¿Restricciones a la exportación indiscriminada de futbolistas?

Resulta inverosímil que en el fútbol argentino hasta los clubes más grandes y populares sean, salvo pocas excepciones, deficitarios, o peor aún, se hallen colindantes con la quiebra. (En los últimos diez años los clubes argentinos vendieron al exterior 397 jugadores aproximadamente por un valor total de 1.067 millones de dólares). Cuando analizamos los números rojos que arrojan los balances de ciertas instituciones que militan en la primera división, cuando comprobamos que ni siquiera pueden hacerle frente a los sueldos de los futbolistas, surge la certeza de que los dirigentes que se encargan de administrarlas, ya incompetentes, ya corruptos, no tienen una responsabilidad menor en este desbarajuste astronómico. Pero la reciente rescisión unilateral del contrato firmado en la década del noventa entre la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) y una empresa que desde hace tiempo pertenece en la mitad al monopólico Grupo Clarín, ha sacado a la luz el millonario negocio que a TCS (tal es el nombre de la empresa) le suponía televisar los partidos, en comparación a las “migajas” que transfería a los clubes, verdaderos generadores del espectáculo.

Desde hace muchos años a esta parte, la asfixiante situación financiera de los clubes argentinos trae, como consecuencia inmediata, la imperiosa necesidad que éstos tienen de vender sus jugadores al mercado europeo. Se ha llegado a un límite tan obsceno que los dirigentes ahora acostumbran a vender la ficha de impúberes en porcentajes (transfieren sus pulgares izquierdos, su rótulas derechas, y así, hasta no saber a quiénes “pertenecen”), sea directamente a clubes europeos, sea a oportunistas empresarios que andan rondando en los torneos de inferiores, dificultando no pocas veces el natural proceso de maduración del jovencito con condiciones, al que se le acaba incorporando una carga de presión que no siempre es capaz de soportar: el jugador-mercancía.

El éxodo masivo de adolescentes que ni siquiera han jugado un partido en la liga profesional local, si bien puede reputarles extraordinarios dividendos a ávidos intermediarios, representantes y dirigentes, al mismo tiempo supone un empobrecimiento inmenso para la calidad del equipo en cuestión, pero también para el campeonato argentino en su generalidad, conspirando contra las bondades del espectáculo. En su blog del diario “La Nación”, el economista Lucas Llach publicó hace unos días unas propuestas, cuando menos, dignas de análisis. No me parece que la idea de colocar un impuesto –al estilo del que se le aplica a la soja– a la exportación de jugadores sea conveniente, ni mucho menos posible de llevar a la práctica. En primer lugar, porque los derechos de exportación se fijan sobre mercancías, no sobre seres humanos. Luego, si la finalidad es engrosar los ingresos de los clubes, una medida de esta naturaleza tan sólo redundaría en debilitar esos beneficios, por más que se fortalezca el mercado interno.

Estimo, sin embargo, más lúcida y aplicable su otra proposición: ¿qué ocurriría si existiera con los jugadores la misma regulación que ha habido con los terneros, de que sólo pueden ser vendidos a partir de cierta edad? Con una regulación de ventas prohibidas hasta los 23, argumenta Llach, grandes estrellas que desde hace años brillan en las ligas europeas, estarían hoy jugando en el fútbol argentino. Con una estrategia inteligente, ese fútbol de mayor calidad (ese producto primario ahora con valor agregado) podría ser exportado con mayor rentabilidad. Más aún: un Messi o un Agüero quizás ya estarían vendidos desde los 17, pero hasta los 23 tendrían que jugar acá. La afición europea miraría fútbol argentino para ir conociendo a sus futuras estrellas.

Considerando que, en el tumulto mercantilista bajo el que se sume el fútbol actual, los chicos casi cruzan el océano al poco tiempo de salir del vientre materno, quizá fuera más conveniente establecer esa edad límite en los 21 años (es decir, cuando se adquiere la capacidad plena según la legislación argentina). O bien, retrasar la posible transferencia hasta que el futbolista dispute una cierta cantidad de partidos o determinado número de temporadas en su club de origen o en otro de la liga local (así, si debuta en primera división a los 15 años, como Maradona, podría emigrar antes). Además, sería una forma de que los equipos eviten los “robos” de promesas infantiles que se vienen sucediendo últimamente (recuerdo el caso de Erik Lamela, un purrete que tenía 12 años en 2004 cuando el Barcelona quiso birlárselo a River): Cuando un chico decide jugar al fútbol en un club, acepta el sistema existente según el cual “el pase” pertenece al club. En otras palabras: la FIFA sólo le permitirá jugar en el club que sea dueño de ese “pase”. Es una manera de garantizar que el club recupere los beneficios de una inversión que es costosa (recordemos que por cada Ortega hay 10.000 que no llegan a nada). No se viola ninguna libertad contractual si una reglamentación de la AFA limita la venta de “pases” a clubes de otros países. El chico que no quiere entrar a un club en esas condiciones, puede abstenerse de hacerlo. Puede aprender a jugar al fútbol en una escuelita o en la calle.

Lo cierto es que estas iniciativas que formula Llach en su blog son, en rigor, meras especulaciones cargadas de buenas intenciones, y en algunos casos con un buen grado de factibilidad si todos los estamentos del fútbol argentino se pusieran de acuerdo. Empero, y bajando a la tierra por un instante, considero que esa unanimidad encontraría mil y uno escollos –nacionales e internacionales– antes de poder llevar a la praxis la propuesta considerada, pues el dinero es el mandamás que rige los designios del fútbol. Y así nos va…

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6 respuestas a ¿Restricciones a la exportación indiscriminada de futbolistas?

  1. Facu dijo:

    A mí la ecuación me parece simple: clubes devaluados que están obligados a vender a sus estrellas = fútbol devaluado. Y es cierto eso de que cuando se vende un jugador no se perjudica únicamente al club sino al campeonato en general.

  2. Anónimo Kurlat dijo:

    A los dirigentes del fútbol argentino nunca se les va a caer una idea como esta porque de implementarse se les cortaría la manguera de sus negociados. Desconozco si sería la única solución, pero que ayudaría no tengo duda.

  3. GFS dijo:

    La propuesta me pareció muy buena, aunque el autor no sé si lo escribió como una propuesta seria o no. Desde mi óptica debería analizarse seriamente y en el Congreso nacional. Nuestros jugadores de fútbol, aunque suene algo duro, también son un “bien exportable”. Venderíamos el producto terminado (jugador con roce de nivel internacional) en lugar de la materia prima (pibe que promete en mercado futbolístico de 2a).

  4. avellanal dijo:

    Gracias por los comentarios, che. ;)

  5. Bueno por un lado, yendo directamente al tema de la nota, tendría que decir que buenas ideas para una Argentina mejor (por no decir “mundo mejor” que suena a cursilería trillada, je) no faltan, pero si las cosas están como están es porque hay gente a la que conviene que estén así.

    Por otro lado esto me recuerda que todavía tengo que escribir mi nota sobre que Maradona sería un perro hoy :P.

    Al final me pude terminar de grabar, y quedó bastante safable, pero está un formato “m4a” y no lo puedo pasar a mp3 para hacer el “video” :/.

    Abrazo Clau, seguimos en contacto.

  6. avellanal dijo:

    Espero con apasionamiento futbolero tu anunciada teoría sobre por qué Cristiano Ronaldo es mejor jugador que Maradona. Desde el inicio me parece descabellada, pero primero tendré que leer los fundamentos, desde luego.

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