“De ratones y hombres”, de John Steinbeck

La lectura pausada e intensiva de una pequeña novela que se cuenta entre las más destacadas en la obra de John Steinbeck, me ha dejado una montaña inacabable de pensamientos, de ideas, de estímulos y de verdades. Esa maraña de inestimables sedimentos que, suspensos durante el engullimiento del libro, finalmente se conjugan, salen a la luz y quedan incrustados a posteriori en la mente lectora, cuando se llegó a la página final y se devolvió el ejemplar a la estantería de la biblioteca, constituyen a la postre la lección, el jugo que se extrajo de la obra: reflexiones, ideas, incitaciones y verdades de las que no nos hubiéramos apropiado de no ser por las hojas leídas. Esto parece bastante obvio, mas no sucede a menudo: así como no todos se extasían ante un descomunal crepúsculo en el vasto océano (sino que hallan el éxtasis viendo dieciséis veces la película Twilight mientras esperan que se estrene la segunda parte), tampoco es moneda corriente que las personas tiemblen de la mano de Shakespeare o sonrían junto a Moliére. Lo que me sucedió al terminar De ratones y hombres es lo mismo que experimenté cuando acabé alguna novela de Dostoievski o de Kafka: sentí una profunda emoción por haber entrado en contacto con esos pensadores, con esos artistas que lograron fundir en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad.

De ratones y hombres lejos está de ser una novela monumental para la que no alcanza ninguna adjetivación posible, del estilo de La montaña mágica (Thomas Mann) o Los miserables (Victor Hugo). En cambio, Steinbeck escribe con estilo seco y conciso, sobre la ingrata vida de los peones golondrinas en Estados Unidos después del Crack de 1929. Todo va en torno de personajes que sueñan, que aspiran a formar parte del American Dream, a comprobar que no es una quimera, pese a estar inmersos en una sociedad injusta e insolidaria. Los protagonistas son Lennie y George: Lennie es un hombre de buen corazón, de enormes proporciones físicas y con un retraso mental que lo convierte paradójicamente en un niño inocente e indefenso; George es pequeño pero más avispado, y cuida con paciencia y generosidad de su amigo, a pesar de todos los problemas que le trae aparejados. Vagan a la buena de Dios, de rancho en rancho, trabajando bajo miserables condiciones como peones, pero mantienen una constante: nunca se separan. (Los hombres como nosotros, que trabajan en los ranchos, son los tipos más solitarios del mundo. No tienen familia. No son de ningún lugar. Llegan a un rancho y trabajan hasta que tienen un poco de dinero, y después van a la ciudad y hacen volar el dinero, y no les queda más remedio que ir a molerse los huesos en otro rancho. No tienen nada que esperar en el futuro […] ¡Pero nosotros no! Y, ¿por qué? Porque… porque yo te tengo a ti para cuidarme, y tú me tienes a mí para cuidarte, por eso.).

La soledad, la desigualdad, la amistad y la violencia son, según mi entender, los temas centrales que aborda el autor estadounidense, sin alejarse un centímetro del naturalismo, pero dotando a sus páginas de un fuerte componente alegórico y una alta carga de densidad moral, subyacentes en cada diálogo, por más simple que pueda parecer. Porque si bien existe un narrador omnisciente, la novela guarda una estructura prácticamente teatral, y es en las aparentemente vulgares conversaciones sostenidas por los jornaleros donde el lector percibe ese malestar latente que preanuncia sangre y más dolor.

Según Alain Badiou, es sabido que toda verdad particular se gesta en un espacio singular y se labra con las materiales que brinda ese espacio; en otras palabras, una verdad es singular en su construcción, en su devenir (Steinbeck retrató la vida sencilla de campesinos de su región natal, en el suroeste de Estados Unidos, así como Homero reflejó la guerra entre aqueos y troyanos), pero a la vez adquiere significancia universal en su destinación, en sus efectos a distancia del mundo en que fue producida. Esa dimensión trascendente que excede al tiempo, que vence a la transitoriedad, es precisamente la que convierte a un determinado libro en un clásico. Desconozco si, como decía Borges, las futuras generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, seguirán leyendo con previo fervor y misteriosa lealtad a un autor como Steinbeck. Con humildad, les recomendaría que lo hagan.

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10 respuestas a “De ratones y hombres”, de John Steinbeck

  1. en realidad no tengo mucho tiempo xq me estoy yendo, pero sí, me convenciste, voy a ponerlo en lista de espera, je.
    En cuanto a libros que cambian la vida, es un gran sentimiento, irremplazable… me pasó con el lobo estepario y no se qué me puede mover las ideas de esa manera… y por tanto es mucha satisfacción cuando se encuentra a uno de esos movilizadores de ideas como te pasó con éste…
    En fin, en otro momento, cuando esté de vuelta capaz que comento alguito más… o en la siguiente nota te agrego algo de ésta, como sea, estamos en lecto-contacto. Abrazo

  2. Ignacio dijo:

    Hola Clau!!! Hace mucho que no comentaba por acá, aunque siempre te leo. Del señor Steinbeck sólo pude leer “Las uvas de la ira” a la que tranquilamente podría aplicarle los conceptos que vos has usado pra “De ratones y hombres”. Es un escritor seco, hasta simple, pero que trata como pocos los sentimientos humanos. Y eso no es poca cosa. Sé que te gusta mucho John Ford por lo que descuento que viste la película. Un saludo.

