Apacibles y desmayadas emanaciones se infiltran en el rock

En el siglo II de nuestra era, Luciano de Samosata –tal como lo refiere Borges en su célebre prólogo de Crónicas marcianas– fue el primer hombre en plasmar por escrito un imaginario viaje a la Luna; hasta el día en que Neil Armstrong imprimió su imperecedera huella en el polvo del Mare Serenitatis, pasaron más de mil ochocientos años. Pero aún mucho antes que Luciano ideara a los selenitas, incluso antes que nuestra especie apareciera sobre la Tierra, radiante y enigmática, la Luna ya estaba allí.

Frank Sinatra supo popularizar “Fly Me to the Moon”, una canción escrita en 1954 por Bart Howard. Pero acercándonos al rock y al tiempo del Apolo XI, es preciso cruzar el Atlántico y situarnos en territorio británico, donde un joven compositor discurría entre un excesivo entusiasmo, ansias de notoriedad, una multitud de ideas, pero ningún éxito comercial hasta la fecha. Los días de anonimato llegaron a su fin para David Bowie cuando una de las tantas canciones que había grabado en una habitación de Chelsea, con el influjo del alunizaje a cuestas, se convirtió en su primer sencillo. Lejos de ser un tema oportunista, “Space Oddity” fue probablemente la señal inaugural del interés de David Robert Jones por el espacio exterior como alegoría del espacio interior. También buscó, desde el mismo título, cierta conexión con 2001: A Space Odyssey, que se había estrenado un año antes. La letra da cuenta del diálogo sostenido entre la base espacial y un astronauta –el Major Tom– que describe cómo se ven las cosas desde el espacio: Planet Earth is blue/and there’s nothing I can do. Sobre el final de esta obra maestra de inquietante belleza, Tom pierde todo contacto con su base y termina condenado a vagar por el infinito para siempre: Here am I floating round my tin can/far above the moon. Con ese intercambio de voces espléndidamente regulado, sumado a una melodía memorable y a un superlativo riff de guitarra acústica, “Space Oddity” se transformó casi sin quererlo en la banda sonora de la hazaña lunar, estando a la altura de semejante hito en la historia de la humanidad; los musicalizadores de la televisión la usaban una y otra vez, y hasta el día de hoy la desventura del Major Tom pervive en la conciencia colectiva como una de las insuperables canciones de un artista descomunal.

En 1992 la banda estadounidense R.E.M. compuso una excelente canción en la que además de homenajear al humorista Andy Kaufman, se hacían eco de la teoría conspirativa que postula la falsedad del alunizaje del 20 de junio de 1969: en síntesis, se trataría nada más que de una ilusión óptica montada por la NASA con el objetivo de aventajar a la URSS en aquellos años de carrera espacial. Michael Stipe y sus muchachos supieron sacarle jugo musical a esas acusaciones de falsificación, que con el tiempo se han convertido en una famosa línea argumental tan controversial como atrayente.

Exquisito grupo de blues-rock con soberbias actuaciones en los festivales de Monterrey, Woodstock e Isla de Wright (símbolos de la contracultura), los Canned Heat escribieron un tema que, como no podía ser de otra manera, se expresaba en contra de la llegada a la Luna. “Poor Moon” era pues el pronóstico del daño que el hombre –con toda probabilidad– la causaría al satélite natural de su plantea, empeñado en destruirlo todo como estaba (como está) en tiempos de Vietnam. Se escuchaba: I wonder when they’re going to destroy your face (…) I hope I see you in the sky/At night when I get old /I hope you’ll look about the same/as when I was a boy.

John Fogerty, sin hacer concreta referencia al acontecimiento que tuvo como protagonistas a Armstrong, Collins y Aldrin, escribió, precisamente en el transcurso de 1969, el que a la postre sería uno de los mayores éxitos de Creedence Clearwater Revival: “Bad Moon Rising” (Sonic Youth tituló con el mismo nombre uno de sus discos). En el mencionado hit la Luna aparece tan sólo como un signo de mal agüero: I see the bad moon rising/I see trouble on the way/I see earthquakes lightnin’/I see bad times today.

Sin embargo, no fue sino Pink Floyd la banda que, promediando los setenta y estableciendo un quiebre estilístico total con respecto a su discografía previa, mejor supo capitalizar la marca todavía latente del arribo lunar, merced a un disco que devino en paradigma cultural: The Dark Side of the Moon definitivamente y para siempre consiguió transbordar a más de una generación a los insondables territorios espaciales, poniendo en el tapete cuestiones tan terrenales como la codicia, el paso del tiempo, la enfermedad y el sentido de pertenencia, pero interrogadas bajo el prisma de ese enigmático lado oscuro que nos está vedado contemplar, aunque conozcamos su existencia. Como corolario, y en tren de agigantar las complejidades insolubles y los misterios que deambulan en esos cuarenta y tres minutos de éxtasis sonoro, una y otra vez vuelve la voz del portero de Abbey Road diciendo: There is no dark side of the moon really. Matter of fact it’s all dark.

