Planos colindantes

Algunos amigos me achacan el hecho de que pocas veces hago referencia a la science fiction en este blog. Ya he mencionado en otra ocasión –en la que aludí al mismo libro que a continuación– que me considero un no iniciado en el género, al menos en términos estrictamente literarios (para dar una idea, basta con decir que apenas he leído un par de novelas de Arthur C. Clarke, una serie de ensayos de Isaac Asimov, y absolutamente nada de Robert Heinlein).

Sin embargo, siempre regreso a un pequeño libro de science fiction que descubrí de casualidad en un hipermercado, mientras ayudaba a mi madre a comprar frutas, lácteos y ese tipo de cosas que se adquieren en un Wal-Mart: Frankenstein desencadenado, de Brian W. Aldiss. Más allá de que no ostente gran valía literaria, el aspecto más atrayente que hallé en esas páginas fue la mezcolanza de personajes, entreverados cual espectros en los ilógicos intersticios temporales: los puramente ficticios, creados por el mismo Aldiss (Joseph Bodenland); los también ficticios, pero pergeñados por Mary Shelley (Victor Frankenstein, su criatura); y finalmente, lo históricos, reales (Mary Shelley, Lord Byron, Percy Shelley). Vale decir pues, en un espacio temporal uniforme (pese a que existe un desplazamiento del tiempo, no se puede confiar en el ordenamiento de la progresión temporal, se lee en la contratapa de mi edición de Minotauro), conviven e interactúan Mary Shelley –que aún no llevaba ese apellido– y los protagonistas de su más célebre obra.

Como expresé antes, la novela no pasa de ser calificada como entretenida, y la introducción sirve entonces para graficar una reflexión borgeana expuesta en uno de sus eruditos ensayos, una ambigüedad que siempre he encontrado fascinante: la confusión entre el plano objetivo y subjetivo, el mundo del lector y el mundo del libro, cuyas fronteras, usualmente tan sólidas, a veces acaban por desdibujarse, dando a la luz ciertas clases de magias.

El vidente ciego citó algunos ejemplos clásicos al respecto: en el excelso sexto capítulo de la primera parte del Quijote (“Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”), uno de los libros que estos dos singulares personajes examinan es nada menos que La Galatea, de Miguel de Cervantes, autor de la obra que los contiene. No obstante, en la segunda parte se produce el milagro más extraordinario, cuando nos enteramos que el mismísimo Don Quijote y otros personajes han leído la primera parte: los protagonistas del Quijote son, asimismo, lectores del Quijote: conflicto (desorientación) entre apariencia y realidad, entre ilusión y certeza.

Luego, tenemos también ese frecuente recurso del autor de Stratford, de aquél en que se metamorfosea todo humano que repita un verso suyo: la representación dentro de la representación. Borges señala el simbólico ejemplo de Hamlet, donde se interpreta ante el propio sobrino del rey Claudio una tragedia que es más o menos la de Hamlet. De repente, surge una pregunta ineludible: ¿quiénes son entonces los espectadores, y quiénes los actores? A esos fines, alcanzará con recordar la célebre frase shakesperiana de que todo el mundo es un escenario.

Borges se pregunta por qué nos inquieta, nos perturba, que las mil y una noches estén incluidas en el libro de Las mil y una noches, o el mapa dentro del mapa en una sucesión ad infinitum, que Don Quijote sea lector del Quijote y Hamlet espectador de Hamlet. ¿Por qué será que estos artificios (o no) narrativos provocan tanto sobresalto en la mayoría de los lectores?

Lo que entra en juego es nada menos que el supuesto sujeto pasivo, el lector. Borges se contesta a sí mismo en Magias parciales del Quijote, de la siguiente manera: Creo haber dado con la causa: tales invenciones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios. En 1833 Carlyle observó que la historia universal es un infinito libro sagrado que todos los hombres escriben y leen y tratan de entender, y en el que también los escriben.

