Fronteras que se cierran

Del mismo modo que el fuerte incremento en la construcción de cárceles en gran parte del mundo revela la necesidad de expulsar del trato social a ciertos sectores de la población –que, en realidad, más que castigo, necesitan ayuda– por considerarlos amenazas al orden social existente, el fenómeno de la globalización propicia otro modo de exclusión al imposibilitar la libre circulación y residencia de las personas en algunos países del mundo: en uno y otro caso se comprueba que el confinamiento, la inmovilidad, son las formas de castigo más idóneas y efectivas, probablemente por ser la libertad de movimiento, en nuestros días, uno de los valores más codiciados.

La separación espacial, sin embargo, no es una práctica innovadora; a través de la historia, el confinamiento forzado ha sido quizá la reacción más visceral que se ha encontrado para depurar las diferencias existentes en el seno de las comunidades: ¿qué castigo, exceptuando la pena de muerte, puede ser más terrible que la perpetuación al extrañamiento? Zygmunt Bauman afirma que el extrañamiento reduce, estrecha, comprime la visión del otro: las cualidades y circunstancias individuales que tienden a aparecer vívidamente gracias a la experiencia acumulada del trato social cotidiano, rara vez aparecen cuando a éste se lo reduce o prohíbe: la tipificación reemplaza al conocimiento personal, y las categorías legales destinadas a reducir la variación y permitir que se la ignore vuelven improcedentes la singularidad de las personas y los casos. No obstante, en los tiempos posmodernos de los procesos vertiginosos, la segregación espacial de las diferencias se ha agigantado de manera desmesurada.

En franca contradicción con otra cara de la globalización, aquella en la que sobresale la libre circulación de mercaderías, capitales e información, y por la que es posible toparse con un local de McDonald’s en puntos equidistantes del planeta, el “mayor producto” (seres humanos) de los países más relegados en la repartición de la riqueza global, es el que presenta menores posibilidades de moverse, pese a que es el sector que más deseos tiene de hacerlo. Esas incontenibles (y muy entendibles) ansias que manifiestan millones de personas cada día, en el África subsahariana, tras el muro que EE.UU. eleva en el límite con México, y en otras incontables regiones del globo, de emigrar hacia horizontes donde sea posible escaparle a la miseria local, donde las expectativas de vida sean sustancialmente mejores para ellos y sus hijos, ha generado en los países del “primer mundo” una suerte de paranoia que los lleva a controlar sus fronteras cada vez con mayor severidad y rigor. Las sospechas aumentaron, y de la mano, como en buena parte de la producción del escritor checo Franz Kafka, las restricciones y los requisitos se han vuelto más excesivos, los controles y las visas se han tornado más inflexibles, a fin de que las puertas se cierren con una rapidez inaudita.

En suma, acrecentar cada vez más la segregación espacial de cierta clase de individuos redunda en el arraigo generalizado de estereotipos que calan hondo en la conciencia colectiva, como el de asociar la delincuencia con los estratos socioeconómicos más bajos, o lo que es lo mismo, la criminalización de la pobreza. Los estereotipos, además de constituir una especie de economía mental, también acostumbran a ser meros prejuicios. Según Bauman, al someterlo a condiciones de extrañamiento forzado vigiladas y perpetuadas por fronteras espaciales rigurosamente vigiladas, al mantenerlo a distancia y prohibirle el acceso comunicativo regular o esporádico, se mantiene al otro en su forma de forastero. Por medio de este reduccionismo, se despoja así a la persona de su singularidad individual, para acabar incluyéndola dentro del estereotipo que iguala, sin atenuantes ni consideraciones de ninguna índole, la suma de prejuicios inherentes al grupo humano a que dicho individuo pertenece.

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8 respuestas a Fronteras que se cierran

  1. Guido dijo:

    Claudio:

    Si bien estoy de acuerdo con el tono general del artículo, no veo lo siguiente:

    “el fenómeno de la globalización propicia otro modo de exclusión al imposibilitar la libre circulación y residencia de las personas en algunos países del mundo”

    ¿De qué modo la globalización imposibilita el libre movimiento? Yo lo veo totalmente opuesto. La globalización hace posible tal movimiento y la reacción antiglobalizador y xenófoba es quien limita los movimientos y cierra la frontera. Es más o menos como acusar a los promotres de los derechos civiles de fomentar el racismo, por insistir en políticas antidiscriminación claras y eficaces que a su vez desencadenan lo peor de los racistas.

  2. avellanal dijo:

    Guido: entiendo que la colosal deuda pendiente que presenta la globalización -y de algún modo así he tratado de expresarlo en esta serie de últimos textos del blog- es que la libre circulación y residencia de las personas sea reconocida como necesaria y complementaria a la libre circulación de mercaderías, capitales e informaciones indudablemente abierta por la globalización tecnoeconómica.

