicho, y con palabras acertadas: éxtasis mediático. Se sirven de Maradona como también se sirven de Mahatma Gandhi o de Kennedy por su imagen, por ser iconos, por ser ídolos. El rostro de Messi quizás desaparezca cuando Maradona deje de ser nombrado junto a él. Iconos. Ídolos de barro. Es el peligro de tener una historia, que cualquiera puede hacer con ella lo que quiera.

    Por otro lado, me irritan sobremanera esas gentes “con dones divinos”, las que proceden de otras galaxias, las que por naturaleza son buenos en fútbol o en el cultivo del césped artificial. Alabar los dones naturales me parece tan aberrante – e inhumano- como alzar el artesano al nivel del genio. En vez de ser guapo, de tener tres brazos o de tener una lengua de varios metros, cierto tipo juega bien al fútbol y se convierte así en ídolo de masas. Sin que lo haya deseado. Sin que le cueste esfuerzo alguno.
    Alabar los productos de la naturaleza sin percatarse del horror que conllevan, del horror del que proceden.

  4. Strega dijo:

    El universo del futbol encierra enormes intereses y poderes, el económico es uno, vender es la bandera. Recientemente se ha visto una gran saña contra Hugo Sánchez y su fracaso como DT de la selección nacional. Hugo no me parece ni remotamente un buen director técnico, pero de ahí a la cantidad de cosas que se han dicho, bueno, que ahora que Maradona está en México incluso habló del tema.

    Messi me parece un gran jugador, alguien que llegará lejos si las lesiones (leí hace poco un artículo interesante donde habla que quizá el tratamiento al que se sometió le hace un jugador “delicado” por la alta exigencia que un deportista de su nivel exige) no interfieren.

    Más allá de la comparación con cualquier persona en cualquier campo, me parece que lo más importante es ser uno mismo, por uno mismo y buscar superar nuestras propias metas…

  5. avellanal dijo:

    Podría estar de acuerdo con lo que dices en tu segundo párrafo, Kleefeld, de no ser porque no coincido en un punto, en un delicado punto, y es cuando dices: “Sin que le cueste esfuerzo alguno”.

    Es preciso convenir que el talento deportivo, en la mayoría de los casos, tiene su origen en condiciones innatas. En el caso de Maradona, más aún. Pero existen muchas personas que piensan que el fútbol es un libro de cocina. Y los que lo hemos practicado, y no los que se han sometido a un curso de gastronomía futbolística, sabemos a las claras que sin sacrificio, que sin esfuerzo, que sin entrenamiento conciente, por más excelentes cualidades que se posean, en un mundo tan competitivo como es el del fútbol actual, no se llega ni a la esquina.

    En lo personal, ver desplazarse a Maradona con el balón, contemplar la magia que procedía de sus botines, guste más, guste menos, me producía un tremendo goce estético. Pero claro, a mí me encanta el fútbol.

    Streega: lo de Hugo Sánchez es un tema complicado, y yo no estoy tan informado al respecto. Con todo, sé que Lavolpe anduvo metiendo cizaña por ahí, seguramente vengándose de lo que Sánchez declaró en el pasado. Ojalá encuentren un buen director técnico, pero sin olvidar nunca que la causa eficiente del fútbol son los jugadores.

    Un saludo y gracias por los comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s