Noches de insomnio y lejanía

Cuando Borges se refería al sentimiento o al sonido de la poesía, a la música de las palabras, y más allá de que se tratare de prosa o poesía –siempre es menester recalcar que su producción poética, injustificablemente, no ha sido tan reconocida aún como su narrativa–, cuando hablaba en esos términos, quería aludir al desestimado arte de la traducción. Es de público conocimiento que aprendió a leer, a instancias de su grandmother, antes en inglés que en español, nutriéndose con autores como Mark Twain, Jack London y H. G. Wells; también se sabe que a la edad de nueve años tradujo sin mayores inconvenientes el exquisito cuento El príncipe feliz, de Oscar Wilde. De ahí en adelante, hasta Pierre Menard, autor del Quijote, todo es historia, todo es literatura.

Confieso que experimenté cierto asombro aunado con curiosidad, la tarde de este año en que un amigo de por aquí nomás, me puso un enlace a cierto artículo firmado por un tal Noam Cohen, que acababa de aparecer en “The New York Times”. El asombro tenía su fuente inmediata en el hecho de que tan prestigioso periódico le dedicara algunas líneas a un escritor argentino que detestaba los diarios. Miento. El asombro tenía su fuente inmediata en la asimilación de la noticia de que se había publicado un libro titulado Borges 2.0: From text to virtual worlds, que, como su nombre de algún modo lo indica, gira en torno a la idea de que, debido a sus “proféticos” textos y su forma hipertextual de forjar la lectura, a Borges le cabe el rótulo de padre, o, por lo menos, proyectista de Internet. Desconozco si la señora que escribió el mencionado ensayo, Perla Sassón-Henry, profesora del departamento de estudios de la Academia Naval de los Estados Unidos (Georgie, regocijado en su picardía, estaría encantado), pretendió sugerir que la idea sobre la que se explayó en su estudio reviste matices revolucionarios. Sea como fuere, francamente no sé a qué viene tanto alboroto en derredor de una idea que ya había sido postulada por el semiólogo italiano Umberto Eco hace varios años: así como Kafka creó a Zenón, Kierkegaard y León Bloy, entre otros precursores suyos, es posible que Sassón-Henry, siguiendo las inferencias borgeanas, haya creado a Umberto Eco; tendremos que agradecerle a ella pues el maravilloso y reciente ensayo La historia de la fealdad.

Transcurridos unos días, leyendo el diario “El País” de España, y debido al adanismo que se deriva del estruendo mediático que recayó sobre la “consabida novedad”, me encontré con la traducción del artículo (Borges and the Foreseeable Future) de Cohen. Se recordará que a Borges le agradaba escandalizar, por medio de invenciones y artificios, a algún que otro desprevenido; se recordará también que en alguna ocasión afirmó que El Quijote auténticamente cervantino, El Quijote en español, le pareció una pobre traducción de la versión inglesa que él había leído de niño (por ser menos subrayado, es preciso señalar que Borges, principalmente a causa de su formación liberal iluminista, entre otros factores, estaba tan alejado de la hispanofilia como del antisemitismo o del catolicismo, pero la indicada declaración era sólo una de sus picardías, de sus alusiones irónicas: para más datos bastará con leer “Magias parciales del Quijote” en Otras inquisiciones).

Volviendo al artículo traducido por “El País”, el desconcierto me arrebató sin pedirme permiso, cuando, sobre el final de la nota, me encontré con el Poema de los dones –que, claro está, había sido citado en inglés en el original de “The New York Times”–, pero no tal como mi memoria lo recordaba: ¡oh, Dios!, en el periódico peninsular habían traducido a Borges al español. El corolario, supongo que está de más aclararlo, fue calamitoso: Nadie debería leer autocompasión ni reproche/en esta declaración de la autoridad/de Dios, que con tanta espléndida ironía/me concedió libros y ceguera con un único toque. Con tan sólo mutilar la extraordinaria metáfora con la que Borges concluyó su poema, que nuestra imaginación acoge con tanta hospitalidad cuando conocemos las circunstancias personales que le llevaron a redactarla, el resultado per se ya hubiese sido funesto; únicamente resta comparar: Nadie rebaje a lágrima o reproche/esta declaración de la maestría/de Dios, que con magnífica ironía/me dio a la vez los libros y la noche.

En definitiva, Nadine Stair, Perla Sassón-Henry, Umberto Eco, Noam Cohen y el trasnochado traductor de “El País”, ha quedado plenamente evidenciado, y no se admite prueba en contrario, son meras entelequias, acaso demonios, que Borges y Bioy Casares inventaron al tiempo que concebían algún estrambótico librillo de literatura láctea más o menos búlgara en noches de insomnio y lejanía.

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Literatura. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Noches de insomnio y lejanía

  1. Germán Ricoy dijo:

    ¿Qué puede haber más borgeano que la espléndida confusión que nos cuentas? Seguro que Borges habría disfrutado con la ironía de verse (re)traducido al español desde el inglés y no le habría costado afirmar (con secreto placer de niño travieso) algo así como que “acaso la traducción fuera mejor que el original ya que, al fin y al cabo, toda obra no es más que la traducción de otra que la precede y permanece oculta”.

    Menos mal que Borges y Bioy a la vez que concibieron al traductor de “El País” también trazaron el carácter del autor de un blog que pudiera defenderle de las inadvertidas ironías de un traductor trasnochado.

  2. pads dijo:

    aysss, la furia de los traductores, a veces los árboles no les dejan ver el bosque!

    hace tiempo leí ese reportaje en El País, y la verdad es que esas bibliotecas infinitas, caóticas que imaginó Borges, bien pueden verse reflejadas en la red

  3. thermidor dijo:

    Buen texto, no tengo nada que añadir. ¡Ya discutimos lo suyo aquel artículo! :)

  4. Ignacio dijo:

    Cuantos errores, cuantas pifiadas últimamente con Borges eh!

  5. Edu dijo:

    Una confusión digna de Borges, es cierto. Cuando llegue el libro ese a la Argentina espero comprarlo, para tu alegría o indignación.

    Nos vemos por ahí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s