“Cul-de-sac”, de Roman Polanski

Plano inicial: con el fondo de una playa desierta, una cámara estática alcanza a capturar en la lejanía a un coche que avanza lentamente en enigmático zig-zag, a medida que pasan los títulos de crédito. El espectador no logra salir de su desconcierto hasta que el automóvil finalmente se detiene a pocos metros de donde está enclavada la cámara: detrás de ella se erguía la liliputiense figura de Polanski, y detrás del vehículo, uno de los protagonistas del film –matón de poca monta– venía empujándolo, con su compañero en el interior, desangrándose. Así comienza Cul-de-sac, una de las primeras (y mejores) películas del director polaco.

Remarco esta inusual apertura porque de algún modo resume un sello distintivo del cine de Polanski: los planos largos, sostenidos y engañosamente inertes, en los que parecería no suceder nada, pero que sirven para indagar en factores que, a posteriori, serán claves en el desarrollo de sus  largometrajes. Uno de los cineastas que se ha caracterizado en los últimos tiempos por recurrir con insistencia a dicha técnica es Michael Haneke (se lo puede comprobar viendo unos pocos minutos de Caché, o el retrato de la mala conciencia). Y ya que mencioné a Haneke, quizá uno de los directores actuales que mantiene mayor afinidad con el primer Polanski, estimo poco probable que Funny Games no le deba algo más que el tópico del secuestro a Cul-de-sac.

Después del éxito que supuso su anterior película, Repulsión, Polanski decidió que ya era hora de aprovechar un guión que había escrito algunos años antes –junto a Gérard Brach–. Un deteriorado y enigmático castillo elevado sobre un peñasco (Lindisfarne Castle), y la inmensa playa que lo rodea –convirtiendo a la fortaleza en una isla con cada pleamar– configuraron el asfixiante escenario donde de desarrolla toda la historia. Sobre Donald Pleasence, un actor fuera de los cánones, inclasificable y excéntrico (nombre más que familiar, a partir de su aparición en Halloween, por participar en películas de terror de bajo presupuesto), recayó el papel principal: Georges, un ex-empresario retirado tempranamente del mercado, que vive recluido junto a su joven esposa en el inhóspito castillo. El papel de cónyuge (Teresa) le tocó a Françoise Dorléac (la atractiva hermana de Catherine Deneuve, que vio frustrada su incipiente carrera de actriz a los 25 años, cuando encontró la muerte a causa de un accidente de tráfico).

Luego de contemplar la primera escena en que aparece la francesa, flirteando bajo unas dunas con el vecino, comprendemos que algo no funciona del todo bien en ese matrimonio. La debilidad de carácter, los rasgos obsesivos y el apocamiento que presenta el personaje de Pleasence, así como los atributos antagónicos de su mujer, salen todavía más a la luz y se intensifican hasta límites insospechables, a partir de la irrupción de un extraño en el castillo: el jactancioso forajido señalado al comienzo, que junto a su moribundo colega se encuentran en franca huída tras un atraco frustrado, y a la espera de que el jefe de ambos llegue a rescatarlos. Incapaz de oponer mínima resistencia, Georges no sólo permite que el desconocido los secuestre, sino que también soporta, con pusilanimidad, que lo humille una y otra vez delante de su esposa.

Con un adecuado blanco y negro en el que se destaca la fotografía del grandioso Gilbert Taylor, la cámara de Polanski se concentra en decenas de gallinas picoteando y vagando por las periferias del castillo, en los cangrejos dispersos por la arena, en la constante utilización (y rotura) de huevos como elemento gastronómico omnipresente: detalles sin mayor importancia, pero que van confeccionando la atmósfera algo inquietante y enfermiza en la cual los laberintos psicológicos de estos personajes progresivamente mutan en callejones sin salida. Como un Dios que nos sueña y mueve las piezas de la partida de ajedrez, o bien como un titiritero que decide a su antojo los movimientos de sus marionetas, del mismo modo Polanski parece jugar con sus personajes, llevándolos de aquí para allá, en un persistente engranaje de tensiones subrepticias (que van in crescendo), y sometiéndolos a una milimétrica exploración que redunda, para el espectador, en un análisis de los abismos del alma humana (su primer largometraje, Nóz w wodziw, también se encarga de explicitar esos malestares ocultos a partir de una situación cotidiana).

