“The End of Violence”, de Wim Wenders

Revisando la filmografía de Wim Wenders se constata con facilidad que, a lo largo de su carrera, se nutrió de lo mejor de la tradición cultural estadounidense: el film noir, el western, el rock, la literatura. Descuento que para él, como para mí también, Hollywood representa una tradición gloriosa al mismo tiempo que se erige como una verdadera “picadora de carne”, sobre todo en nuestros días. Esa ambivalencia experimentada hacia una industria que todo lo engulle, queda al descubierto en The End of Violence, primera película que el alemán filmó en Estados Unidos luego de muchos años consustanciado con su propio continente. Lejos de esbozar un alegato, Wenders se empeña, desde el interior de la propia meca del cine, en poner de manifiesto las atrocidades de un sistema que no para de producir violencia. Podrá sonar contradictorio el hecho de criticar una industria colosal estando inmerso en ella, pero no por eso su filme es menos valioso.

De hecho, construye un thriller cuyo punto central es la violencia, pero que en su transcurso se comprueba completamente despojado de ella en su faz explícita, a contramano de las action movies que desacredita. Interpretado por el siempre eficiente Bill Pullman, Wenders elige como protagonista de su ficción a un productor cinematográfico –quizá la encarnación máxima del sistema– de ésta clase de películas donde la violencia gratuita se asume como principal factor de atracción para el público. Millonario a costa de la violencia que produce, es la clase de arrogante hombre de negocios que le presta más atención al teléfono celular que a su mujer. Hasta que, por medio de un McGuffin bastante flojo, como en un mágico abracadabra, una paradoja se inserta en la narración, y de productor de violencia el personaje de Pullman deriva en víctima de la misma (todos necesitamos un enemigo).

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Pero Wenders no se amedrenta, y hace extensiva su denuncia (incorporando un coro de personajes emparentados entre sí por convivir con la violencia en todas sus expresiones) hacia la que puede considerarse la forma superior de violencia en las sociedades avanzadas: la vigilancia y el control social. Al reflexionar sobre los conflictos éticos que surgen a causa de la aplicación abusiva de cierta tecnología, al procurar profundizar sobre la progresiva pérdida del concepto de privacidad ante los cada vez más sofisticados controles estatales en la era de la globalización, la película se torna, en principio, más ambiciosa e interesante, pero no termina de dejar en claro sus pretensiones, los límites se vuelven borrosos, y a medida que avanza, la cinta se va perdiendo en un berenjenal repleto de ínfulas y bastante aburrido.

Como dato curioso, el film se ambienta en los alrededores (contemplando el smog desde las alturas) de Los Ángeles, y para caracterizar sus escenarios, el director se empapa en las hiperrealistas pinturas de Edward Hopper, destacándose la idéntica reproducción que consigue, en una de las escenas postrimeras, de la obra capital del artista estadounidense, “Nighthawks”, tomando como locación el famoso driver pictórico nocturno para situar allí la filmación de una de las películas producidas por el personaje de Bill Pullman. Se encuentra otro guiño a la cultura popular estadounidense, por ejemplo, en el protagonismo asignado al observatorio Griffith, auténtico emblema angelino, que la conciencia colectiva cinéfila asocia directamente con las imperecederas escenas de Rebel Without a Cause.

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Mención aparte merece Andie MacDowell, una actriz que siempre parece un témpano, y que cimenta sus mejores armas actorales en base a esa frialdad que seduce y sugiere. El largometraje adquiere una dimensión emotiva especial si se tiene en cuenta que se trató de la última aparición en pantalla de Samuel Fuller, que además de actor y escritor, fue un gran director, a menudo olvidado, admirado por nombres de la talla de Godard o del propio Wenders.

Con todo, aun estando frente al peor Wenders, o al Wenders menos brillante, filmando en Hollywood, también es necesario especificar que, pese a sus evidentes desaciertos, The End of Violence es verdadero cine de autor, tal vez en exceso pretencioso, pero alejado de tópicos, alejado de todo aquello que se encarga de devaluar el séptimo arte. En ocasiones, hay que conformarse con eso.

The End of Violence (EE.UU., 1997).
Director: Wim Wenders.
Intérpretes: Bill Pullman, Andie MacDowell
, Gabriel Byrne, Loren Dean, Daniel Benzali, Samuel Fuller.
Calificación: 6.

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9 respuestas a “The End of Violence”, de Wim Wenders

  1. padawan dijo:

    De Wim Wenders no he visto más que Paris Texas, y ahí también me gustó mucho eso que comentas sobre el colorido de sus escenas, esa apariencia de lienzo que consigue transmitir

  2. Facu dijo:

    Yo vi una suya que se llamaba ‘Llamando a las puertas del cielo’ y recuerdo que tambien me llamó la atención esa especie de poesia visual que transmitían las imágenes. Eso sí, nunca hubiese imaginado que el director fuera alemán.

