Alfonsín, antítesis de las carencias argentinas actuales

Desde que, en la tarde del martes 31 de marzo, rumbo a la facultad, oí en la radio la noticia del fallecimiento de Raúl Alfonsín, había contenido las ganas de garabatear estas líneas que traslucen mis impresiones y sentimientos, hasta que finalmente recibí el inesperado encargo de un amigo, radical como el caudillo, y entonces las ganas aguantadas cobraron casi la forma de una obligación imperante. Por lo demás, no pretendo trazar aquí un perfil biográfico del personaje (excedería mis capacidades y los medios nacionales ya han publicado lo suficiente en esa materia durante los últimos días), sino, simplemente hilvanar una serie de reflexiones indisolublemente vinculadas al legado que Alfonsín nos deja a todos.

Considerando como una premisa verdadera que el argentino promedio vive para el antagonismo, de algún modo disfrutándolo, creándolo allí donde no tiene cabida ni razón de ser, constituyó para mí una más que agradable sorpresa que la genuina conmoción que causó en vastos sectores de la sociedad argentina la muerte de Alfonsín haya obrado, aunque sea por un puñado de días, una suerte de milagro: la creación de un sentimiento de consenso y unidad nacional. Por un instante, peronistas y radicales, kirchneristas y antikirchneristas, liberales y conservadores, porteños y provincianos, borgeanos y cortazarianos, hinchas de River y de Boca, casi todos, envainaron el nunca impuntual, el siempre a mano facón propio de malevos y compadritos del siglo pasado, dejaron de lado la crispación, los odios acérrimos y los enfrentamientos personales, siempre a la orden del día, para reconocer a un líder político que expresaba cabalmente una cadena de valores que los argentinos andamos extrañando desde hace tiempo: la tolerancia con el adversario, el respeto a las instituciones republicanas, la honestidad y la transparencia en la administración de las cuestiones estatales.

Es entendible que en estos días posteriores a su muerte prevalezcan opiniones un tanto románticas o sesgadas sobre su gobierno. Pero creo advertir que, en el fondo, son muy pocos los ciudadanos que ignoran los errores cometidos por Alfonsín cuando le tocó conducir los destinos del país. Sin embargo, la multitud que lo homenajeó rescató en él menos sus realizaciones que la índole de sus sueños, exponentes de valores coherentes y nobles, de convicciones regidas por inclaudicables patrones éticos: desde la arriesgada militancia por los derechos humanos en épocas lóbregas, pasando por la férrea oposición al delirio de Malvinas, la promoción de la paz e integración regional y hasta el Juicio a las Juntas Militares, el Núremberg argentino. Pero Alfonsín no ha sido tan sólo el artífice de la transición, sino que se ha elevado como sinónimo de ejemplaridad en lo referente a diálogo político y decencia (tajante separación entre lo público y lo privado), y la mejor prueba de ello es que muchos de sus adversarios lo consideraban un amigo, y que fue el único ex presidente de la democracia recuperada al que jamás se le inició una causa judicial por tráfico de influencias o enriquecimiento ilícito.

Absolutamente nada de lo que hizo Alfonsín desde que se convirtió en un referente de indudable peso en la política nacional puede ser explicado sin atenerse al cimiento cardinal que guió su doctrina: la defensa de un determinado sistema de vida, la democracia, y con ella, el respeto por los derechos humanos. Junto a la mayoría de los argentinos, llevó a cabo la ciclópea labor de reinstaurar el Estado de Derecho en un país (entonces y hoy) signado por el quebrantamiento de las normas. Es indiscutible que esa tarea aún no ha sido exitosamente concluida, que la democracia todavía tiene muchas (demasiadas) cuentas pendientes. Por eso, la saludable y cívica actitud contemplada durante los días pasados, debe servir para tomar lo mejor de la rica herencia de Alfonsín, con el norte de seguir recorriendo el camino que resta.

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9 respuestas a Alfonsín, antítesis de las carencias argentinas actuales

  1. A. Pacheco dijo:

    Muy buena la columna. Yo me afilié al radicalismo cuando se lanzó la candidatura de Alfonsín. Después de Semana Santa juré no volver a votar más al partido (y por no votar jamás al peronismo mi abanico partidario, es evidente, se redujo drásticamente). Hoy, mirando a la distancia, reduzco mi soberbia, y siento que Raúl Alfonsín hizo lo que pudo, por lo que merece toda mi consideración, estima y respeto. De todos modos, tengo que decir que ojalá no utilicen su muerte para especular políticamente (¿oyeron, Cobos, Carrió, Stolbizer y los muertos vivos de la Coordinadora?).