  3. Guido dijo:

    Precisamente, Claudio, los textos que has escrito son excelentes y apunto a corregir pequeños detalles con la esperanza de hacerlos aún mejor. De allí que no veo la justificación de ese fragmento.

    Tienes mucha razón en que es una deuda pendiente y un batalla cuesta arriba, algo que les costó mucho a los europeos y que el resto de nosotros no hemos emprendido, pero es una lucha que vale la pena. Una vez que Internet nos ha abierto los ojos a lo pequeño que es nuestro mundo geográfico, sería una locura el volver a cerrarlos.

  4. avellanal dijo:

    Siguiendo la tesis de Bauman, el factor primordial de estratificación social en nuestros días es la libertad de movilidad espacial. Aduce que en la globalización algunos se vuelven plena y realmente “globales”, mientras que otros (la gran mayoría) quedan detenidos en su “localidad”, sin posibilidad alguna de trasladarse. Afirmar esto no significa, desde ya, negar otros efectos positivos que la globalización ha producido.

    Y, de algún modo, esto está relacionado con aquella máxima de un “racionalizador” de la empresa moderna: “la empresa pertenece a las personas que invierten en ella; no a sus empleados, sus proveedores ni la localidad donde está situada”. Creo que hubo un tiempo no muy lejano, aunque todavía no hubiéramos nacido nosotros, en que tal proclama de ningún modo hubiese revestido el carácter de evidencia que tiene hoy.

  5. Guido dijo:

    El punto es que yo creo que la inamovilidad es producto de otros factores más que de la globalización, después de todo, la gente ha sido proclive a no moverse del sitio donde nacen desde el principio de la historia, desde que dejamos de ser nómadas.

    Si la globalizacion impide el libre movimiento en verdad, entonces la proporción de gente que vive y trabaja a más de 1000 km de su lugar de nacimiento debería haber disminuido, no aumentado, en los últimos 20 años. ¿Es esto así? Yo, lo dudo muchísimo. Y de nuevo, es más producto de otros motivos que de la globalización. Es como decir que la alfabetización hace infeliz a la gente, porque antes eran vasallos feudales felices y una vez empezaron a leer propaganda revolucionaria entendieron que sus condiciones de vida eran injustas. ¿ES culpa de la alfabnetización? ¿De la propaganda socialista? ¿O es sólo que las condiciones de vida son un asco y antes nadie se quejaba?. Lo mismo, ahora unos se mueven, la mayoría no, pero antes casi nadie lo hacía.

  6. avellanal dijo:

    Personalmente, tampoco pienso, de forma obstinada, que todos los males que padecemos actualmente sean achacables tan sólo a la globalización. No tengo conocimiento alguno sobre si la proporción de gente que vive y trabaja a más de 1000 kms. de su lugar de nacimiento ha aumentado o disminuido en las últimas dos décadas, pero lo que detalla Bauman en su trabajo es que los empleados son “locales” mientras que los inversores son “globales”; lo que quiere decir que los trabajadores son retenidos en la población por deberes familiares, propiedad de la vivienda y otros factores afines, por lo que difícilmente puedan seguir a la empresa cuando ésta se traslade a otra parte. En otras palabras, solamente los accionistas de una gran empresa no están en absoluto sujetos al espacio. Copio un fragmento del libro de Bauman sobre la globalización:

    “Por consiguiente, les compete (a los accionistas) trasladar la empresa allí donde descubren o anticipan la posibilidad de mejorar los dividendos, y dejar a los demás -que están atados a la localidad- las tareas de lamer las heridas, reparar los daños y ocuparse de los desechos. La empresa tiene libertad para trasladarse; las consecuencias no pueden sino permanecer en el lugar. Quien tenga libertad para huir de la localidad, la tiene para huir de las consecuencias. Éste es el botín más importante de la victoriosa guerra por el espacio”.

  7. Guido dijo:

    Acuerdo total con tu réplica, pero sigo sin ver la conexión entre dicha réplica y la globalización como causa de la inmovilidad, aunque sea la causa de la movilidad dela empresa que ha desencadenado una situación negativa.

  8. avellanal dijo:

    Probablemente no he sido lo suficientemente claro. Más allá de que la globalización guarde o no con la inmovilidad una relación directa de causa-efecto, y demos por hecho que no, lo que quiero decir es que, dadas las nuevas condiciones de vida impuestas en las últimas décadas, la inmovilidad hoy en día se revela como astronómicamente más perniciosa que nunca para los que quedan “confinados” a su localidad, ya que, como he mencionado antes, la libertad de movimientos se ha transformado en el nuevo y más importante factor de estratificación social de la posmodernidad.

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