  3. Germán Ricoy dijo:

    El mejor Wenders, el de “El estado de las cosas”, “El amigo americano”, “La ansiedad del portero frente al lanzamiento de penalty” o “París, Texas”, firmó (y filmó) su acta de defunción con “El cielo sobre Berlín”. Eso sí, constituye uno de los más hermosos cantos de cisne que nunca antes haya entonado ningún ganso implume.

    Después vino el vivir de la fama, conocer a U2, el hotel del millón de dólares y las colaboraciones en películas colectivas, con fugaces destellos de talento, por supuesto, pero -como tantos otros- rodando por el mundo a la búsqueda de lo que algún día se tuvo y ya no volverá.

    Eso sí, hasta donde yo sé Knockin’ on Heaven’s Door fue dirigida por un tal Thomas Jahn y Wenders no tiene nada con ese título. Aunque puedo equivocarme, por supuesto.

  4. avellanal dijo:

    Sobre “El cielo sobre Berlín”, me temo, no hay punto intermedio.

    Por lo demás, creo que Facu se debe referir a una película llamada “Don’t Come Knocking” -que, casualmente, vi hace unas semanas-, rodada también en EE.UU., posterior a “The End of Violence”, en la que actúan Sam Shepard y Jessica Lange, y que es una mezcla de road movie con destellos de western.

  5. Facu dijo:

    Asi es, me refería a esa peli en la que salen los actores que mencionaste.

  6. knut dijo:

    Aún siendo un espectador que aprecia mucho, pero que muuuucho muuuucho algunas de las películas de este director debo decir que una proporción mayor de títulos me ha tocado y toca soberanamente las narices.

    Este es un ejemplo perfecto, puesto que además representa lo peor que he visto de su director. Incluso recuerdo que el incauto compañero que en su momento me acompañó a verla, un cinéfilo curtidísimo al que mi adolescencia debe mucho, me pegó. Como ver a Gandi con una botella rota machacando a una niña rubia, de ojos azules, que protege con sus débiles bracitos a su cachorrito de golden retriever mientras este se va ahogando lentamente con la vida de su amita que se desparrama cayendo a borbotones de su yugular.

    El impulso egótico es tan inmensamente grande que se lo come todo, cada fotograma tiene una R con su circulito de Marca Registrada, manifestando vergonzosamente una paradoja sorprendente: cuanto más sencillo es lo que quieres decir más tontadas pseudocomplejas metes. Realmente he visto series de animación en el canal Disney del TDT con un contenido crítico más profundo y elaborado, que la niñería esta de trabajo bienintencionado de escuela.

    Y es que ya leyendo el título uno podría atreverse a esperar el horror que se avecina, es ciertamente al cine lo mismo que a la filosofía la tendencia postmoderna a cargarselo todo, desde la Verdad, a la Historia, pasando, por supuesto por el Arte. En esto último al menos no se puede negar que colabora activamente.

    Personalmente la encuentro muy inferior incluso a lo que pretende criticar entre líneas, joder cualquier peli de Chuachenager con Cameron (James Cameron, no James Cámeron autor de Titanic, jejeje)

    Salud.!

  7. avellanal dijo:

    Knut: como he dicho, lejos estoy de ser un entendido en materia del cine de Wenders, pero eso no me imposibilita para afirmar que ésta es la peli suya más floja que he visto, coincidiendo plenamente con lo que apuntas sobre que “cuanto más sencillo es lo que quieres decir más tontadas pseudocomplejas metes”. Por lo demás, hay una búsqueda de imprimir un sello personal y distintivo en cada fotograma, en cada segundo de metraje, que termina por convertirse en un ejercicio egotista que realmente se torno fastidioso, en efecto.

    Y por cierto, “True Lies” no estaba nada mal. xD

  8. knut dijo:

    Por ejemplo, en Lisbon story (no recuerdo cómo se tituló por aquí) están presentes todos los vicios de esta, sin embargo al menos lo que cuenta tiene un hilo narrativo sencillote y pese al intento egocéntrico el discurso que mete se adecúa al cómo lo da. Yo no me sentí estafado con LS aún cuando en muchos aspectos me parece una película desmedida, algo así como el contrario del Dogma y por ello mismo falto de fuerza.

    Pero con sinceridad esta peli me parece una tomadura de pelo. Algo que se acentúa cuando uno considera que este buen hombre tiene pelí de esas que puedes ver cientos de veces y salir maravillado. Joer, sólo por Paris-Texas lo llevo en el corazón de por vida.

    Salud!

  9. Fernando García Rivas dijo:

    “Historia de Lisboa”, un homenaje a Chaplin, al longevo cineasta portugués Manoel de Oliveira y al escritor Fernando Pessoa; de lo mejor de Wenders, aunque su obra maestra será siempre “Las alas del deseo”(“Der Himmel über Berlin”). Y “París- Texas”.

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