  2. Facu dijo:

    A mí una de las cosas que me parecieron más interesantes del gobierno de Alfonsín -estudiándolo después porque en ese momento era un bebé de pecho, es el tema del traslado de la capital a Viedma. Quizás no era el momento adecuado para poner semejante plan en marcha, pero fue una gran idea de su parte. Todo se controla desde Buenos Aires. Argentina es Buenos Aires, y mientras el poder siga en Buenos Aires las cosas no van a mejorar demasiado. Muchos países con los mismos años de historia que el nuestro y de extensiones inmensas como acá mudaron o crearon sus capitales en otras Viedmas, y que no son puertos: EEUU, Brasil, Australia.

  3. avellanal dijo:

    Imagino que no debería sorprender a nadie que ciertos dirigentes acostumbrados a perder elecciones crónicamente ahora se quieran apropiar del prestigio póstumo de Alfonsín.

    Y completamente de acuerdo con lo que apuntás, paisano Facundo.

  4. Germán dijo:

    Claudio excelente el artículo, espero te haya llegado el mail.

    Lo único que quiero puntualizar es el tema del Nüremberg argentino, pues en aquella ciudad los paises vencedores juzgaron a los vencidos, tal como se hizo en Tokio. Acá se juzgó con el codigo penal, creo que no hay antecedentes en el mundo, ni cuando bajaron del poder a los coroneles griegos. Fijate Claudio ya que estás en el tema, es decir estudiás derecho, si estoy en lo correcto. Puede fallar, viste? xD

    Fuí al congreso, pero a las 2 horas empecé a ver el “regreso de los muerto vivos” tratando de colgarse de las bolas del Viejo, así que me piré a casa.

    En cuanto a Viedma, como lo insultaron, como se le rieron en la cara, como …………

    Tal vez tendríamos un país federal en serio, pues lo primero que hace un político (la gran mayoría) de alguna provincia que llega a Buenos Aires es comprarse el piso en Recoleta o Barrio Norte y el bulín para la amante.

    Bueno ya me fuí por las ramas y si sigo escribiendo te lleno el espacio, je

    Lo último, a Don Raul lo conocí personalmente varias veces, lo único que puedo decir es que a pesar de sus aciertos y muchos errores, era realmente un buen tipo. No poca cosa en estos tiempos.

  5. Ignacio dijo:

    Hace unos días, con motivo de toda esta vigencia póstuma de Alfonsín, leí no me acuerdo a quién decir que si Alfonsín hubiese gobernado Estados Unidos y no Argentina, su presidencia prácticamente no sería recordada, o probablemente sería recordada como una más. Pero bueno, que un Presidente de la Nación viviera en un departamento modesto y bastante caído, obviamente sorprende mucho en un país como éste en que todos los presidentes se han enriquecido de forma escandalosa. Aunque tampoco hay que confundirnos, porque eso solo no lo convierte en un buen político, con la honestidad no alcanza.

  6. Me gustó lo que escribiste, sos un romántico.
    Y digo esto porque si fueras un realista te hubieras explayado un poco en el oportunismo y el fino arte argentino de hacer leña del arbol caído que estuvo en todo su esplendor en estas fechas, con el insoportable de Cobos a la cabeza.

    Alfonsín no tiene herederos.

    saludos

  7. avellanal dijo:

    Gracias por lo de romántico. Igual, creo que estoy lejos de serlo. ;)

    Lo triste del caso es que ya pasaron unas semanas, y como era de esperar, casi toda la clase política ya se ha olvidado de los valores que la ciudadanía rescató en Alfonsín.

    Y sí, yo también coincido completamente con tu apreciación sobre Cobos.

  8. youth dijo:

    Debo ser sincero, no conozco las políticas económicas y sociales con las cuales Alfonsín dirigió al país, pero sí fue obvia la “transa” con los militares. Además, según artículos leídos, antes de comenzar la guerra en Malvinas, el ex líder del radicalismo estaba plenamente a favor.
    Reprimir a disidentes políticos también lo hizo. Es verdad, pareciera ser que su situación económica no se disparó luego de ser presidente. Es algo positivo, pero también debería ser lo normal.
    Coincido con Ignacio: Con la (aparente) honestidad (de él, no sé de sus ministros) no alcanza. Por otra parte, una vez más, la muerte consigue elevar en demasía a las personas.

    Pd: Gracias por el coment realizado!

    Saludos!

  9. avellanal dijo:

    Sí, resulta que en este país estamos tan acostumbrados a los gobernantes corruptos, que terminamos resaltando de forma desmesurada lo que, en definitiva, debería ser normal.

    Gracias por tu comentario.

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