Esta preocupación de Borges se ha trasladado de manera obligatoria a algunos de sus cuentos. Así, siempre me ha sorprendido que en Historia del guerrero y de la cautiva, nos presente dos hechos fidedignos recogidos en un volumen de ficciones. Es decir, dos acontecimientos que correspondían a la realidad efectiva, por acción directa de las palabras, terminan transformados en meros ejercicios del intelecto. Aquí cobra especial trascendencia la gravitación que el lenguaje tiene en nuestras existencias, porque, en definitiva, cada lector forja su propio libro, reverdeciendo la finitud propia de la escritura en el acto infinito de leer.

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11 respuestas a Planos colindantes

  1. kleefeld dijo:

    Nadie necesita la science fiction, y menos aún aquella science fiction practicada por Clarke, Asimov y Heinlein, cuando se codea con Shakespeare, Borges y Cervantes. Y es que los clásicos de la sci fi uno los admira más por nostalgia que por otro motivo.

    Debo reconocer que los juegos de realidades (¿juegos metaliterarios?) nunca han sido santo de mi devoción. De todos modos, me quedo con esta frase tuya: “reverdeciendo la finitud propia de la escritura en el acto infinito de leer.” Y con “La continuidad de los parques”, de Cortázar (lo cual no implica que lo prefiera a Borges, pibe, que te veo venir xD).

  2. Aunque he leido bastante, la ciencia ficcion no me tira mucho que digamos. Creo que tengo predileccion por el terror que por la ciencia ficcion. Aunque hay obras que me han gustado mucho como Mercaderes del Espacio. Siempre he sido mas de escritores mas oscuros como Barker o mas surrealistas como Boris Vian.
    besos

  3. avellanal dijo:

    ¡Alto, alto! Resulta que los conocí a los dos a través de una web dedicada mayormente a la science fiction, y ahora pasan de ella. Curioso, curioso. ;)

    Realmente yo tampoco le he prodigado mucha importancia, pero más que nada porque nunca he sido un lector de géneros. Quizá se deba también a que generalmente le escapo al lenguaje exageradamente científico (por eso me gusta tanto Ray Bradbury), o a que cuando entraba en la pubertad leí “Esfera” de Michael Crichton y quedé espantado. xD

    Ya que estamos, me gustaría leer próximamente algunas reflexiones sobre “La continuidad de los parques”, Ignasi. Sobre la dicotomía, inexistente dicotomía, Borges-Cortázar, el experto es el señor Germán Ricoy.

    Besos o abrazos (a elección).

  4. Germán dijo:

    Me quemaste la cabeza. :(

    Entonces no puedo leer mas Sci-fi? xD

    Me gustó mucho la frase “cada lector forja su propio libro”. Es lo que me pasa con los “mamotretos de papel” :)

    Te tengo que dar un beso o un abrazo? Jeje. (Disculpá, humor de viernes antes de salir del laburo).

  5. pads dijo:

    ahhhh, qué es lo que veo! creo que no tiene sentido denigrar obras por el hecho de haber sido etiquetadas con un género. Dentro de la cifi o el fantástico puede haber tan buenas obras como fuera. Borges escribió muchos relatos fantásticos, y Kafka bien podría tener obras clasificadas como ciencia ficción

  6. thermidor dijo:

    Todos los caminos llevan a Borges ;-)

  7. iarsang dijo:

    Muy interesante tanto el tema como el texto. También me llama la atención, como a Thermidor, el que también acabe llevando a una reflexión de Borges jeje, aunque muy bien traída, por cierto.

    Y yo siento contradecir pero yo sí necesito “science fiction”. Como el comer. Lo que no quiere decir que no lea a otros autores clásicos, y a otros no tanto, y a otros mejores y a otros peores. Pero lo que me da la cf, la buena al menos, ahhh, es algo inigualable. Como pads, tampoco veo la necesidad de renegar de obras por el hecho de estar etiquetadas dentro de un género.

    Lo que sí reconozco es que a mí me pierden los juegos de realidades. Me producen un placer estético enorme, y caigo rendido ante este tipo de lecturas e historias. Supongo que por eso me gusta tanto Priest.

  8. avellanal dijo:

    Conste que no he realizado un menosprecio de la science fiction ni muchísimo menos, sino que sólo me he limitado a poner de manifiesto mi gran desconocimiento del género, y mi consiguiente imposibilidad de dedicarle mayor cantidad de actualizaciones, lo que de ningún modo redunda en desdén o desprecio.