Gracias al esmerado tratamiento de la psiquis de los tres protagonistas, alejándolos de los clichés y tornándolos tan caóticos como imprevisibles, las respectivas actuaciones sobresalen aún más por su espontaneidad. Y, como si fuera poco, en Cul-de-sac brotan esas dosis de humor entre negro y absurdo (especialmente cuando hacen su arribo al castillo cincos visitantes inesperados, entre ellos un niño insufrible y una jovencísima Jacqueline Bisset enfundada en antejos negros) que Polanski incorporaría con mayor despliegue en cintas posteriores.

Estoy tentando de contar el plano final, pero hasta tan lejos no llegaré. Me conformaré con recalcar quizá uno de los más brillantes planos secuencia que el polaco filmó en su carrera: Teresa entrando a nadar en el mar mientras Georges y el matón, reclinados en la playa, mantienen diálogos algo disparatados y llenos de sarcasmo. En definitiva, Cul-de-sac es una inmersión en una triangular pesadilla de corte verosímil, que también sirve para que Polanski ponga en ridículo, a su modo y con despiadada efectividad, a institutos que sirven de sostén a la vida burguesa: el matrimonio, la propiedad, las convenciones y el encumbramiento social.

Cul-de-sac (Reino Unido, 1966).
Director: Roman Polanski.
Intérpretes: Donald Pleasence, Françoise Dorléac, Lionel Stander, Iain Quarrier, Jack MacGowran, Jacqueline Bisset.
Calificación: 7,75.

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9 respuestas a “Cul-de-sac”, de Roman Polanski

  1. kleefeld dijo:

    La tengo pendiente. Mi primer contacto con Polanski, hace años, con “Repulsión” – que estoy convencido de no haber entendido- no fue del todo satisfactorio, y el posterior visionado de “El baile de los vampiros” no ayudó a paliar esa sensación. “El pianista” me gustó, pero me pareció tan lejana a “Repulsión” en todos sus aspectos que ni así pude reconciliarme. Y “Oliver Twist” me dejó indiferente, como a la mayoría de habitantes de la tierra – creo- y “La novena puerta” me pareció una solemne tontería, peor incluso que la novela “El club Dumas”, de Reverte, en la que se basa.

    En fin, que el primer Polanski pinta muy prometedor, y por fortuna queda lejos ya de sus últimas incursiones en el cine.

  2. avellanal dijo:

    Pues yo estimo que a vos te parecerá, cuando menos, interesante, su primer largometraje “El cuchillo en el agua”. Y también éste que reseño, claro está. Luego, tanto “Rosemary’s Baby” como “El quimérico inquilino” son dos de las películas más oscuras y malsanas que yo he tenido ocasión de ver en mi vida. Y de su última etapa, “Bitter Moon” tiene su morbo.

  3. Ibán dijo:

    La tengo en mente como una de las cintas que más me gustó de Polanksi, aunque la mayoría de sus detalles se me han evaporado: había algo en ella, además de malsano, esquivo. Y casi molaba más por notarse que tenía el riesgo que sólo se permite un cineasta novel.

    Me gusta mucho tu comparación con Haneke, nunca lo había percibido así, pero es verdad que la manera de filmar Caché con esos largos planos secuencia tiene mucho que ver con Polanski.
    —-

  4. avellanal dijo:

    Es cierto, Ibán, y esos riesgos iniciales, según mi óptica, fueron menguando a medida que la trayectoria de Polanski se fue consolidando desde el punto de vista comercial. Y sí, la comparación con Haneke me pareció inevitable al revisar esas primeras películas del polaco. Ahora estoy aguardando que se estrene por estas pampas “El lazo blanco” -incluso con muchísimo más entusiasmo que “Avatar, claro está”-.

  5. padawan dijo:

    Tengo una deuda pendiente con Polanski, y es que desde que vi El quimérico inquilino tengo muchas ganas de seguir viendo el resto de sus obras europeas.

  6. Pingback: “Rosemary’s Baby”, de Roman Polanski « Vagabundeo resplandeciente

  7. ¿No crees que los dos gangsters de poca monta del film son un homenaje a “Esperando a Godot”, obra de Samuel Beckett?

  8. avellanal dijo:

    Xavier: no he leído la obra de Beckett (es una deuda pendiente mayúscula), así que no podría contestar esa pregunta.

  9. markos dijo:

    en argentina los filmo un video similar a la pelicula en la parte que la mujer lo viste de mujer y lo maquilla de mujer .la versuit sencillamente

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