En el somero racconto de referencias lunares que ha dado el rock, no podrían quedar afuera: Moonmadness, quizá el mejor álbum que haya grabado Camel, uno de los grupos fundamentales surgidos de la escena progresiva de los setenta; ni tampoco “Moonchild”, preciosísima composición que (¡oh, casualidad!) King Crimson incluyó en su extraordinario disco debut (In the Court of the Crimson King), que salió a la luz en el año lunar de 1969.

La Luna, aseguran los astrólogos, ya estaba suspendida desde mucho antes que apareciera el primer hombre sobre la Tierra. No obstante, Borges nos dice que la luna de las noches no es la misma luna que vio el primer Adán. Y tal vez el disco que veo desde mi ventana surcando la nocturnidad no sea el mismo que pisó Armstrong hace cuarenta años. ¡Pero qué importa todo eso mientras siga estando allí –acaso morando en nuestros sueños– dispuesta a volverse el recurso poético por excelencia, qué importa en tanto continúe preparada para irradiar –con su cotidiana e indescifrable luz– la inspiración necesaria a artistas de ayer, hoy y mañana!

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11 respuestas a Apacibles y desmayadas emanaciones se infiltran en el rock

  1. avellanal dijo:

    1) Lo del título viene a cuento por una hermosa afirmación de Gustavo Adolfo Bécquer: «En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna».

    2) Mucho he de agradecer a Sergio Marchi en la confección de esta revisita a su artículo: “Rock en la superficie lunar”.

  2. padawan dijo:

    Muy buena lista de canciones, Clau! Menudo conjunto de artistas se reunen en ella, es difícil elegir cuál es mi preferida…

  3. thermidor dijo:

    Cuando hablamos sobre esta posibilidad, no se me ocurrió mentar a Canned Heat. Buen apunte:)

    Me ha gustado el artículo, salvo esa mención final a la astrología, jeje

  4. Facu dijo:

    A mí también me pareció una excelente recopilación de información, datos y citas.

  5. avellanal dijo:

    Gracias por el apunte, Thermidor (premio al lector minucioso). La intención fue poner “astrónomos”, pero mi afición por las pseudociencias me jugaron una mala pasada. ;)

  6. tucho dijo:

    Bowie, siempre tan crack. De Space oddity hasta los ochenta no pifió una, se mandó como 10 discos uno mejor que el otro; e incluso con sus derrapes, en los ’80 también clavó varios temazos. ¿Qué será de él? No llega nada de información suya aquí, pareciera que está un poco vago.

    Y del dark side… si estuviste en River cuando vino don Waters en 2007, no hay mucho que decir: ese día sí que fue como llegar a la luna por primera vez! Shockeante, movilizador, único e irrepetible.

    ¿Cómo hacés para escribir cada día mejor?

  7. avellanal dijo:

    Tucho: es cierto, no llega prácticamente ninguna información sobre Bowie. Quién sabe en qué andará. De todos modos, yo no pierdo las esperanzas de que alguna vez venga a dar un recital por estos lares. Y sí, lo de Waters en River fue inolvidable, apoteósico.

    Gracias por el cumplido, che. Ciertamente vos no te quedás atrás. ;)

  8. paulo. dijo:

    hey claudio. solo vengo a recomendarte que bajes el nuevo ep de monoambiente, de la página de mamushka dogs records.

    saludos.

  9. manhattan71 dijo:

    Existe un espléndido homenaje a Bowie y su Space Oddity en la no menos extraordinaria C.R.A.Z.Y., film canadiense. ¿Tuviste oportunidad de verla? Just in case… tengo un enlace al vídeo en mi sitio, en Cine Americano…
    http://mekagoenlaalfombraroja.wikispaces.com

    Me alegra haberme topado con tu sitio, como siempre azarosamente. Un saludo y enhorabuena.

  10. avellanal dijo:

    Manhattan71: sí que tuve la suerte de ver esa extraordinaria película. Y la escena que mencionas es prodigiosa (más todavía para los que somos admiradores de Bowie, claro está).

    Ahora mismo le doy un vistazo a tu sitio. ;)

  11. manhattan71 dijo:

    Recién vi Control, biopic de Ian Curtis, malogrado vocalista de Joy Division. Hay mucho homenaje también ahí a Bowie. Curiosamente, con escena frente al espejo incluida. Muy recomendable. Un saludo.

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