Humano, demasiado humano

Sin embargo, por la delgada ranura que quedó –otro humano, creo, me arrancó la oreja izquierda de un mordiscón– todavía escucho con claridad los sonidos, e incluso los murmullos del mundo. También puedo ver nítidamente todas las cosas, merced a un prodigio de la ciencia médica: aunque no lo parezca, esa protuberancia azulina que se ubica a la izquierda de mi boca, es un ojo. Si no fuera por el progreso descomunal propio del tiempo en que nos toca vivir, desde el incendio y debido a los óxidos, mi destino hubiese sido el de la sempiterna cerrazón. Tuve la fortuna de perder solamente un ojo; luego de dieciséis interminables intervenciones los oftalmólogos consiguieron salvarme el otro. Pese a que no tiene párpados y lagrimea cada dos por tres, no me quejo: me permite capturar las formas y los colores.

Poseo un olfato muy desarrollado, y es la nariz el órgano por donde se manifiestan mis máximos deleites y aflicciones. Me pregunto: ¿es correcto llamar nariz a esta pieza membrosa y enorme que baja creciendo hasta mi cuello de toro, a ese bulto grisáceo con costras blancas que reconoce todos los olores, aun los más sutiles? No se trata de la nuez de Adán ensanchada por la acromegalia. No, es mi nariz, ni bella ni útil, dado que su sensibilidad disparatada la convierte en fuente de una inenarrable tortura toda vez que materias fétidas se deslizan por las cañerías que traspasan mi hogar. No obstante los infortunios que me genera, yo la venero y a menudo especulo con que es el aposento de mi alma.

Carezco de piernas y brazos, quizá a causa de algún medicamento que ingirió mi madre para tener un embarazo benigno, quizá a causa de un accidente de trabajo. No recuerdo. De todos modos, mis cuatro muñones han cicatrizado a la perfección, de forma que puedo trasladarme por tierra casi sin ningún inconveniente. Ninguno de mis enemigos, de momento, ha logrado alcanzarme en sus muchas persecuciones.

Tal vez de ninguna otra parte de mi cuerpo esté tan orgulloso como de mi boca. La tengo así, no porque aúlle cotidianamente de desesperación, sino para exhibir sin esfuerzo mis intimidantes, blancos y carniceros dientes. Tan sólo me faltan dos o tres, pero todos los demás me sirven para incrustarse en gargantas de pajarillos o nalgas de polluelos. Es sabido por todos que comer carne es una prerrogativa de los dioses.

Por lo demás, mi sexo permanece intacto. Puedo hacer el amor a condición de que el mozalbete o la hembra que oficia de partenaire me permita acomodarme de tal modo que mis forúnculos no rocen con su humanidad; cada vez que explotan padezco terribles dolores, y brota de ellos un contaminando pus. La repugnancia que infundo a mis ocasionales amantes se transforma en atracción, e incluso en empalago, una vez que –con ayuda del alcohol o de algún alucinógeno– vencen el asco preliminar –acompañado no pocas veces de un vómito– y aceptan finalmente entreverarse conmigo sobre una cama. Afirmaría que soy voluptuoso. Ciertas mujeres llegan a amarme, pero son los chicos quienes más terminan enviciándose con mis imperfecciones. Como traen a la memoria tantas mitologías y tradiciones, la bestia siempre fue el objeto de fascinación de la bella, aunque más no sea en el fondo de su alma. Es raro, por consiguiente, que en el corazón de un apuesto jovenzuelo no anide algo perverso. Jamás alguno de mis amantes lamentó haberlo sido; conmigo asimilaron que hasta el descenso a la mugre –algo que a todos tienta y que muy pocos osan emprender– puede resultar erógeno.

No soy más desdichado que otra gente, ni es mi intención que me compadezcan. Tener la certeza de que otros han quedado peor, por supuesto, es un enorme bálsamo para mi espíritu. Es posible que Dios exista, pero eso, a estas alturas de la historia, con todo lo que ha sucedido, ¿tiene alguna importancia? Lo único que puedo decir es que he sobrevivido, y pese a las apariencias, formo parte de la raza humana. ¡Obsérvenme bien, reconózcanse!

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12 respuestas a Humano, demasiado humano

  1. avellanal dijo:

    (Reescritura de un precioso texto de Mario Vargas Llosa).

  2. Pues es definitivo, son antirealista.

  3. Muy bueno che, increiblemente visual, pero al ser tan visual quizás hubiera sido aún mejor sin la imagen… mmm… o quizás no, vos dirás, justificarás y me convencerás, jaja.
    Abrazo.

  4. avellanal dijo:

    Petrus Angelorum: ¿antirrealistas? ¿Quiénes?

    Julián María: en realidad, el texto existe gracias a la pintura de Francis Bacon (Cabeza I, 1948), por lo que me pareció un despropósito no incluirla. De hecho, creo que reescribí la semblanza solamente como excusa para publicar en mi blog algo de Bacon.

  5. Suponía que algo así debía ser, por eso puse sabiamente el “justificarás y convencerás” , je.
    De todas maneras pido (como algún tipo de compensación a mi ignorancia) que se considere lo propuesto, y pensar en lo visual del relato, jaja.
    Abrazo.

  6. thermidor dijo:

    Interesante escrito, que duda cabe. De una gran belleza(más si cabe con la explicación referente a la obra de Bacon en los comentarios), que sólo puede ser expresión de una gran riqueza interior.

    Me gusta leer tus experimentos, genio.

  7. claro, hagan quedar mal al que se anima, total…
    jajajaja

  8. avellanal dijo:

    Julián María: ahora que lo releo, coincido con vos en que el relato quedó bastante visual. Como se trata de una trasposición con mínimos toques creativos, habrá que atribuirle esa “visualidad” a Vargas Llosa. De todos modos, esto de escribir tomando como referencia una pintura es un ejercicio la mar de interesante.

    Thermidor: me hacés sonrojar con esos comentarios, zonzo. ;)

  9. Mmm, no es justo, el hecho de que no sepa hacer sonrojar como lo hace Thermidor no quiere decir que no piense igual, jajaja…

  10. avellanal dijo:

    Sucede que Thermidor es en exceso generoso con quien mantiene éste blog. Es tan bondadoso que, no gustándole Vargas Llosa, me elogia a mí.

    Veremos si próximamente puedo escribir otro texto del estilo de éste.

  11. kleefeld dijo:

    ¿Se ha acercado ya, señor avellanal, al señor Proust? El párrafo dedicado al sexo me ha recordado a él.

    Al contrario que mis compañeros Julián y Thermidor, no puedo decir que el texto sea “de una gran belleza”, del mismo modo que el cuadro de Bacon no será nunca bello. Certero, sí. Brutal, también. E incluso humano, demasiado humano. Pero nunca bello.

    Me ha emocionado.

  12. avellanal dijo:

    Lamento desilusionarlo, estimadísimo, pero “Por la parte de Swann” sigue esperando su turno, con estoicismo, en los anaqueles. Aquí, a la derecha, voy enumerando mis lecturas del año (que, por cierto, de momento y tristemente, son bastantes pobres en número). Sin embargo, no será Proust (y desde ya, gracias por el inmerecido y descomunal elogio), pero quien lo escribió cree notar, al menos en su elaboración, el influjo de algunos textos -ciertamente más consistentes y lúcidos- leídos en el blog de cierto admirador del señor Francis Bacon.

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