“Elephant”, de Gus Van Sant

Se podría afirmar que Gus Van Sant ha sido uno de los directores que mejor ha radiografiado la sensibilidad de la juventud estadounidense contemporánea. Luego de fotocopiar plano por plano una de las obras maestras de Hitchcock, prefigurando el ejercicio innecesario que realizaría tiempo después Michael Haneke con su propia Funny Games, y de otro filme netamente experimental como Gerry, se zambulló en la idea de dar su versión de lo sucedido el 20 de de abril de 1999 en el instituto Columbine, cuando dos alumnos, armados hasta los dientes, ingresaron como cualquier otro día al colegio y mataron a mansalva a doce compañeros y un profesor.

Centrándose en la misma masacre, Michael Moore, en 2002 (es decir, un año antes), había estrenado Bowling for Columbine. La película de Van Sant se presenta a todas luces como la antítesis del aclamado documental: con rapidez se percibe que su intención no es desarrollar una explicación monocausal de la matanza; más bien se trata de un “acercamiento poético” a la historia, que no baja líneas ni moraliza en ningún momento.

El distanciamiento con que la cámara reconstruye la crónica de una rutina sin grandes acontecimientos dignos de ser narrados, la gélida dureza con la que Van Sant nos cuenta envolventes fragmentos de no-historias durante más de dos tercios del metraje, son elementos que conviertan a Elephant en un film de una singularidad extraordinaria. Incluso a contrapelo de su propio estilo, el cineasta de Louisville pone al espectador, con absoluta naturalidad, cara a cara frente a la lógica aterradora de la tragedia.

Muchos han manifestado que los ochenta minutos de duración son aburridísimos, soporíferos. Coincido: Elephant jamás entretiene, por momentos su ritmo adormece, y doy por sentado que su propio director, mientras la proyectaba y rodaba, estaba al corriente de que así sería. Sin embargo, y he aquí lo más importante, no son ochenta minutos carentes de significado: lejos de los pataleos morales más obvios que despertó la masacre, Van Sant innova con las imágenes, con la narración. Acompañando durante breves porciones de tiempo a diferentes estudiantes, apreciando desde otras ópticas instantes que ya habían sido mostrados con antelación, internándose por esos interminables pasillos que ofician de conectores (y también se transforman en protagonista central de la cinta), en el mismísimo retrato de la pérdida de la inocencia y de la cotidianeidad, el espectador puede percibir una tensión acumulada que preanuncia la catástrofe. Según mi entender, por ahí radica la brillantez del cuasi-documental: pese a que sabemos cómo terminará la sucesión de anécdotas, pese a que conocemos como el abecedario que Eric Harris y Dylan Klebold entrarán al instituto, matarán a todo el que se les ponga por delante, y luego se suicidarán, Elephant está narrada con un pulso tal que la despeja de toda obviedad, que la convierte en una película impredecible en su propia previsibilidad.

Van Sant no pretende exponer los hechos con fidelidad, sino con naturalidad: nos enfrenta del mismo modo, sin concesiones, con tres chicas que vomitan su almuerzo, con un alumno que ejercita su afición a la fotografía por los corredores, con un padre alcohólico que lleva tarde a su hijo al colegio, con una clase sobre pluralidad y tolerancia, con un adolescente que toca correctamente una pieza de Beethoven en el piano y que después acribilla a sus compañeras bulímicas en el baño. En esa visceral y circular cronología  de lo habitual, que no asume la tarea de señalar con el dedo enfatizado ángeles ni demonios, y valiéndose de largos planos secuencia y una estilizada puesta en escena, se deja en claro que el horror en estado puro no está distanciado de la cotidianeidad más vacua. Por el contrario, está a la vuelta de la esquina.

Elephant (EE.UU., 2003).
Director: Gus Van Sant.
Intérpretes: Alex Frost
, Eric Deulen, John Robinson, Elias McConnell, Jordan Taylor, Carrie Finklea.
Calificación: 7,50.

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8 respuestas a “Elephant”, de Gus Van Sant

  1. Juan RRR dijo:

    Y el final es contundente, no hay moralejas, no hay mensaje (excepto el que razone cada quien), no hay conclusiones, no hay nada después de las muertes, ni siquiera un fundido a negro… como la vida de verdad.

    Eso si, es un plomo de película ;)

  2. mrsPitt dijo:

    No niego que en ocasiones encontrarse con películas experimentales es refrescante, pero Van Sant es uno de los casos en que esto no se da. Más que frescor, ver la película es como estar hundido en una bañera de brea, incómodo, pegajoso, y deseas salir cuanto antes de ella; es desquiciantemente lenta, lo que para mí no es una virtud, justamente la magia del cine radica en poder trasladarse los personajes de Europa a África en un par de fotogramas, prescindir de tener que contemplar cómo el protagonista está 15 minutos en el baño para así poder centrarse en lo importante de la historia. Reconozcámoslo, una filmación de 24 horas sobre la vida de una persona es aburrida, por mucho que fuera sobre nuestra propia vida.

  3. Facu dijo:

    Vi la película y me pareció muy buena en muchos aspectos. Como decís, sabía que a muchos les molestaban las escenas largas, la lentitud con que se muestra el andar de los personajes hasta llegar a su encuentro con la tragedia, pero es que no se trata de una película de acción ni de una clásica de terror donde la sangre tiene más protagonismo que los personajes. En esos detalles tan criticados, también encuentro una genialidad. La vida es un transcurrir, y resulta realmente crudo apreciar el camino de cada uno de esos estudiantes, completamente ajenos a lo terrible que después le va a suceder.

  4. avellanal dijo:

    Juan: un verdadero plomazo, que diríamos por estas tierras. xD

    mrsPitt: yo coincido con lo que dices: el cine de Van Sant no es para nada refrescante, pero lo cierto es que tampoco pretende serlo. Con todo, también he de decir que encontré muchísimo más soporífera una película como “Gerry”. La cuestión es que, según mi entender, un largometraje no necesariamente tiene que gustarte para admitir que es admirable o, cuando menos, bueno. Y, a menudo, eso me sucede con los de Van Sant.

    Facu: en efecto, los planos secuencia a mí me parecieron simplemente brillantes y de veras muy intensos.

  5. iarsang dijo:

    Sí, es lenta, pero extrañamente hipnótica y adictiva. Recuerdo verla en el cine como asistiendo a una especie de ensoñación. Aparte del virtuosismo técnico, impresionante, creo que, justamente como señalas, acierta en su intención de mostrar el horror como compañero mismo de lo más mundano.

    Hay que encontrar el momento, sobre todo si las condiciones de visionado no son las mejores, pero a mí me parece una gran película, que deja poso.

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