    Y por cierto, tengo un libro de Priest en mi lista de pendientes, Iar. ;)

  9. Esto nos viene a hablar de las realidades invisibles. Del poder creativo. El escritor/dios creador de mundos estaba antes de lo creado,y después forma parte de ese mundo, es actor y espectador. Es un juego de espejos que nos pone nerviosos porque no alcanzamos a resolverlo del todo, es ese cuadro, dentro de un cuadro, dentro de un cuadro…
    Tal vez me explique mejor aquí:

    http://poemasreunidosgeyper.blogspot.com/2008/04/lady-from-shanghai.html

    Un saludo

  10. knut dijo:

    Yo me he codeado con Shakespeare, Cervantes, Borges y demás y sigo necesitando leer cifi. Claro que no hay color si los comparas con Asimov, Clarke y Heinlein. Pero mentiría si dijera que Shakespeare o Borges me han llegado tan profundamente como Dick o Lem. Con todo admito que literariamente cualquier otro autor comparado con Shakespeare es poco menos que un infante de teta, perooo existen vacíos en mi interior que ni de coña llenan esos gigantes.

    Si me pusiera estricto y personalista me quedaría con Bohumil Hrabal de largo, porque en rigor creo que es lo único que realmente he necesitado leer en mi vida (si exceptuamos los tebeos, claro, en ese caso Hrabal quedaría impoluto, pero no todos los demás, juas juas juas)

    En cuanto al tema de la realidad frente a lo narrativo es un tema que me gusta sobremanera, especialmente en su faceta literaria, claro, pero no creo que sea únicamente extensiva a la literatura y por ello mismo las metáforas de libros sagrados me gustan mucho, pero prefiero de largo las interferencias directas entre realidad y ficción, no únicamente la sustentada en palabras. Digamos que el aspecto filosófico me interesa además de tecnicamente como realidad en sí.

    Uno mira algunas de las obras metaliterarias que ha dado por ejemplo Borges, Unamuno, Calvino, Casares, Cortázar y no puede menos que rendirse produciendo infinitas genuflexiones, tanto físicas como espirituales. Pero Dick, Lem, Egan trantan esos aspectos desde otras posiciones que a mi en concreto me parecen necesarias. Está bien dominar el lenguaje y la expresión, aunarlas a la reflexión, pero esta última va mucho más allá y toma cuerpo en ocasiones no únicamente en la palabra. La cifi, o al menos cierta cifi, ha hecho eso en otra dirección distitnta al juego semántico. Vale que en ocasiones hay que tener algo de formación científica o filosófica, pero ocurre lo mismo para valorar cualquier arte.

    En ocasiones me harta un poco todo el ejercicio con el lenguaje, sobre todo cuando es tan ombigista y cuelga de un narcisismo que no acabo realmente de entender. Necesito que me den hostias ónticas y no meramente epistémicas, me gusta sentir que por encima de las palabras se esconde lo Real y que tras la Imaginación late la Realidad.

    A mi en algunos aspectos la cifi me ha dado eso.

    PD: El Quijote es merecidamente la mejor novela que me he podido leer nunca, acojona tan solo el acercarse un poco.

    PD2: Barker??? Clive Barker??? Si ese tipo escribe terror yo soy poeta. Jejejeje

  11. Al dijo:

    Me ha fascinado tu frase final “cada lector forja su propio libro, reverdeciendo la finitud propia de la escritura en el acto infinito de leer.”

    Yo en realidad tampoco soy un lector de género, o talvez solo por épocas, me gusta la scifi, me gusta la fantasia, pero también otro tipo de literatura, y bueno que decir de Borges, que en definitiva está en mi top 5.

    Ha habido muchas obras en las que se aborda este tema, donde el lector se pone a prueba en su existencia de ser o no ser solamenta algo leido. En especial la primera obra que lei de esa tónica, que quedó grabada en mi fue Niebla de Unamuno. Pero incluso obras menos profundas como la triogia de fantasia de myst, pueden llevar a grandes reflexiones.

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