De estupideces y derechos humanos

Desde hace mucho tiempo a esta parte –desde que yo era un infante, si mal no recuerdo– Susana Giménez es la diva número uno de la televisión argentina, una especie de Oprah Winfrey vernácula, a la criolla. Tal afirmación no admite discusiones; la señora podrá gustar más o menos, pero se mantiene en la cresta de la ola desde hace décadas. No voy a negar que se trata de una mujer carismática, que despierta vivas sensaciones en el público, que no pasa desapercibida. Sin embargo, más de una vez he reflexionado sobre cómo hablará de los argentinos el que su máxima estrella televisiva sea una persona que, en pleno siglo XXI, le preguntó a unos paleontólogos que tenía invitados si habían descubierto dinosaurios vivos, amén de Michael Crichton y Steven Spielberg. Más allá de la anécdota, tampoco es mi intención embestir contra los contenidos de su programa, pues no se diferencia en mucho del obsceno abanico de frivolidad que ofrece al espectador promedio el resto de la grilla televisiva.

Hace unos días, en un suceso henchido de saña y salvajismo, fue asesinado unos de los asistentes personales de la Giménez. Recién llegada al país, y entendiblemente impactada por la triste noticia, frente a una caterva de periodistas, la diva brindó una suerte de conferencia de prensa improvisada en la puerta de su casa; allí pronunció una frase que yo no dudaría en calificar de exabrupto: El que mata tiene que morir. Y basta de los derechos humanos y de esas estupideces. Es cierto que luego de tantos años frente a las cámaras es imposible sospechar ingenuidad en el manejo de Susana Giménez con los medios de comunicación. También es verdadero que una persona formadora de opinión pública debería medir en mayor grado el impacto de sus declaraciones. Pero por un minuto, tan sólo por un instante, hay que intentar ponerse en la piel de un ser humano al que le acaban de asesinar a un ser querido: la corrección política y la mesura bien se pueden ir al diablo en momentos de semejante afectación y aflicción.

Las declaraciones de Susana, como era previsible, repercutieron más que las de cualquier experto en cuestiones de Derecho Penal. Si consideramos las alarmantes tasas de homicidios, violaciones, robos a mano armada y demás clases de delitos que se verifican día a día tanto en la ciudad como en la provincia de Buenos Aires, es comprensible que el dolor de la Giménez se haya reproducido automáticamente en todos aquellos que han sufrido una pérdida similar a causa de la delincuencia en los últimos tiempos, y que, de la mano, muchísimos argentinos estimen a la pena de muerte como la solución definitiva a tanta inacción por parte del Estado, pese a que las estadísticas demuestren que dicha sanción –más allá de las objeciones de tipo éticos que se le puedan realizar– no redunda en un efecto disuasor sobre los criminales. Volver a la ley del talión, según mi entender, constituiría un retroceso astronómico, pero nunca hay que esquivar el debate.

Lo que de ningún modo avalo ni justifico –se trata, en definitiva, de un insulto a uno mismo– es que alguien pueda expresar, sobre todo en un país con la pavorosa historia reciente de la Argentina, que los derechos humanos son una estupidez. Al contrario, son unos de los temas centrales de nuestro tiempo, en el que la brecha entre multimillonarios y personas por debajo de la línea de pobreza tiende a estirarse más y más, en que la criminalidad aparece como la oferta más tentadora para miles de jóvenes dejados en el olvido por las instituciones y por un Estado ausente. La doctrina de los derechos humanos está basada en el respeto de la vida y la dignidad de los seres humanos: ¿cómo vamos a enseñarle tales preceptos a nuestros hijos, implementando como ejemplo, por otro lado, la pena de muerte? La discusión sobre la pena capital tampoco debe monopolizar toda nuestra atención, pues si es nuestro verdadero norte disminuir los índices delictuales, no estaría mal comenzar luchando por la prevención del crimen, la justicia social, el cumplimiento efectivo de las condenas, y contra la inhumanidad de las cárceles, verdaderas usinas generadoras de reincidentes.