  3. avellanal dijo:

    Julián María: hace poquito terminé “Narciso y Goldmundo” que, de momento, es el mejor libro de Hesse que he leído. Anteriormente me habían gustado mucho “Siddhartha” y “Demian”, pero a “El lobo estepario” lo tengo pendiente, y seguramente no tardará en caer.

    Ignacio: ¡bienvenido nuevamente! Por supuesto que he visto el peliculón del maestro Ford, pero “De ratones y hombres” ha supuesto recién mi primer acercamiento con Steinbeck. Ya veré si sigo con “Las uvas de la ira” o “Al esté del Edén”.

  4. ahh… si, si ví ahí en los libros 2009 que estaba ese de Hesse que yo no leí… evidentemente estoy igual que vos, leí Demian, Siddhartha y el lobo estepario, mientras que ahora tengo pendiente (además de “De ratones y hombres”), a “Narciso y Godmundo”…
    En mi caso también se dió que “El lobo estepario” me pareció el mejor (y mirá que estoy diciendo como vos: “el mejor que leí”… con ésto no te estoy reclamando sino que me estoy alegrando de que no sea el único obstinado… se que exagero y que quizás quiciste decir “el que más me gustó”, por lo que pido disculpas, soy así, jaja).

  5. avellanal dijo:

    Sí, sí, evidentemente al escribir “es el mejor libro de Hesse que he leído” estoy dando a entender que se trata de una apreciación personal, con toda la carga de subjetividad que eso trae a cuestas. De todos modos, después de leer “El lobo estepario”, podré ratificar o rectificar dicha afirmación.

    Y, por último, también quería decir que “De ratones y hombres” es una novela que, como a mí me encantó, fácilmente también puede decepcionar (y mucho).

  6. jajaja, oh, bueno, eso me deja nuevamente como único necio capás de andar asegurando cosas y usando expresiones como “el mejor libro que leí” o “la mejor película que ví” o bien “el mejor disco que tiene”, teniendo una total consciencia de el uso de “mejor” sin mucha subjetividad… pero en fin, esos son mis problemas y mis mambos y pido disculpas por haber querido buscar mis problemas en otros, jaja…

    eso en lenguaje vulgar se diría “me estás secando el libro”, es decir, diciendome que no me va gustar para que cuando lo lea no vaya esperando un libro muy bueno… jaja… y está muy bien, te lo agradezo, je.

  7. José Palma Azcuénaga dijo:

    Más allá de haber recibido el Premio Nobel, y de hacerse muy famoso merced a las innumerables adaptaciones que de sus libros hizo la industria cinematográfica de Hollywood, el nombre de John Steinbeck deberá ser recordado como el de uno de los más importantes escritores que dio EE.UU. en el siglo XX, a la altura de Sinclair Lewis, William Faulkner, Ernest Hemingway, Truman Capote y Saul Bellow, entre otros.

    Tu descripción de “Of Mice and Men” es muy acertada. No es mi obra preferida de Steinbeck, pero no puedo dejar de apreciar en ella todos los rastros de un verdadero maestro de la narrativa contemporánea.

  8. avellanal dijo:

    Julián María: lo de utilizar con ligereza ese tipo de expresiones es un desliz que todos, con menor o mayor frecuencia, cada tanto cometemos. Así que no hay mucho de que preocuparse. Y con respecto al libro, evidentemente después de todo lo que escribí sobre el mismo, sería poco serio que ahora afirmara que no es muy bueno. Pero, como en definitiva, todo depende del tipo de lector que se va a enfrentar a esas páginas duras, por momentos carentes de acción, llenas de diálogos casi teatrales, tampoco es mi intención crear expectativas desmesuradas que luego no van a tener correspondencia con la realidad. No es un libro entretenido, no es un libro magníficamente escrito, pero sí es un libro que procura penetrar en los sentimientos humanos.

    José: entre los que nombrás, no he leído a Sinclair Lewis ni a Saul Bellow, pero adoro desde hace mucho a Capote. “El viejo y el mar”, de Hemingway, fue un librito clave en mi etapa de formación lectora, aunque desde hace tiempo he dejado a Ernest en el olvido, entre el ron cubano, las nieves del Kilimanjaro y los rifles. Actualmente estoy más entusiasmado con Faulkner, lo admiro en exceso y quiero seguir leyéndolo porque siento que me enriquece literariamente como muy pocos.

  9. kleefeld dijo:

    Señor avellanal, el último párrafo de su texto me ha parecido especialmente lúcido, y más al ser el colofón de un texto tan bien escrito como el que nos ocupa. Felicidades.

    Tendré que releer “Of mice and men”, aprovechando que es cortita y que se puede leer – que no entender- en un suspiro.

  10. avellanal dijo:

    Muchas gracias, Kleefeld.

    Por mi parte, voy a procurar leer muy pronto “Al este del Edén”.

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