La última lección de Borges

…y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. (Jorge Luis Borges, Juan López y John Ward).

Uno de los textos con que descubrí a Jorge Luis Borges –paradójicamente, supuso una de sus últimas composiciones– fue Juan López y John Ward, una verdadera joya literaria que invita, en sus escasos pero más que contundentes y sabios siete párrafos, a la postergada y siempre latente meditación sobre el tiempo histórico reciente.

Les tocó en suerte una época extraña. Siempre me agradó sobremanera ese comienzo digno y característico del máximo exponente de las letras sudamericanas en el siglo XX: Tocó-suerte-época extraña: curiosa y notable secuencia. Y luego, unas líneas que personalmente me deslumbran la vista, y a la vez me llenan de satisfacción; es que encuentro cierta idea universalista, una peculiar concepción respecto a la inutilidad de la existencia de fronteras, y una condena clara y tajante al surgimiento de las guerras a partir de esas divisiones arbitrarias e imaginarias. ¡Qué lección encantadora y plagada de conciliación y cosmopolitismo nos regala Borges consiguientemente!

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

Describe a John Ward, nacido en las afueras de la ciudad del mítico cura detective de Chesterton, el mismo que estudia y aprende castellano para poder leer el Quijote. Y a Juan López, el porteño que amaba profundamente las sublimes aventuras marinas atestadas de profundas reflexiones sobre las bondades y miserias que los humanos somos capaces de dar a luz con extraña frecuencia. A posteriori llega la cruel y desvastadota revelación: Juan López y John Ward no llegaron a ser amigos. Tal vez por culpa de dos trasnochados, tal vez por decisión de ellos mismos; lo cierto es que, a pesar de estar estrechamente ligados –por Cervantes y Conrad, por el castellano y el inglés, por una misma patria universal–, sólo pudieron verse cara a cara en una fría, amarga y desolada ocasión. No hubo tiempo para más. Las balas hablaron por sí solas. Caín y Abel, Abel y Caín, López y Ward, Ward y López. Los dos se mataron mutuamente y ambos fueron víctimas del otro. ¿Es lógicamente concebible matar tan siquiera una sola existencia “en beneficio” de un pedazo de tierra? Concluye Borges: Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho al que me refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

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8 respuestas a La última lección de Borges

  1. thermidor dijo:

    “¿Es lógicamente concebible matar tan siquiera una sola existencia “en beneficio” de un pedazo de tierra?”

    Efectivamente, no lo es.

  2. Al dijo:

    Efectivamente una joya más de Borges, pese a su corta extensión. Defintivamente toda guerra pone en duda la lógica del ser humano, sobre todo en las guerras actuales enfrentamientos entre desconocidos que luchan por causas que muy en el fondo pueden serles ajenas.

    Gracias por compartir el texto!

  3. avellanal dijo:

    Olvidé mencionar que esta poema está incluido en el libro “Los conjurados”, editado en 1985.

  4. paulo. dijo:

    Bueno, entonces te hago una invitación formal para formar parte del clan de jóvenes interneterroristas, e iniciar un ataque geek con bombitas de olor, contra alguna central de Arneta.

    Más allá de eso, qué irritante la situación, qué padecer emocional.

  5. También se puede entender como una lucha interna, la parte inglesa de Borges contra la argentina, cada uno de los dos fue Caín y cada uno Abel, Conrad y Cervantes, los enterraron juntos…

  6. avellanal dijo:

    Paulo: ¿dónde hay que firmar?

    Sí que puede entenderse de ese modo. De hecho, esa dicotomía interna que aparejó desde su infancia es sustancial para comprender toda la obra de Borges.

  7. Creo que este post te podría interesar:

    http://groups.yahoo.com/group/mythsoc/message/19979

    Como no sé como podría darselo, se me ocurrió este sitio. Creo que uno debería tener un tablón de anuncios (ozu, creo que se llama libro de visitas).

    En fin, tolkianos saludos.

  8. avellanal dijo:

    No hay problemas en poner mensajes que no estén directamente ligados con la temática de la entrada. Al menos a mí no me molesta, más bien todo lo contrario.

    Tendría que buscar con excesiva paciencia en las notas de Bioy Casares o en algunas de las conferencias que Borges brindó a lo largo de su vida, alguna mención a Tolkien. Pero, a priori, no recuerdo ninguna alusión al autor inglés en sus ensayos.

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