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9 respuestas a De estupideces y derechos humanos

  1. Germán dijo:

    Estoy de acuerdo con vos, pero para cuando la justicia libre de corruptela? no solamente penal, social, etc, etc.
    Yéndome por las ramas, creo que lo nuestro (es decir nuestro país, nuestra gente, vos, yo) tiene un problema más grave que resolver que es el cultural.
    Llevará añares resolverlo pues no somos una sociedad democrática, a pesar de los 25 años de democracia “formal” en forma continua.

    Acabo de leer lo que escribí y parece un berengenal, pero lo dejo como está. Tengo la excusa de que son las 4:30 xD.

    Un gusto de leerte como siempre Claudio.

    Un abrazo.

    Germán

  2. padawan dijo:

    Aquí tenemos también algunos casos mediáticos. Recientemente, uno de ellos ha puesto sobre la mesa de los debates televisivos (debates de calidad, con famosuelos del corazón discutiendo temas que están muy lejos de sus entendederas) la validez o no de la cadena perpetua. Es lo malo de que estas cosas se discutan en la tele, que al final la opinión mayoritaria va a acabar siendo la de los instintos más bajos, y no la que da la razón

  3. LuxMa dijo:

    Ya decía Gandhi que: “Ojo por ojo, y el mundo se quedará ciego”.

    Estar de acuerdo con esto de la ley del talión es como estar de acuerdo con el hecho de que el fin justifica los medios. Sin embargo, bien es cierto la dificultad que representa para cada uno en un momento dado frenar o romper algunos de estos círculos de efecto negativo que se mueven en efecto dominó, perjudicando a cada una de las personas directa e indirectamente vinculadas.

    :)

  4. avellanal dijo:

    Germán: sobre lo que plantéas, recomiendo encarecidamente -sobre todo a los argentinos, claro- un libro de Carlos Santiago Nino, llamado “Un país al margen de la ley”. Lo escribió hace muchísimos años, pero conserva una actualidad incuestionable.

    Pads: exactamente lo mismo que ha sucedido aquí a causa de las declaraciones mencionadas en la entrada. De pronto, todos estos personajes que deambulan por la televisión ostentando ningún mérito más que una reciente cirugía estética se han convertido en especialistas en Derecho Penal.

    Lux: es muy cierto lo que apuntas. En momentos así, es comprensible que la mente no esté en frío y se tienda a expresar exabruptos de esta índole.

  5. Facu dijo:

    Estoy de acuerdo con tu comentario. Y la banalización de asuntos tan delicados como es la pena de muerte y los derechos humanos es más que grotesco. Pero la otra discusión que debiera surgir a raíz de este episodio terrible es la de las “muertes y las muertes”: esa permanente categorización de diferentes tipos de muertes que hace que algunas sean más aceptables socialmente que otras. Existe una línea bastante nítida que separa ciertas clases de muertes de otras, y esa línea, aunque algunos no quieran admitirlo, pasa por una clara perspectiva clasista.

  6. thermidor dijo:

    Los estúpidos siguen hablando desde púlpitos.

  7. Me gustó el “disculparla” por el hecho de haberlo dicho en caliente, ciertamente si de hablar burradas se trata creo que mucho peor es escucharlo a Spinetta (si, al gran flaco), hablar sobre la pena de muerte, y de como “el problema es que nadie se anima a salir a matarlos”… mirá no me hagás acordar, que ya lo había perdonado por viejo y porque le deben quedar pocas neuronas sanas (si bien también estoy influenciado con mi vieja que dice que nunca le gustó el flaco porque se hacía el bohemio y después se casaba con modelos, jaja).

    Bueno, escribiría un poco más pero ya te debo estar hartando (sí, estoy haciendo un vistazo general a las cosas que no leí de este blog), además, me duele un poco la cabeza porque resulta que no es fácil mantener el ritmo de Janis (ni mucho menos el tono), para cantar junto con ella, jajaja.

  8. avellanal dijo:

    ¡Qué grata sorpresa estos comentarios que dejaste, Julián María! Es cierto que Spinetta, a quien admiro profundamente, también profirió algún que otro exabrupto, pero obviamente sus declaraciones no trascendieron al mismo nivel que las de Susana. El amigo Capusotto (no sé si te gustará) bien se podría hacer una panzada sarcástica con todo el material que estas personas le proporcionan cada vez que abren la boca para referirse a cuestiones tan delicadas y complejas.

  9. Sin duda, creo que es un trabajo para Micky Vainilla, jajaja.

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