Fabián Bielinsky: dos extremos que se rozan

La idea de hacer películas ‘para el público’ es una frase con un rango muy grande de interpretaciones. Una de ellas sería pensar: “A ver, ¿qué le gusta a la gente? Bueno, hagamos eso”. Un espantoso punto de partida para un largometraje. Por otro lado, negar que el circuito se completa con el espectador en la butaca es un acto de solipsismo absurdo. (Fabián Bielinsky, 2005).

En la era en que la abrumadora maquinaria comercial hollywoodense arrasa en las taquillas semana tras semana, con producciones atiborradas de fuegos artificiales y exiguas ideas, en la Argentina, Fabián Bielinsky, con sólo dos pinceladas de todo su talento y sabiduría artística, demostró: primero, que se puede hacer buen cine con honestidad intelectual y sin necesidad de presupuestos millonarios; segundo, y aún más significativo, que ése cine conceptualmente pretencioso puede ser rentable y llegar al gran público, casi de igual manera que la última entrega de Indiana Jones, y a la vez, ser reconocido por la crítica internacional. En pocas palabras: confirmó que una película sin desmesurados efectos especiales y sin escenografías grandilocuentes, pero narrada con finura y una estética homogénea, puede (y debería más seguido) ser popular en un país acostumbrado a que ‘lo popular’ se relacione con la procacidad, la grosería y la subestimación intelectual auto-infringida.

Bielinsky, de niño, ya insinuaba toda su cinefilia, y en 1972 dirigió su primer cortometraje, titulado Continuidad de los parques, a base del magistral cuento homónimo de Cortázar. Egresó de la escuela del Instituto Nacional de Cinematografía, y en 1989 fue asistente de dirección de Carlos Sorín, en la película Eterna sonrisa de New Jersey, con la actuación del gran Daniel Day-Lewis. Trabajó también con Eliseo Subiela, quien manifestó que fue, junto con Adolfo Aristarain, el mejor colaborador que ha tenido a lo largo de su carrera. En la génesis del siglo XXI, Fabián tuvo la oportunidad de su vida, y no la desperdició: Nueve reinas fue un filme de suspenso con guiños explícitos a El golpe, de George Roy Hill, pero en versión criolla: perfectamente estructurado, con ritmo punzante, situaciones atractivas y pizcas de humor local, complementación redonda del disímil dúo protagónico de chorros (Ricardo Darín y Gastón Pauls) y un inesperado final, que dejó asombradas a las más de 1.300.000 personas que concurrieron a los cines argentinos en aquel año 2000. Él mismo habló de “manipulación de la información para generar reacciones específicas” (lo que a mí me hace recordar inmediatamente el cuento de Borges, Emma Zunz, donde la ambigüedad verbal lleva al lector a tejer especulaciones que son marcadamente falsas). Nueve reinas, sin duda alguna, marcó un hito en la historia del denominado “nuevo cine argentino”, y hasta el día de hoy no se ha repetido un fenómeno siquiera equiparable.

Luego, Bielinsky se tomó su tiempo para volver a rodar, pese a que le llovieron toda clase de ofertas. Confió de nuevo en Ricardo Darín, a la postre su actor fetiche, y se despachó con una película narrada en primera persona: El aura, radicalmente opuesta a su opera prima, con elementos del thriller, drama y policial negro, sin poder ser encasillada en ninguno de esos géneros cinematográficos. El taxidermista epiléptico interpretado por Darín (en la mejor actuación de su fecunda carrera), cuya máxima obsesión es cometer un crimen, aparece en cada una de las secuencias, lo que transforma a la cinta en un claro y agudo ejercicio de la compleja interioridad humana trasladada con calidad a la pantalla grande. La fotografía es de lo mejor que ha dado el cine argentino, por varios cuerpos de ventaja, al igual que el exquisito montaje y la puesta en escena. El resultado final es un filme árido, técnicamente impecable, y con tiempos narrativos nada convencionales (lo que quizá llevó a que no consiguiera la aceptación masiva que sí logró Nueve reinas).

Vendió los derechos de su primer gran éxito a George Clooney y Steven Soderbergh, que produjeron el desastroso remake titulado Criminal (con John C. Reilly y Diego Luna), que marcó, no obstante, un antecedente importante: fue la primera vez en la historia que una película hecha en Hollywood recaudó menos que la original en que se basó.

Su film favorito era Taxi Driver, admiraba a Wilder y a Hitchcock. Se trató de una rara avis dentro del panorama cinematográfico vernáculo, que en tiempos de desorientación, lo extraña enormemente, pues, pese a que su futuro era por demás prometedor, con nada más que dos expresiones de idoneidad y trabajo a conciencia, le bastó para componer una obra sólida, y dejar un riguroso legado, que ojalá sirva de inspiración para futuras generaciones.

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6 respuestas a Fabián Bielinsky: dos extremos que se rozan

  1. Germán Ricoy dijo:

    Me gustó Nueve Reinas, tal vez porque me gusta el subgénero de “películas de timadores” (suponiendo que tal cosa exista) pero me fascinó El aura. Me pareció una película madura propia de un talento personal y atrevido. Una película que tal vez no habría sido posible sin el éxito comercial de la primera, pero inesperada a partir de su predecesora.

    De El aura recuerdo, sobre todo, una escena de un atraco rodada en un plano general que me resultó especialmente fascinante.

    Una voz propia que se perdió, tal vez, demasiado pronto, suponiendo que tal expresión signifique algo al hablar de la muerte.

  2. Ignacio dijo:

    Fue una pérdida muy grande para el cine argentino.

    Particularmente me gustó más Nueve reinas, por su versatilidad y guiños, pero El aura es una peli también muy interesante, pese a que no haya logrado tanta popularidad.

    Y Darin, un capo.

  3. dani dijo:

    Buenisimas las dos pelis de este señor. En general el cine argentino no me va ni me viene pero sobre todo Nueve reinas me pareció de lo mejorcito que se haya hecho acá en muchisimos años.

    Besos Claudi!!!

  4. Quise hacerlo público para amplificar en tus lectores mi agradecimiento. Cortito. Pero sincero.
    Ya sos un Klamahama más!
    Y a partir del lunes salen empiezan a salir las reseñas…

    Salud Claudete!

    http://klamahama.blogspot.com
    Crossroads: music, movies, art & culture rock

  5. poemasreunidosgeyper dijo:

    Estoy absolutamente de acuerdo contigo, Clau. Me gusta mucho el cine argentino, películas como Herencia, Martín Hache, Historias mínimas, Bar el Chino y otras muchas que ahora olvido son magníficas pero hay que reconocer que Nueve reinas marcó un tiempo, la versión americana me pareció pobre en comparación, tal vez por el lost in traslation de la viveza criolla de los personajes, únicos, imperdibles. El aura me parece una joya inquietante. Ojalá otros sigan los pasos de este fantástico director.

  6. wertygol dijo:

    El Aura, que película, empañada por el éxito de su predecesora, sumamente subvalorada. De esas películas donde uno sale del cine con una tremenda sonrisa sin saber por qué, sale pleno, completo, sabe que ha apreciado una obra de arte, que no tiene equivalentes. Que lástima que se nos haya ido mi tocayo (yo también me llamo Fabián y me apellido termina igual, sincronicidad le dicen). Un tipazo humilde en su grandeza que nos dejó con apenas dos joyitas del enorme tesoro que tenía guardado en su cabeza.

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